Alfredo Luenzo, de Chubut Somos Todos
“Hay un dogmatismo atravesado por creencias religiosas”
“No podríamos estar hablando tan tranquilamente, honesta y abiertamente, del tema aborto como lo hacemos en este debate hoy en día cuando antes sólo incomodaba la palabra, el lenguaje.”

El senador chubutense Alfredo Luenzo expuso su postura a favor  de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) desde una crítica a lo que definió como “Estado patriarcal”. Planteó sus cuestionamientos a los legisladores que confunden Estado Laico con Estado confesional a la hora de tomar decisiones del ámbito público. Sostiene que la IVE no es una cuestión jurídica pero considera la despenalización que propondría el Gobierno es “un avance” en el marco de la batalla cultural que las mujeres “ganaron en las calles” que indefectiblemente alcanzará una ley por el aborto legal, seguro y gratuito. En charla con PáginaI12, Luenzo explicó como funciona –a partir del fallo de la Corte Suprema en el caso F.A.L.– desde 2012 el protocolo sobre IVE en su provincia:  “Cuando la salud pública es la protagonista, no es la culpa de la Iglesia ni la ley, nosotros podemos bajar la mortalidad materna”.   

–Durante su intervención usted marcó que si el aborto se tratara de una cuestión de hombres no lo estarían tratando porque ya estaría resuelto.

–Es así. Esto pone en blanco sobre negro que no es un tema constitucional, legal, empírico ni de tratados internacionales sino una cuestión que está vinculada a patrones y una cultura patriarcal de la que nos cuesta a los hombres salir. En esto también se involucran las mujeres, que son funcionales a un modelo de una formación propia de un Estado que siempre ha estado muy vinculado a la iglesia católica u otro tipo de creencias. Entonces la batalla es cultural, no de la interpretación de una ley que este caso tiene una vigencia de casi cien años. Esto también me llama la atención, no en cuanto al avance o no del Código Penal, sino de la forma de ver la mujer desde un modelo cultural.      

–Pero esto no se reflejó en la votación.

–Por eso acto seguido hablé del machismo en recuperación, que creo tiene parte de la sociedad en Argentina. De ahí se ha ganado parte importante, se ha ganado en la calle, no en el Senado,  la conciencia de la gran mayoría de los argentinos de que esto tiene que cambiar. Porque que es lo que pasó el miércoles a la noche: el aborto sigue en la clandestinidad y pregunto cuál es el cambio. Ni una ni dos vidas, se van a seguir perdiendo vidas. Y muchas se van a seguir perdiendo en al oscuridad, la clandestinidad, en el susurro de las cavernas. Esto es los que sigue sucediendo en la Argentina. Por eso creo que el debate hay que seguir dándolo en ese terreno.  

–Usted planteó que esto tampoco es un tema jurídico. ¿Que opina del planteo del Gobierno de que el tema se va a tratar cuando se discuta la reforma del Código Penal?

–Si el modelo patriarcal que hoy es mayoría y toma decisiones desde el Estado considera que hay que tratarlo desde el Código Penal, también nos pone a nosotros en cierto resguardo en la discusión de este tema y ahí el asunto va a ser de carácter estrictamente penal. No lo veo mal, es un paso adelante. No es todo lo que buscamos pero es una salida: no criminalizar a la mujer me parece un  paso importantísimo, fundamental. Luego vendrá la otra pelea, de carácter sanitario, educativo, que no sea una hipocresía, una retórica para no discutir el tema de fondo. Sería una buena salida, estética y que no resuelve las cuestiones de fondo. Aunque también es el resultado de esta pelea y la batalla que estamos ganando en la calle, no en los recintos ni los entes estatales. 

–Pero la sola despenalización de la mujer también dejaría el aborto en la clandestinidad del sistema que usted cuestiona.

–Es solo un paso si despenalizamos el aborto. En este caso, la penalización también tiene que ver con la estigmatización y esto hay que trabajar. No podríamos estar hablando tan tranquilamente, honesta y abiertamente del tema aborto como lo hacemos en este debate en la sociedad hoy en día, cuando antes solo incomodaba la palabra, el lenguaje.

–También quedó a la luz en el debate el peso de la creencia religiosa de los legisladores para tomar una decisión en un Estado laico ¿Qué opina?

–Es cierto, también ahí debemos seguir dando pelea. La confusión entre Estado laico y confesional, se le filtró a muchos. (La escritora) Claudia Piñeiro habló del ‘puente’ (durante el debate en el Senado) y los colectivos que están por la legalización del aborto y llegamos al proyecto que estábamos discutiendo, ese puente lo recorrieron en un 70 por ciento. Sin embargo los que estaban del otro lado se quedaron en la orilla. No es que no exista flexibilidad en las miradas que tenemos que tener cuando legislamos: es que se pararon en un dogmatismo atravesado por creencias religiosas. Si nosotros no trazamos un proceso de secularización de la sociedad nos vamos  a seguir deteniendo en ese lugar  y creo que es peligroso que una decisión estrictamente individual sea traspolada a una norma de orden público. 

–Usted también habló desde la experiencia en el rol del Estado. En Chubut existe desde 2012 –a raíz de la decisión de la Corte Suprema en al caso F.A.L. que habilitó un aborto a una chica de 14 años violada en al ámbito familiar– un protocolo sobre la IVE. ¿Como funciona?

–Funciona bien. Cuando la salud pública es la protagonista, no es la culpa de la Iglesia ni la ley, nosotros podemos bajar la mortalidad materna. El año pasado se atendieron 789 casos. No es que haya más abortos, ahora están contabilizados en el ámbito de la salud pública. Me pregunto que hubiera pasado con estos 700 casos en al ámbito de la clandestinidad, seguramente muchas mas mujeres pobres se hubiesen muerto en el camino. Esto nos permite atenderlas, contenerlas, y esa contención a veces hace reflexionar sobre la continuidad del embarazo. Acompañarla pero no condenarla. No hablar de la mujer desde el Código Penal sino como la mujer como un sujeto de derechos. En la sociedad chubutense surgieron los mismos argumentos que ahora: que ‘lo entregue en adopción’, como si la mujer se tratara de una incubadora, un recipiente, de alguien sin derechos.A partir de entonces la sociedad chubutense hizo un aprendizaje fenomenal y avanzamos.

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