Por Flor Barés

Nosotras le decíamos Iván, y en el instituto también le decían Mirko, pero él se presentaba como Iván. "El de la mano tatuada", así nos referimos a él las primeras veces que lo vimos y no recordábamos su nombre. Iván escribía, como muchos de los pibes en el encierro, a causa del encierro o a pesar de él. Iván escribía hermoso, y cuando leía sus poemas lo hacía como rapeando, porque también le gustaba rapear. Cuando se reía se le achinaban los ojos, sobretodo el izquierdo, y aparecía su gesto más niño, el resto del tiempo era serio, reflexivo, profundo...

Compartimos un montón de encuentros, jugamos a nombrarnos como animales, a recordar momentos y lugares a partir de diferentes sonidos, jugamos al yenga, con pelotas, escribimos canciones, dibujamos, siempre daba vueltas el mate y la charla sobre la vida, los gustos, los dolores, los caminos… Hablamos mucho sobre los derechos y él junto con los demás escribieron sobre el derecho a ser libres, a no ser discriminados, a ser escuchados, a tener oportunidades… Ese año que lo conocimos, Iván cumplió 18 años y lo trasladaron a la unidad de mayores, enseguida nos pusimos en contacto con el grupo que daba talleres allá. “A Iván le gusta escribir, escribe hermoso”, les contamos, “Entonces vamos a hacer todo lo posible para que se sume al taller de escritura” nos dijo María, y así fue, y en ese traslado a Iván lo esperaron, lo recibieron, le hicieron un lugar, nada más y nada menos. Un lugar. Uno propio. Porque escribir, usar viseras coloridas, rapear, amar, desamar, reírse a carcajadas, parecería que es común a la mayoría de los pibes, pero cada uno, cada una, cada quien, necesita un lugar, necesitamos un lugar, cada quien necesita ser nombrado, recibido, cobijado. Iván hoy aparece en las noticias, y es tanta la gente que cree que es uno más… pero Iván era todo esto... Cada pibe, cada piba, cada niñe, cada quien, es un mundo que no mencionan los diarios en sus líneas frías y estigmatizantes. Qué les importa a los medios oficiales y a quienes les creen, que a Iván se le achinaban los ojos cuando se reía.

 

*Coordinadora del CEIDES, que trabajó con Mirco Ivan Cabrera en el IRAR en 2017.

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