El lugar del psicoanalista en el tratamiento de un adolescente
Entre el crecimiento y la dependencia
El analista no es un espía de los padres.El analista no es un espía de los padres.El analista no es un espía de los padres.El analista no es un espía de los padres.El analista no es un espía de los padres.
El analista no es un espía de los padres. 

¿Cuál es el lugar del psicoanalista en el tratamiento de un adolescente? Me parece valioso especificar este lugar, porque en el curso de estos años, en diferentes charlas con padres, he notado que les despierta una ansiedad particular que ese otro que es el psicoanalista tome en sus manos a ese hijo.

Esta ansiedad es perfectamente comprensible, porque el tratamiento de un hijo sin duda confronta a los padres con una impotencia que es mejor que no los destituya. Un miedo habitual en padres es que el psicoanalista autorice en el hijo cuestiones que ellos no harían, es decir, que se convierta en una especie de confidente que actúa a espaldas de ellos. En este punto, seré taxativo: si bien el psicoanalista establece una alianza de trabajo con el adolescente (como con cualquier paciente) eso no quiere decir que pase a ser una especie de cómplice; como tampoco el psicoanalista es un espía al servicio de los padres, que, por ejemplo, tendría que contarles aquello de que su hijo habla en las sesiones.

Por otro lado, ciertos padres nos piden que hablemos con su hijo de tal o cual tema y, en estos casos, para retomar este tipo de cuestiones es que durante el tratamiento del adolescente también tenemos entrevistas con los padres.

Desde mi punto de vista, un buen proceso terapéutico concluye cuando los padres pueden recuperar la relación con su hijo, más allá de las expectativas adaptativas y en condiciones de autorizar las iniciativas creativas que aquel propone, no sólo para su vida sino también para la organización familiar. De esta manera, el tratamiento de un joven no es para que se desligue de la familia, sino para que pueda permanecer en ella, pero de manera independiente y como un miembro colaborador. Ser independiente no es el fin de la dependencia (esta es una fantasía adolescente), sino un modo de poder servirse de la dependencia con fines que impulsen el crecimiento de la relación con los otros.

*Psicoanalista, Doctor en Psicología (UBA). Fragmento de su nuevo libro "Esos raros adolescentes nuevos" (Paidós, 2019).

Suplementos
Suplementos
Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ