Unos años atrás, el Bafici programó en la Competencia Latinoamericana el documental Un secreto en la caja, en el que el realizador Javier Izquierdo narraba la vida y obra de un escritor oculto del boom de la literatura latinoamericana de fines de los ’60 llamado Marcelo Chiriboga. Pero este hombre en realidad nunca existió, sino que se trató de un personaje ficticio creado por José Donoso y Carlos Fuentes para representar a Ecuador dentro del movimiento que catapultó a la fama a Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Recién sobre el final del metraje se evidenciaba el carácter apócrifo de Chiriboga: Un secreto en la caja, entonces, como una larga tomada de pelo a la Historia, pero también como la evidencia de las dificultades de la cultura ecuatoriana para trascender los límites de su país. Con la idea de revertir esta última situación es que hace unos años nació el Festival Cordillera, que entre este miércoles 4 y el domingo 8 en el Centro Cultural San Martín llevará adelante su tercera edición trayendo a la Ciudad de Buenos Aires un conjunto de películas recientes de Ecuador y la Argentina. Siempre con entrada libre y gratuita, la muestra llegará a Bahía Blanca, Jujuy, Mendoza y Posadas entre el 21 y el 28 de septiembre.

“No es que falten referentes, porque tenemos muchos artistas que producen cosas muy buenas. El problema es cómo nos mostramos al mundo”, dice ante Página/12 Mónica Rodríguez. Fue durante un viaje por Sudamérica que notó que “muchas personas no podían dar una referencia de la cultura ecuatoriana”. La hoy directora general y productora del evento explica: “No contamos con mercados culturales desarrollados, más allá de que hay festivales importantes que cumplen el rol de integrar, gestionar y visibilizar. Cordillera es un llamado de atención sobre nuestra necesidad de crecer y generar plataformas. Poco a poco vamos avanzando ante las demandas que la industria nos plantea. Hoy hemos logrado salir de la sombra porque hay un montón de producciones audiovisuales que funcionan bien afuera. El cine ecuatoriano contemporáneo está crecimiento con producciones técnica y narrativamente muy bien hechas, pero necesitamos aliarnos para construir caminos de distribución”.

Una de esas producciones consagradas en el exterior es La muerte del maestro, que integra la Competencia de Largos Ecuatorianos y se verá en la apertura de este miércoles a las 19 en el San Martín, epicentro de las exhibiciones porteñas. Estrenada en el Festival de Rotterdam del año pasado y con buena circulación por los festivales más importantes de Europa, la película de José María Avilés (coproducida con fondos argentinos) aborda las vivencias de un docente dedicado a ordenar su jardín que no percibe el terremoto que poco antes sacudió la zona costera del país. Un terremoto que luego se manifestará a través de cambios en los comportamientos de la naturaleza. 

El segundo de los tres títulos de ficción en esta competencia es Azules turquesas, de Mónica Mancero, que sigue a una chica durante el intento de recuperarse de sus adicciones en un centro de rehabilitación. Alrededor del mundo de las drogas gira Ecuatorian Shetta, de Daniel Varela, en este caso a través de un dealer de marihuana que, ante la ausencia de materia prima para vender, recurre a dos ancianos que le ofrecen una nueva variedad, todo en vísperas de la llegada de su hija.

Azules turquesas, de Mónica Mancero.


La abundancia de documentales no es patrimonio únicamente de la Argentina. Así lo afirma Rodríguez, quien señala que la cantidad de producciones ecuatorianas afirmadas en lo real viene creciendo exponencialmente en los últimos años, en parte porque requieren menos dinero que una ficción, pero también por la voluntad de los realizadores jóvenes de alumbrar a través del cine distintos temas alejados de las agendas mediáticas masivas. En el Cordillera de este año se verán tres documentales. Uno de ellos se llama Las mujeres deciden, está dirigido por Xiana Yago y tiene un vínculo directo con la coyuntura argentina, en tanto sigue a una médica española que durante una investigación sobre embarazo adolescente en un hospital de la Amazonía ecuatoriana descubre que, a pesar de que el aborto es ilegal en ese país, muchas mujeres lo realizan clandestinamente bajo condiciones insalubres.

Las mujeres deciden, de Xiana Yago.

El segundo, Ukamau y Ké, se centra en la figura del boliviano Abraham Bojórquez, quien desarrolló el llamado hip hop en lengua aymara antes de morir violentamente en la cúspide de su carrera musical, el mismo día en que terminaba de grabar de su segundo disco. Años después, su amigo, el rapero y director Andrés Ramírez, regresó a Bolivia para develar las razones de su muerte e indagar en su historia a través de archivos y testimonios. La sección se completa con Torero, de Nora Salgado, cuyo eje está en las vivencias de un torero que ha vivido la gloria y ahora se encuentra en el final de su carrera artística.

La programación incluye una muestra paralela, charlas, talleres y otras tres competencias. La de largos argentinos tiene cuatro películas. En Los relocalizados, el director Darío Arcella indaga el destino de varios ocupantes del Albergue Warnes a más de 25 años de su relocalización, mientras que la ópera prima de Leandro Dios, Gonzalo Scapuzzi y Gastón Volpi, Rómulo, muestra el día a día de un hombre y su novio en la pieza de una terraza donde viven “una aventura marital, artística, porno y espiritual”, según la sinopsis oficial. Por su parte, Sonido mestizo, de Pablo Mensi, propone un viaje por distintas regiones de Ecuador que tiene como objetivo detectar los ritmos musicales emergentes creados por artistas jóvenes. El último título del apartado local es Infierno grande, de Alberto Romero, un thriller distópico protagonizado por una mujer que, huyendo de su marido golpeador, inicia un largo recorrido por la provincia de La Pampa que tiene como destino final el pueblo donde nació.

Las dos Competencias de Cortos (una argentina y otra ecuatoriana) tienen una particularidad: entre los once títulos no sólo hay documentales y ficciones; también videoclips. “No es habitual, pero tratamos de hacer cosas que no son habituales. La idea es crear espacios que no existen y que puedan atender las necesidades de cada área”, dice Rodríguez. La directora destaca que en los planes para la próxima edición está el de armar una sección específicamente dedicada a videos musicales de ambos países. Dos países geográficamente lejanos que encontrarán un punto de contacto físico, al menos durante cinco días.