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ECONOMíA EN PAGINA/12 WEB
21 NOV 1999








 DESECONOMIAS
 por Julio Nudler


Malas noticias para los liberales argentinos, y sobre todo los ultras, precisamente en el momento en que están esforzándose por marcarle el rumbo a De la Rúa. La noticia que llega de Estados Unidos, que es hacia donde ellos miran permanentemente a riesgo de contraer una tortícolis, informa que la contrarrevolución reaganeana, inspirada en el thatcherismo, es ya cosa del pasado, luego de tres largos lustros de preeminencia. El péndulo de la opinión pública estadounidense vuelve a inclinarse hacia el Estado, no un Estado grande pero sí activista.
La gente se hartó del discurso ultraprivatista y se manifiesta en favor de programas sociales de salud que den igual acceso a todos, y por que haya más fondos presupuestarios para la formación de maestros. Hasta los republicanos se vieron impelidos a respaldar cierta forma de incremento en el salario mínimo, cuya sola existencia era anatema para ellos hasta hace poco. Los analistas discuten si este sentimiento igualitarista, que tiende a contener los excesos de los fanáticos del mercado, es la mera consecuencia de casi un decenio de prosperidad, o un renacer de la tradición liberal (acentuando la i), que no estaba muerta, contra lo que aseguraban los conservadores.
Los argentinos también sienten la fatiga del mercado, pero no sólo porque profundizó la injusticia social (como también ocurrió en Estados Unidos), sino porque además no logró darle viabilidad a la economía. Un claro ejemplo es la reforma previsional, porque para privatizar las jubilaciones se abrió un boquete en la financiación del Estado. Esto condujo a un desequilibrio insostenible, traducido en mayor deuda pública, y sumado a otros desequilibrios, como el desempleo y el déficit externo, ahondado pese al shock de productividad que se prometía con las privatizaciones.
Frente a tanto sinsabor, los abogados del modelo contaban con el sostén del paradigma norteamericano, que ahora se les corrió unos pasos a la izquierda. Conociéndolos, es difícil creer que aceptarán correrse ellos también.