TEATRO. Una versión distinta de una de las obras cumbres de William Shakespeare, en La Comedia
Un "Hamlet" que resignifica a la mujer
“En todas las puestas de esta obra vi una mirada prejuiciosa y machista sobre los roles femeninos”, reprocha Patricio Orozco, director de este clásico de la dramaturgia universal.
La fuerza interpretativa se apoya en el oficio de Contreras, Grimau, Benedetto y Ajaka, entre otros.La fuerza interpretativa se apoya en el oficio de Contreras, Grimau, Benedetto y Ajaka, entre otros.La fuerza interpretativa se apoya en el oficio de Contreras, Grimau, Benedetto y Ajaka, entre otros.La fuerza interpretativa se apoya en el oficio de Contreras, Grimau, Benedetto y Ajaka, entre otros.La fuerza interpretativa se apoya en el oficio de Contreras, Grimau, Benedetto y Ajaka, entre otros.
La fuerza interpretativa se apoya en el oficio de Contreras, Grimau, Benedetto y Ajaka, entre otros. 

“Los clásicos son clásicos porque son buenos, no porque son viejos”, dijo a Rosario/12 Patricio Orozco, uno de los especialistas en el vasto territorio dramático de Shakespeare que llega al Teatro Municipal La Comedia, este domingo a las 19.30, con esta nueva versión de Hamlet y al frente de un gran elenco conformado por Alberto Ajaka, Leonor Benedetto, Antonio Grimau, Patricio Contreras, Paloma Contreras, Sebastián Pajoni, Pablo Mariuzzi, Hernán Jimenez, David Masajnik y Sebastián Dartaryete. Orozco fue responsable de la dirección y de la traducción y adaptación de uno de los grandes textos de la dramaturgia universal.

Toda una larga trayectoria avala a este creador y director desde 2011 del reconocido Festival Shakespeare de Buenos Aires (primer festival latinoamericano sobre el dramaturgo inglés) fundador, además, de la Red de Festivales Shakespeare Argentina y diseñador constructor del Teatro Shakespeare, primer teatro isabelino móvil del mundo, con capacidad para 1500 espectadores.

Orozco atribuye la vigencia del autor fallecido en 1616 a la virtud de poder describir el alma humana como nadie, y a su aguda sensibilidad que ha sido tan profunda y poética. “Generación tras generación, no hemos dejado de sentirnos representados en sus textos”, agradeció en charla con este diario.

Hamlet ha acaparado el interés de las culturas más diversas por más de 400 años, ya que ofrece un espejo en el que las generaciones se acercan, tentadas por un alto nivel poético y una trama intrigante, a conocer más sobre su propia condición.

Los responsables de esta propuesta estrenada este año en el porteño Centro Cultural de la Cooperación reflexionan acerca de lo paradójico que implica la última frase en la que Hamlet dice: “El resto es silencio”.

Precisamente, sucede todo lo contrario frente a la prolífica publicación de libros, ensayos, puestas en escenas y en diferentes ramas artísticas que han tomado como disparador una obra que sigue haciendo ruido en todo el mundo.

-- ¿Para todo actor, Hamlet encierra las claves para entender la actuación, aquello de la paradoja del actor?

-- Hamlet, la obra, es un estudio sobre la teatralidad, la representación y sus formas; Hamlet, el personaje, se erige como el primer héroe trágico amante del teatro, conocedor de sus secretos y potencia; este personaje tan vital es capaz de salir de la obra, se transforma en espectador y dramaturgo a la vez -examina Orozco.

-- ¿Cómo lograste la integración grupal de actores provenientes de distintas experiencias?

-- La integración de actores que vienen de distintas vertientes es lo que siempre busco en mis puestas; Shakespeare lo permite y hace que se potencien más las fortalezas y saberes que cada uno fue adquiriendo en su carrera, el trabajo en los ensayos ha sido sumamente enriquecedor.

Hamlet -según esta versión- indaga en la relación entre los individuos, la política y la sociedad; el honor, la justicia y la venganza; la locura, la melancolía, el humor; el pecado y la salvación; la actuación y el teatro; la naturaleza de la existencia, el sexo, la responsabilidad y todas las conexiones que puedan existir entre ellos.

Otro de los temas en los que ahondó el director en esta propuesta fue la resignificación de los roles femeninos, un tema que muy pocas veces se ha abordado y que quizás, conforme con los tiempos que corren, puedan ponerse en discusión para ajustar viejas cuentas con la mirada del autor y el público del teatro isabelino.

“A lo largo de los años, siempre he visto en las puestas de Hamlet una mirada prejuiciosa y machista sobre los roles femeninos; sin duda ese es el sentir del protagonista pero ¿porqué debería teñirse toda la obra con esta mirada?”, se pregunta el director.

Esta versión indaga en la relación de Gertrudis y Claudio, preguntándonos si no es posible que fruto de este prohibido romance no hubiera surgido un hijo: Hamlet.

“Me interesó en particular -dice el director- rescatar al personaje de Gertrudis, siempre estigmatizada y señalada como una mujer inmoral, astuta, fría y calculadora; otras veces como una mera víctima de las circunstancias”.

A lo largo de la obra, en no menos de seis veces -tanto Gertrudis como Claudio- dan a entender que Hamlet pudo ser hijo de este último y no del rey muerto; Gertrudis le dice a su hijo: “Hamlet, has maltratado mucho a tu padre”, comenta Orozco, citando un ejemplo.

A partir de estas líneas, el director se formula varias preguntas-hipótesis: “¿Es posible que Gertrudis siempre haya estado enamorada de Claudio y que Claudio sea el verdadero padre de Hamlet? ¿Gertrudis y Claudio están comenzando a vivir finalmente su amor en plenitud, sin esconderse o sentir culpa?”.

El director vuelve sobre sus conjeturas y sobre un detalle que indaga acerca de un conflicto vital que no debe dejar de ser tenido en cuenta.

“Todo esto puede ser posible, salvo que para que esto suceda, Claudio mata a su hermano y eso es lo que dispara la tragedia”.

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