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ECONOMíA EN PAGINA/12 WEB
28 NOV 1999








Por izquierda
 

Por Maximiliano Montenegro

Carlos Silvani fue ratificado esta semana por el presidente electo al frente de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) por un período de �transición� de, por lo menos, seis meses. Sin embargo, entre los dirigentes de la Alianza circula un documento que revela un dato escandaloso de la gestión del único funcionario menemista que sobrevivirá a Menem en el poder. Entre 1996 y 1998, la evasión del impuesto a las Ganancias por parte de las empresas aumentó en 4400 millones de pesos. Así, si Silvani hubiese logrado mantener la paupérrima tasa de cumplimiento del impuesto que encontró al comenzar su gestión, el Estado contaría hoy con esos recursos. Ese monto es casi el 70 por ciento del déficit fiscal que encontró José Luis Machinea en el Presupuesto, y que lo obligará a aplicar un antipático paquete tributario. De otro modo: es una vez y media el gasto del Ministerio de Educación; un vez y media el Presupuesto de Salud; y nueve veces los fondos asignados a programas de empleo en la administración nacional. Paradójicamente, la falta de aptitud de Silvani para cobrar Ganancias contrasta con la declarada intención de la Alianza de concentrar la recaudación en impuestos más progresivos, como sucede en el Primer Mundo. Enterado de las cifras, el flamante jefe de Gabinete, Rodolfo Terragno, calificó la era Silvani de �fracaso�, y prometió �examinar cuidadosamente la continuidad� del funcionario. �La estructura tributaria de la Argentina es regresiva, porque la mayor parte de los ingresos proviene del IVA, que es un impuesto que no distingue entre los que ganan más y los que ganan menos. Tenemos que ir hacia una estructura tributaria asentada en el impuesto a las Ganancias y Bienes Personales, mucho más que en el IVA�, le dijo Terragno a Cash. El futuro jefe de Gabinete es uno de los dirigentes de la Alianza más indignados por el estudio que presenta los últimos números sobre la evasión en la Argentina. Los resultados son lapidarios, porque confirman la poca predisposición de Silvani por mejorar la recaudación de impuestos progresivos, como Ganancias y Bienes Personales, donde la evasión creció en los últimos años y hoy alcanza niveles insólitos. El documento fue realizado por un grupo de técnicos coordinados por el gurú de la City, Miguel Angel Broda, y el hasta hace poco candidato a ocupar la titularidad de la AFIP, el frepasista Arnaldo Bocco, como parte de los trabajos que realiza la Fundación Gobierno y Sociedad, que dirige el consultor. Las principales conclusiones son las siguientes: n Pese a que el IVA sigue siendo por lejos el principal impuesto en la estructura impositiva argentina (reporta más del 50 por ciento de la recaudación), el monto de recursos evadido hoy en Ganancias es superior a lo que no se paga en IVA. n El incumplimiento en Ganancias, que pagan tanto sociedades como personas físicas, es del 51,2 por ciento de la recaudación potencial, es decir, 9354 millones de pesos al año (8612 millones de empresas y 742 millones de personas). En IVA, en cambio, es sólo del 27 por ciento, lo que representa 8100 millones al año. En Bienes Personales, en tanto, la evasión llegaría al 49 por ciento, unos 1500 millones de pesos. n Pero lo más impresionante es el salto en la evasión del impuesto a las Ganancias que deben pagar las empresas. La tasa de incumplimiento pasó del 48 por ciento a fines del �95 a casi el 57 por ciento el año pasado. En otros términos: aquel año, la DGI dejó de percibir de los empresarios 4220 millones de pesos, pero el año pasado perdió 8600 millones. n Una tasa de incumplimiento del 48 por ciento es de por sí una proporción ridícula: significa que por cada peso que el contribuyente aporta al fisco se guarda otro peso que también debería ir a parar al Estado. En los países centrales, esta magnitud no supera el 15 o 20 por ciento. * Pero si, al menos, Silvani hubiese logrado el poco ambicioso objetivo de mantener ese elevadísimo porcentaje de incumplimiento, entonces hoy el Estado estaría cobrando de las empresas 4393 millones de pesos más. Si hubiese mejorado mínimamente el panorama, bajando los índices de incumplimiento al nivel de los dos años previos a su administración, entonces el gobierno contaría hoy con recaudación adicional por más de 5 mil millones de pesos. Los 4400 millones de pesos que el ex funcionario del Fondo Monetario Internacional dejó que se escaparan de la caja del Estado hubieran modificado sustancialmente la discusión actual sobre el estado crítico de las cuentas públicas y el ajuste que reclama el establishment financiero y el propio FMI. Para tener una idea de cuánto, Machinea dice que sobre el Presupuesto que se debate en el Congreso todavía hay un agujero de 2000 millones de pesos para alcanzar la meta de déficit de 4500 millones que fija la Ley de Convertibilidad Fiscal y el acuerdo con el Fondo para el año próximo. El futuro ministro de Economía piensa cubrir el bache dándole un último tijeretazo al gasto público, pero, fundamentalmente, con un paquete tributario que afectará especialmente a la clase media y baja. Con esos recursos no sólo se podría haber evitado un nuevo apretón fiscal. Además, Graciela Fernández Meijide en Acción Social, Juan José Llach en Educación o Héctor Lombardo en Salud hubieran contado con fondos suficientes como para producir una verdadera revolución en cada una de esas áreas, extendiendo notablemente la red de protección a los más carenciados y atenuando la creciente desigualdad social (ver cuadro). Machinea dijo que �no� cuando le preguntaron si Silvani debía continuar. Y el Frepaso defendió hasta último momento la candidatura de Arnaldo Bocco, quien, a su vez, consiguió el apoyo de un alto funcionario del FMI para que lo secundara en el puesto (Patricio Castro). Por qué De la Rúa confirmó a Silvani en la conducción de la AFIP alentó en los últimos días toda clase de especulaciones (ver aparte), que incluyen oscuras negociaciones con el menemismo

 

Cara y la peor

El documento que manejan en la Alianza destaca también el altísimo costo de funcionamiento de la AFIP en relación a lo que recauda. La Administración Federal de Ingresos Públicos cuenta con un presupuesto de mil millones de pesos al año. El 85 por ciento de dichos fondos se destina al pago de sueldos a una planta estable de 22 mil empleados, mientras que el remanente financia gastos corrientes. En base a datos del �98, resulta que la AFIP gasta 1 peso por cada 51 pesos que recauda. Obviamente, ese peso es pagado por los propios contribuyentes. Este precio por cobrar impuestos es uno de los más altos del mundo, y representa dos veces el costo que asumen las direcciones impositivas en países latinoamericanos tales como Chile y Brasil: allí, por cada peso que se gasta en administración impositiva el fisco colecta 102 pesos.

 

¿Acuerdo político?

José Luis Machinea tenía su propio candidato para la AFIP y, aseguran sus allegados, �bajo ningún punto de vista era Silvani�. Tampoco lo quería el Frepaso, que le disparó con munición gruesa hasta último momento. Sin embargo, Silvani logró el aval de Fernando de la Rúa para continuar, por lo menos, seis meses más. Para ello contó con un voto de oro: el del economista Fernando de Santibañes, hombre de máxima confianza de De la Rúa y titular del flamante Consejo de Asesores empresarios que monitoreará a toda la administración pública. Pero la confirmación de Silvani en su puesto tenía otro promotor todavía más entusiasta: el presidente Carlos Menem, quien �incluso� llegó a reconocerlo públicamente. Semejante aval alentó en los últimos días toda clase de especulaciones. La más grave apuntaba a un acuerdo político entre De la Rúa y Menem, que concediera impunidad a este último. Como es sabido, en la AFIP están atesoradas las declaraciones juradas de impuestos de los últimos años del presidente saliente, las cuales suscitan sobradas dudas. En especial, porque las declaraciones de bienes e ingresos realizadas por Menem en la Oficina Nacional de Etica Pública fueron calificadas en su momento, por lo menos, de sospechosas. Para tal acuerdo se menciona la participación del actual titular de la SIDE, Hugo Anzorreguy y de Enrique �Coti� Nosiglia, por parte de la Alianza. Anzorreguy está vinculado, a través del estudio jurídico familiar, a Ricardo Cossio, ex titular de la DGI y quien mantiene hombres de su confianza en los principales cargos de la estructura de �La Casa�, como se conoce en la jerga al ente recaudador. Nosiglia, vecino de country de Santibañes, a su vez, es el operador político de De la Rúa que más predica la necesidad de conciliar con el menemismo para lograr acuerdos fundamentales en las negociaciones por el Presupuesto con legisladores y gobernadores. Más allá de las especulaciones, ahora, Silvani apuesta a que, pasado el período de transición, su nombre suene fuerte para ocupar la titularidad de una AFIP autárquica, y con estabilidad de cargos asegurada por ley, durante seis años más.

 

Impuestos y desigualdad
Ahora que las elecciones pasaron, a nadie parece interesarle demasiado. Pero la creciente desigualdad en la distribución del ingreso es una de las herencias más terribles que dejará el menemismo. El documento del Banco Mundial que publicó días atrás Página/12, junto con otras tantas investigaciones, muchas de ellas realizadas por economistas de la Alianza, demuestra que el empeoramiento en la distribución es una de las causas fundamentales del aumento de la pobreza en los últimos cuatro años. Esta es una conclusión trascendente. Hasta ahora, una buena parte de los economistas sostenía que, mientras el producto creciera, no había motivos para preocuparse por cómo se distribuía. Roque Fernández fue uno de los que más defendió dicha tesis, cada vez que este diario difundió datos del INdEC que mostraban una imparable concentración de la riqueza. �Que los ricos sean cada vez más ricos no es algo que deba importar, mientras la torta crezca y todos puedan comer un poco más�, fue el argumento. Sin embargo, las cifras muestran que cuando la torta se achica los ricos siguen comiendo más a costa de la clase media y los pobres, mientras que cuando se agranda, los de abajo apenas se quedan con las migas de lo que engullen los de arriba. Uno de los instrumentos redistributivos clásicos con que cuenta toda sociedad es la política fiscal, es decir, el gasto público y los impuestos que recauda el Estado. Hay quienes prefieren redistribuir sólo mediante el gasto (en general, los liberales), y quienes dicen que también puede hacerse mediante una fórmula combinada, cobrando impuesto a los que más tienen. Se dice que la estructura impositiva argentina es regresiva, porque se basa en el IVA, que es un impuesto que pagan por igual un ejecutivo de una multinacional y un obrero de la construcción cuando hacen sus compras. La Alianza dice que quiere cambiar esta situación, tendiendo hacia un esquema que priorice Ganancias o Bienes Personales, que son impuestos que se pagan de acuerdo con los ingresos o el patrimonio del contribuyente. Sin embargo, semejante meta suena a utopía si la evasión en los impuestos progresivos que existen actualmente sigue aumentando. Como ocurrió durante la gestión de Silvani.