Sergio Palazzo, secretario general de los bancarios, habla del conflicto con la paritaria y opina sobre el Gobierno
“Vino a consolidar la inequidad y la injusticia”
La Asociación Bancaria, que en 2016 ganó un conflicto por despidos, está en plena pelea para que el Gobierno cumpla con la Justicia y homologue un acuerdo que aumenta el salario por encima del 17 por ciento oficial. Aquí el trasfondo completo.
“El movimiento obrero es la única instancia que puede hacer que el Gobierno modifique políticas”, dice Palazzo.“El movimiento obrero es la única instancia que puede hacer que el Gobierno modifique políticas”, dice Palazzo.“El movimiento obrero es la única instancia que puede hacer que el Gobierno modifique políticas”, dice Palazzo.“El movimiento obrero es la única instancia que puede hacer que el Gobierno modifique políticas”, dice Palazzo.“El movimiento obrero es la única instancia que puede hacer que el Gobierno modifique políticas”, dice Palazzo.
“El movimiento obrero es la única instancia que puede hacer que el Gobierno modifique políticas”, dice Palazzo. 
Imagen: Pablo Piovano

A los 54 años, este hincha de Independiente que lidera el conflicto sindical más agudo de este año junto con el docente está casado y tiene cinco hijos de 31, 20, 12, 10 y 4. El mayor es ordenanza en un banco y toca en una banda de rock. El de 20 estudia Economía en la Universidad Nacional de Cuyo. Hiperactivo, Sergio Palazzo dialogó con PáginaI12 en la tarde del viernes, el mismo día en que las redes sociales mostraban un video en el que un grupo de bancarios le grita “traidor” al ministro de Trabajo Jorge Triaca y le recuerda que el Ministerio firmó un arreglo que ahora no se cumple. 

–El movimiento obrero aparece cada vez más preocupado por la pérdida de empleos formales y también de los puestos informales. ¿Usted también?

–Por supuesto. En la Argentina se profundiza la brecha social y a veces se toma el empleo de los informales como un fenómeno de la Naturaleza. Como si fuera un desprendimiento de los trabajadores formales y no de la economía. 

–Usted habla de que cuando un trabajador formal se queda sin empleo, si antes contrataba a un pintor en negro para pintar su casa no lo hará más. 

–Sí. Pero hay que salir de esa lógica.

–¿Cómo?

–La economía en su conjunto y no cada trabajador formal es la que debe garantizar la ocupación y convertir los empleos informales en formales. Si aceptamos la informalidad como natural estaremos admitiendo niveles de salario inferiores para todos. Y es peor aún cuando el Estado no hace el esfuerzo suficiente para generar empleo y para salir de la pobreza. Escuché un cálculo de Daniel Arroyo, experto en cuestiones de pobreza. Dijo que si uno relaciona el monto anual de programas sociales y la cantidad de pobres, cada uno recibe dos pesos por día. La décima parte de un litro de leche. Este gobierno vino a consolidar la inequidad y la injusticia. Es un gobierno de ricos que funciona, legisla y actúa para que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. 

–¿Cuál sería la alternativa en el terreno financiero, que la Asociación Bancaria conoce desde adentro?

–Que los bancos retomen un rol protagónico en prestar dinero. Habrá que determinar qué proporción se destina al agro y qué porcentaje al crecimiento, a la industria, al crédito hipotecario... Cuánto deben recibir las pymes. Determinar a quién se presta. Reordenar el crédito para que se vuelva productivo. Hasta los bancos públicos obtuvieron ganancias por la bicicleta con las Lebac, o rentabilidad por posiciones en dólares que no se prestan en el mercado.

–¿Por qué es tan grave para la Asociación Bancaria el conflicto con el Ministerio de Trabajo?

–Porque no se cumple con un acuerdo firmado el 23 de noviembre de 2016 con el 80 por ciento de la representación empresaria y la aceptación del ministro Jorge Triaca en persona. Triaca estuvo durante toda la reunión sin cuestionar el contenido. No firmó la Asociación de Bancos de la Argentina, que representa a los bancos internacionales. Después, el ministro reculó en chancletas y decidió no homologar el acuerdo. Además agregó un dictamen en el que manifestó que no estaba vigente. Por eso recurrimos a la Justicia. La Cámara del Trabajo resolvió ordenar el pago de lo acordado. Y en una segunda resolución, que revela una gran valentía de los jueces, ordenó al Poder Ejecutivo no interferir en el cumplimiento del acuerdo. Los funcionarios, casi en desacato, convocaron a las cámaras empresarias para delinear una estrategia común. Más allá de continuar la instancia judicial, la Bancaria decidió iniciar acciones gremiales y por eso durante el jueves y viernes realizó asambleas con interrupciones. El lunes resuelve un paro de 24 horas. 

–¿Decide si lo hace o ya está decidido?

–Hoy, el consenso va hacia el paro. Puede ser en febrero o como parte de un plan de lucha que arranque con un paro. Veremos. 

–El acuerdo de noviembre incluía el pago de bonos. ¿Los bancarios los cobraron?

–Acordamos un bono de 8 a 12 mil pesos en diciembre, que se pagó. Un bono de 7630 en enero. También se pagó. 

–¿El Ministerio de Trabajo se opuso?

–No. Al contrario. En las actas constan las exhortaciones de funcionarios del Ministerio a que quienes no habían pagado lo acordado.

–¿Cuál es la parte del acuerdo cuestionada por la banca extranjera y, ahora, el Ministerio de Trabajo?

–El conflicto es por el acuerdo para incrementar los ingresos en un 4 por ciento más un adelanto que entre suma fija y porcentaje representa el 19,5 por ciento de un sueldo inicial. Debía regir para enero, febrero, marzo y abril. Anualizado, el aumento pasaría a ser un acumulado del 24,2, que lejos está del 17 por ciento de inflación previsto por el Gobierno para este año. 

–Hay un 40 por ciento de brecha entre un 17 y un 24 o 25. 

–Por eso es la presión para que se caiga. Todos buscan una pauta como la que consiguió María Eugenia Vidal al suscribir un acuerdo del 18 por ciento en cuotas.

–Pero ese acuerdo fue firmado el año pasado por la gobernadora con UPCN de la provincia de Buenos Aires y sin ATE ni los docentes. Vuelvo al conflicto bancario. ¿Qué dice el resto de las cámaras patronales de los bancos?

–A excepción de ABA y el Banco Central, manifestaron su voluntad de pagar el acuerdo. Por eso son objeto de presiones. Hablo de bancos como Credicoop, el Banco del Chaco, el de Acción Social de Jujuy, el de Corrientes, Bradesco, el La Pampa y el de Chubut. Pagaron. El de La Pampa incluso sacó un comunicado en el que dice que a pesar de las presiones del jefe de Gabinete Marcos Peña y del vice Mario Quintana el gobierno de la provincia había dado instrucciones de pagar. 

–¿Por qué los extranjeros no quieren pagar?

–ABA tiene una conducta que es siempre evasiva del compromiso social. Es una patronal negrera, explotadora e incumplidora de los acuerdos. En la crisis del 2001 el epicentro fue la banca internacional. Hacían propaganda de la solidez de las casas matrices. Ante el primer problema tiraron la llave y dejaron a los clientes adentro. 

–¿Por qué primero ustedes y después la Justicia dio por homologado de hecho un acuerdo que no había sido homologado?

–La ley 23546 de Convenios Colectivos de Trabajo dice que si dentro de la representación de una de las partes no hay unanimidad, prevalecerá la posición de la mayoría de sus integrantes. El artículo 6 establece que cuando se suscribe un acuerdo en el marco de la paritaria quedará tácitamente homologado a los 30 días. En el acuerdo participaron funcionarios. Incluido Triaca. En cuanto a ABA, no firmaron pero deben aplicar el acuerdo homologado de hecho porque había representación mayoritaria. 

–¿Cuántos trabajadores bancarios hay en la Argentina?

–Somos 106 mil trabajadores. 

–¿Cuántos están afiliados al sindicato?

–Son 74 mil compañeros. 

–Un 70 por ciento. La tasa de afiliación es alta. 

–Sí. Las asambleas son multitudinarias y las medidas se cumplen. 

–El conflicto bancario es paralelo a otros dos, como mínimo. Uno es el gran conflicto docente a nivel nacional y provincial, especialmente en la provincia de Buenos Aires. El otro es el conflicto donde convergen los cierres de fábricas, como Cerámica San Lorenzo, Banghó o la gráfica AGR del Grupo Clarín. ¿Cómo influye cada uno en la movilización dispuesta por la CGT para el 7 de febrero y el paro de la segunda quincena de marzo?

–Las dos cosas, la movilización del 7 y el paro, tienen un origen común en la ruptura de la confianza en la palabra del gobierno y del sector empresario. Es fácil: aumentó la cantidad de despidos y suspensiones después de un compromiso de no despedir ni suspender. No puede funcionar bien una mesa de la producción y el trabajo cuando el gobierno dice que la importación llegó para quedarse. Hay una seria intromisión del gobierno al querer fijar una paritaria como la nuestra casi por decreto. Y crecieron los números de pobreza e inflación. Está bien que la CGT haya decidido confrontar. Es una decisión correcta. 

–¿Debió haberlo hecho antes?

–Tanto desde la Bancaria como desde la Corriente Federal de Trabajadores, que integramos, veníamos reclamando una medida de fuerza. Entre quedarme con la razón de los conceptos y avalar la decisión de la CGT prefiero profundizar en la coincidencia. 

–¿Confrontar para qué?

–Para que Gobierno modifique las políticas que hacen caer el consumo y la actividad económica. Cuando el Presidente dice que paga hasta la inflación en paritarias, se arroga un derecho que no le corresponde. El Presidente condena de ese modo a que, como mínimo, siga siendo pobre el 30 por ciento de pobres, porque muchos compañeros no llegarán a los 12 mil pesos que les permitirían superar la línea de pobreza. Y el que hasta ahora esté por encima y no consiga el aumento correspondiente que compense el arrastre negativo del año pasado pasará a ser pobre. El propio Fondo Monetario Internacional observó que la inflación para 2017 iba a ser del 23 por ciento. Es complicado para un gobierno de derecha que el propio FMI no le crea. Los economistas importantes dicen que los salarios deberían estar 3 puntos por encima de la inflación. Si no, caerá más la actividad económica. El Gobierno hace siempre lo mismo. Empuja y recién cuando ve que alguna medida le trae más costo que beneficio retrocede. A veces hasta parece que le falta seriedad. Parece que toma decisiones mirando el focus group de las últimas seis horas. 

–¿Tiene futuro la protesta de los trabajadores, en cualquiera de sus vertientes, sin algún nivel de articulación política?

–Hoy el movimiento obrero es la única instancia que eficazmente puede hacer que el Gobierno modifique políticas. Los sectores que provenimos del campo popular y creemos que esta política contraviene los intereses del pueblo tenemos la obligación de confluir en algún espacio, sin vedettismo ni egoísmo, para modificar estas políticas. No necesariamente es una alianza electoral. Sin embargo, no hay dudas de que desde el sector político tendrá que haber un candidato para que el voto desencantado no termine en otro 2001.

–¿Muchos bancarios votaron Macri Presidente?

–Sí. Lo digo con dolor porque sosteníamos que estas cosas iban a pasar. Terminaron votando a Macri muchos compañeros cansados de políticas como el impuesto a las ganancias o influidos por los grandes medios hegemónicos que actuaron en contra de los que se iban y a favor del que debía llegar. Respeto la decisión de mis compañeros. Hay mucho desencanto por haber acompañado esa propuesta. El desempleo también puede medirse por 200 mil cuentas sueldo menos, menos tarjetas, más mora, menos créditos... Puede bajar el empleo también en el sector bancario.

–¿Sigue siendo radical? 

–Sí, soy radical. Sostengo los principios del radicalismo y debo tener contradicciones como todo ser humano. Trato de que sean las mínimas. Si van de la mano con mi partido, bien. Si tengo que contravenir decisiones de mi partido, las voy a contravenir una y mil veces. Tengo la función de representar a todos los trabajadores bancarios, que son un variopinto representativo de lo que es la clase media argentina. 

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