Miss imperfecciones
La invitaron a formar parte de un supergrupo al estilo Spice Girls cuando apenas tenía 19 años y un simple editado, pero declinó la invitación para seguir su propio camino. Cuatro años más tarde aquel proyecto fracasó, mientras que la británica Nilüfer Yanya acaba de editar Miss Universe, un fascinante debut en el que mezcla rock, soul y rhythm & blues con referencias futuristas a lo Black Mirror, que la convirtió en la nueva niña mimada de la escena de su país.

Cuatro años atrás, a comienzos de 2015, Nilüfer Yanya recién salía de la secundaria y sus presentaciones a voz y guitarra eléctrica en el under londinense apenas comenzaban a llamar la atención cuando Louis Tomlinson, uno de los integrantes de One Direction, se contactó con ella para ofrecerle ser parte de un supergrupo de chicas que apuntaría a conquistar el mundo a la manera de unas nuevas Spice Girls. La propuesta habría sonado como una fantasía hecha realidad para cientos de miles de adolescentes en todo el mundo, pero Nilüfer la rechazó de plano: “Ni siquiera me gustaba One Direction”, cuenta al teléfono desde Colonia, Alemania, en medio de un extenso tour por Europa. Y tras soltar una risita tímida –gesto que repetirá a lo largo de toda la entrevista–, continúa: “Todo era muy sospechoso. Me decían que iba a ser un gran éxito, pero... ¿Cómo podían saber algo así?”. El tiempo le dio la razón: el proyecto del supergrupo naufragó mientras ella siguió a su ritmo, grabando EPs por las suyas hasta que el año pasado fichó con ATO Records, hogar de bandas como King Gizzard & The Lizard Wizard, Hurray for the Riff Raff o Alabama Shakes. Y finalmente en marzo de este año lanzó su primer LP, Miss Universe, un aclamado disco conceptual que deslumbró a todos y la convirtió de pronto, con apenas 23 años, en la nueva niña mimada de la crítica especializada de su país.

No es sencillo seguir la voz de Nilüfer del otro lado de la línea. A diferencia de su tono grave de voz al cantar, su voz baja al teléfono deja ver su costado más reflexivo. A esto se suma el delay en la comunicación y sus silencios durante una misma respuesta, los que llevan a dudar si terminó de decir lo que quería o si estará tomándose su tiempo antes de continuar. A mitad de la charla le preguntamos cómo se lleva con las entrevistas. “Bien, pero creo que no tienen mucho sentido”, responde, amable pero sin vueltas. Y continúa: “Capaz el que la escribe está interesado en escribirla y puede que el que las lea esté un poco interesado también, pero todo parece siempre resumirse en juntar o evitar pedacitos de contenido. Es como que no importa lo que diga, siempre terminan poniendo lo que ya sabían que iban poner, así que después de un tiempo ya no te importa, y ellos lo notan y tampoco les importa. Es gracioso, y siempre termina saliendo la versión que cada uno quería de mí”.

Enigmática y frontal, sensual y despojada, cálida y desafiante a la vez, a la hora de decidirse por una versión de Nilüfer hay mucho para elegir, y buena parte de esa complejidad se remonta a sus raíces. Hija de artistas plásticos, madre parte de Barbados y parte de Irlanda y padre oriundo de Turquía, Nilüfer creció en Londres entre museos y galerías y comenzó dedicarse a la música a los 12 años de edad, cuando su profesor de la secundaria David Okumu, fundador del trío de jazz-funk cósmico The Invisible, se maravilló con su voz y le sugirió que dejara de lado su timidez y empezara a cantar ahí mismo. Tras algunos años al frente de bandas junto a compañeros de escuela, Nilüfer comenzó a escribir sus propios temas, piezas eléctricas de una llamativa originalidad que tomaban tanto de Pixies, The Libertines y The Cure como de Nina Simone y la música tradicional que escuchó en su casa desde niña. A los 18 años grabó su primer simple, “Small Crimes”, inspirada por una bicicleta que le robaron y encontró a los pocos días encadenada a un árbol, y luego de una serie de EPs (y algo ansiosa por el entusiasmo de su nueva discográfica) decidió que era hora de lanzarse a grabar su primer LP.  

Rendidos ante el universo de sus letras y las múltiples referencias al rock, el soul y el rhythm & blues que se combinan en su música, la siempre aceitada maquinaria de la prensa musical británica abrazó al disco de manera unánime. Y aun con inevitables menciones a la despareja sobreproducción que por momentos fuerza algunas composiciones hacia un sonido más rentable, todos se deshicieron en elogios. El NME dijo que es un disco “valiente y brillante”, la revista Q afirmó que refleja “los ecos llenos de alma de una ciudad solitaria” y el sitio Paste lo llamó “un lujo emocional”. Ella, sin embargo, no quedó igual de conforme: “Quizás lo apuré un poco”, murmura. “Ahora siento un poco de envidia por esa gente que trabaja en su debut durante un par de años antes de sacarlo, pero bueno, tampoco quiero detenerme mucho a pensar en eso”. Tanta franqueza mantiene una estrecha coherencia con sus letras y el concepto del disco, llevado por separadores en los que una suerte de Siri (interpretada por ella misma) repite las bondades de WWAY, un programa ficticio de autoayuda cuyas siglas remiten al eslogan “We Worry About You” (“Nos Preocupamos Por Vos”). “Pensaba en la manera en que las publicidades que nos rodean influyen en el modo en que actuamos”, señala. “Ya no se trata solamente de vendernos algo: también pretenden decirnos cómo llevar nuestras vidas, qué pensar y qué sentir”. 

Esa suerte de espiritualidad artificial futurista –interrupciones como publicidades en un streaming sin abono con una línea narrativa que parece salida de la serie Black Mirror– contrasta de manera intencional con las verdades incómodas de las letras, historias que como en una declaración de principios ponen sobre la mesa miedos, imperfecciones, paranoias y amores rotos. ¿Una manera de mandar al carajo a los pregoneros plásticos de la autoayuda? “¡Totalmente!”, se entusiasma. “De hecho mi idea original era que el disco se llamara ‘Give It Up’ (‘Renunciá’). Pero bueno, me dijeron que era demasiado deprimente así que tuve que cambiarlo”, ríe. ¿Y qué planes tiene de aquí en más? “No sé... Para el próximo disco me gustaría escribir más antes de entrar a grabar y tomarme más tiempo antes de terminarlo. Me gustan los discos de rock, así que me gustaría hacer algo por ese lado, pero no de una manera aburrida. Sé que no quiero algo que suene a banda y seguro voy a querer incorporar algunos elementos del pop también. Me gusta esa sensación de juntar mundos diferentes, pero la verdad no sé... Quizás lo que sí me gustaría es...”, hace una pausa, y concluye: “No, no sé. Ya veré”. Y vuelve a soltar una de sus risitas.

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