El enfermo imaginario

Estoy convencido de que, además de esquilmarnos, estos tipos nos quieren enfermar. ¿Paranoico yo? No tengo pruebas, excepto esa lluvia amarilla que cae del cielo, como en las películas donde riegan al enemigo para volverlo zombi. Ah, me olvidaba de que los paranoicos no necesitamos pruebas. La prueba de que nos quieren enfermar es que estoy enfermo de paranoia. ¿Los síntomas?: ganas de romper cosas y de ladrarle a cada Hilux que pasa porque los paranoicos sabemos que está conducida por un cómplice de los que nos quieren enfermar.

¿Paranoico yo? Enfermar al otro fue una estrategia de dominación desde siempre. Por ejemplo focalizando en grupos sociales indeseables el consumo de alcohol y drogas. En la edad media, cuando alguien quería quedarse con la casa del vecino, le untaba el picaporte de la puerta con algo apestado. Para evangelizar a los indígenas americanos, además de espejitos de colores les regalaban mantas contaminadas de viruela. ¿Paranoico yo? Más enfermos, más tierra para nosotros.

Por algo será que el cura te hace jurar “en la salud y en la enfermedad”. Y la gordita de Misery hiere (enferma) al escritor para mantenerlo bajo control, así como en la película “El seductor” un soldado herido (un guapísimo Clint Eastwood) se refugia en una escuela de señoritas, seduce a todas y genera celos y peleas. Cuando quiere salir de allí, las chicas le amputan la pierna para que no raje. Un enfermo más, un amor bajo control más.

¿Por qué nos querrían enfermos? ¿Para dominarnos más fácilmente o de perversos que son? Mi paranoia “sabe” que para estos tipos el estado es el otro, pero enfermo, aturdido, quebrado, incapaz de reaccionar, viviendo con la sensación de que protesta por una cosa mientras otras cien indignidades pasan por la esquina. Un enfermo más, un militante menos. ¿O sólo me siento así yo, Chiabrando, el paranoico?

¿Y qué me dice de esa lluvia amarilla que usted solo ve, Chiabrando? Bueno, es que no moja porque no es de agua sino de propaganda, de mentiras, de discursos berretas. Y ya se sabe que el amarillo es mufa, porque los paranoicos creemos en eso de la mala suerte desde que, según la leyenda, Moliere murió mientras vestía de amarillo, pocos días después de estrenar “El enfermo imaginario”. Ahora el amarillo no se usa en el teatro. ¿Paranoico yo?

Si usted cree que estos tipos nos quieren enfermar, entonces está paranoico como yo. Y además te matan sin culpa alguna. Porque de la enfermedad a la muerte hay un paso. Y no me estoy refiriendo ahora a Maldonado y a Rafael Nahuel, me estoy refiriendo a ese colectivo llamado argentinos. Pero, ¿qué van a hacer con un mundo lleno de enfermos? ¿Mudarse a vivir a la luna? No, a los countries, que es como la luna pero con campos de golf.

Y ya se sabe que mantenernos enfermos es un gran negocio. Las estadísticas dicen que en este país se consumen diez millones de clonazepanes por día. Deme dos, por favor. Decir que es una estrategia política ya es otro baile. Usted me preguntará: ¿dónde se planea, dónde se escribe esta estrategia? Quizá ni se escriba ni se planee, simplemente surge de la cabeza de los sicópatas que nos gobiernan, que son los mismos que se ríen de chicos que duermen en la calle y de los familiares de los marinos perdidos en el mar.

Quizá los amantes de las estadísticas le encuentren una explicación razonable. La mía es más sencilla: nos desean enfermos porque son sicópatas, y para poder reprimirnos sin excusas. Para entenderlo con claridad deberíamos ser sicópatas como ellos. O paranoico como yo. Nos reprimirán y dirán que nos habíamos puestos peligrosos. Además, a los enfermos no se les cree, se los aísla, se los dopa (televisión, mentiras, marketing) hasta que la queja se confunde con la paranoia. ¿Paranoico yo?

O nos quieren enfermar nada más que para demostrarnos que tienen más poder que nosotros. Y para mantenernos enfermos nos alejan de la cultura, de la ciencia, nos sumergen en un mundo hostil, donde el trabajo aliena y a veces mata. A medida que se nos empuja a la enfermedad, nos encarecen los paliativos: viajes, diversiones, etc. ¿Paranoico yo?

Bueno, dejemos de exagerar, por ahí lo mío es verdadera paranoia y este estado de enfermedad colectiva que veo no es más que el resultado de la vida moderna, que se manifiesta en impuestos y servicios impagables, aumentos semanales de combustibles, despidos, negocios que cierran, una vicepresidenta boba, el dólar que baja o sube pero que siempre nos hace perder, aumentos de la comida cada día, un presidente que miente y miente, el país que se inunda, legisladores traidores, una vecina que culpa a los bolivianos, Lilita que habla con Dios, periodistas que facturan delante de tus ojos, un submarino que desaparece, publicidades que mienten, vuelve a aumentar la nafta, el banco que insiste en que pagues lo que debés, menos derechos para discapacitados, maestros, artistas. ¿Todavía no se enfermó? ¿Paranoico yo?

 

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