El acto por los 25 años del atentado por la AMIA tuvo un lema poderoso, el de marcar 25 años de impunidad, y un centro muy claro, el de apoyar el alineamiento del gobierno con la política internacional de Estados Unidos, Israel y sus aliados más cercanos. De yapa y en la voz del presidente de la entidad judía argentina Ariel Eichbaum, Mauricio Macri recibió un fuerte apoyo a la versión de que el fiscal Alberto Nisman fue asesinado. No sólo eso, resaltó Eichbaum, fue asesinado por ser el fiscal de la AMIA. Lo que faltó por completo fue alguna palabra sobre el encubrimiento en tiempos de Carlos Menem, del rol del juez de la época y sus fiscales, o del entonces presidente de la DAIA, Rubén Beraja. Es como si los problemas con la causa del atentado que dejó 85 muertos hubieran empezado con el memorando de entendimiento con Irán.

Con 24 ceremonias de conmemoración, el acto en la calle Pasteur ya desarrolló tradiciones estables. A las 9.53 suena una sirena, esta vez acompañada por las de patrulleros, autobombas y ambulancias en toda la ciudad, y se lee el nombre y la edad de las víctimas. Cientos de personas contestaron presente a cada nombre, algunos con un rictus personal de haber conocido a ese nombre, otros bajando los ojos al escuchar que una víctima tenía 19 años al morir destrozada. Hay caras que se reconocen, más canosas, sosteniendo fotos de hijos o personas queridas congeladas en una eterna juventud. Hay una mujer rezando en silencio, un hombre que dice “presente” casi gritando, mientras abraza a una mujer que apenas puede susurrar.

Todo esto ocurre bajo la mirada algo incómoda de dos personajes que son una novedad: por primera vez, en medio del público hay un Humvee verde oliva, blindado, exacto los que se ven en Irak o Afganistán, con las portezuelas del techo abierto y dos hombres de uniforme negro, vestidos como una película de guerra. Tienen el casco a la alemana que ahora usan los norteamericanos, lleno de cables y accesorios. Tienen un chaleco antibalas lleno de bolsillos y accesorios, guantes, anteojos oscuros, pasamontañas que les tapan las caras. Uno tiene una M4 colgada del hombro, también complicada de accesorios para francotiradores. El otro tiene una mano arriba de su arma, un fusil automático pesado negro y flamante, montado en un bípode y apuntado a la multitud. Hay que acercarse al Humvee para ver que no son los marines, es la Policía Federal disfrazada.

El acto es tibio, apenas un aplauso para cuando se pone una rosa y una vela también para Nisman, ahora agregado a las víctimas del atentado. Un video muy bien producido de pibes que nacieron el 18 de julio de 1994 es recibido en silencio. Eichbaum trata de despertar pasiones preguntándose cómo puede ser que a un cuarto de siglo del atentado no haya ni un responsable preso. Como no explica por qué puede ser eso, la afirmación es recibida en silencio. Luego afirma que es falso que no se sepa nada sobre el atentado, porque se sabe que fue Hezbollah, organización que según la DAIA tiene redes por todo el continente para reunir fondos y financiar el terrorismo. Por eso, explica Eichbaum, está muy bien que se cree un registro local de grupos terroristas y se ponga a Hezbollah en la lista. El primer aplauso de la mañana es tibio.

La siguiente crítica es justa, pero no es aplaudida. Eichbaum se pregunta cómo puede ser que le tome diez años a la Justicia para volver a juzgar a Alberto Telleldín, al que da por culpable de haber provisto la van que se usó como autobomba en el atentado y de saber para qué la iban a usar. Ante el silencio, el líder comunitario pasa a un número más seguro, Nisman, al que “recordamos porque su tarea en la causa le costó la vida”. El fiscal, dice Eichbaum, “fue asesinado por ser fiscal de la causa AMIA”, y así se gana su segundo aplauso, algo más energético.

 

Como entusiasmado, menciona el memorando de entendimiento con Irán, “al que nos opusimos desde el primer día” porque iba a llevar la investigación “a un laberinto”. Es entonces en que hay un momento casi freudiano, ese en que una figura pública niega sin que le pregunten estar haciendo exactamente lo que está haciendo. Es cuando Eichbaum dice “nunca usamos la causa Amia para ningún interés político”…