“Este es un disco cargado de un montón de cosas porque nos tomamos un buen tiempo para reflexionar”, justifica Gustavo Santaolalla acerca de Aura, el flamante trabajo de Bajofondo, y posiblemente el mejor hasta la fecha. “Cuando decidimos entrar a grabar, partimos de una premisa muy diferente a la del resto de los álbumes, que era juntarnos todos a tocar, entonces cada uno tiró dos temas sobre la mesa y empezamos a componer. Acá nos vimos en la necesidad de encontrar nuevos paradigmas en nuestra música porque ya habíamos descubierto muchas cosas que estaban buenas, pero sentimos que teníamos que explorar otras”. La cuarta producción de estudio del colectivo rioplatense, publicada el pasado 27 de setiembre, aparece a 17 años de un debut que giró en torno al concepto de la experimentación con el tango. “En realidad, tenía ganas de hacer un proyecto que tuviera que ver con el Río de la Plata, y específicamente con la música y la estética rioplatense. Siempre estuvo la preocupación de la identidad, al igual que en todo lo que hago”.

Mientras Santaolalla defiende Aura desde Madrid, Skype mediante, Juan Capodónico, coproductor del álbum y mano derecha en Bajofondo del dos veces ganador del Oscar, lo hace al mismo tiempo en la capital argentina. Esta vez respaldado por el badoneonista Martín Ferres. “Se trata de un disco bastante distinto a los anteriores porque está hecho con una cuota de libertad”, advierte el artista uruguayo. “Nos juntamos en el estudio en Montevideo durante cinco días e improvisamos muchísimo. Sin embargo, a esa espontaneidad le fuimos dando forma. Recuperamos el espíritu de esa intención, a partir del pop y de una estructura más contemporánea. Nos mandamos y salió esto. Obviamente, sigue teniendo la soltura musical de Bajofondo, pero con algunos ingredientes nuevos. La primera palabra que empezó a circular fue psicodelia. Gus apareció con esa idea que yo, por una cuestión generacional, no conocía. Hablaba de rescatar el espíritu de grupos que para él eran básicos como The Byrds, The Zombies o The United States of America”.

“Lo psicodélico tiene esa cosa que engancha con lo onírico, con lo surrealista, con lo absurdo y con lo mágico", añade el músico y productor argentino establecido en Los Angeles, que durante los dos últimos años se mantuvo en la ruta con la gira Desandando el camino. "Y creo que la música de este disco lo deja en evidencia. De pronto entramos en una cueca o aparece 'Virgen del sol', que es algo medio andino, y la psicodelia determina todo esto. La psicodelia refleja ese momento de la historia en el que empezaron a llegar las filosofías orientales, cuando se experimentó con sustancias, en el que comenzó a haber mayor conciencia global en cuanto a la ecología. Todo eso se tradujo musicalmente en esa época. Cuando ensayábamos, buscábamos eso, quizá también por la reminiscencia de ese instante tan groso de la humanidad, aunque estéticamente nos propusimos volar sin ningún tipo de atadura. Igual, nunca nos desentendimos del lenguaje bajofondero. Hoy podemos hacer cualquier cosa y eso es muy importante”.

Aparte de la traducción sonora, el otro condimento psicodélico de lo nuevo de Bajofondo radica en las profecías de Benjamín Solari Parravicini. “Antes de comenzar cada grabación, Gustavo leía las que más o menos se podían aplicar”, recuerda Campodónico. “Hay un par que quedaron: la que abre el disco, ‘Solari Yacumeza’, que es una suerte de candombe en la que él exhorta, a través de sus ‘psicografías’, que la música eléctrica se fusionará con la música negra y ésa será la música del futuro. Pero además profetiza: ‘Y marcharán los esclavos del mundo hacia el caos final', que es más o menos lo que estamos viviendo. Lo que no deja de ser asombroso porque esto lo dijo en los años '30”. Santaolalla adhiere: “Parravicini es una especie de Nostradamus nuestro. En este momento tan claro de la historia del mundo,y desde mi visión personal de la cuántica, del desdoblamiento del tiempo y de este periodo con visos de fin, que se asocia con los mayas, sus frases tienen una impronta psicodélica y hasta paranormal”.

Por todo eso, en Aura poco queda de aquel ya lejano Tango club (2002), disco debut del grupo. “En medio de toda esa historia del tango electrónico -y esto lo dijimos muchas veces-, nosotros siempre hicimos música de este lado del mundo. Llamala como quieras. Eso queda de tu parte”, dispara Santaolalla. “Lo del ‘Tango club’ fue esa cosa que está asociada al primer álbum. Al principio estaba mezclado el nombre del disco con el de la banda, pero, a partir de nuestro segundo trabajo, quedó claro que el grupo es Bajofondo. Esto que se concretó en Aura comenzamos a hacerlo en Mar dulce (2007) y Presente (2013), en los que pusimos todas las piezas sobre la mesa. Llegamos a lo que hemos intentado desde un principio. Buscando y buscando, y tomando riesgos. Una vez que comenzamos, nos fuimos afianzando”.

 

Si bien es cierto que se trata de un disco menos electrónico y más cargado de instrumentos, en comparación con sus producciones anteriores, Santaolalla, ante la consulta de si la canción “Mareo” (incluida en Presente, y para la que prestara su voz Gustavo Cerati) sirvió para consolidar el pop por sobre el tango en Aura, afirma que no fue el único precedente. “También está ‘Pena en mi corazón’, que tiene un poco de eso. Es un camino que venimos explorando, que ya teníamos y que se afianza con el paso del tiempo”. 

No obstante, a manera de antípoda del lugar que ocupó el líder de Soda Stereo en aquella canción, Bajofondo en esta ocasión recurrió en calidad de invitado a una de las bandas más importantes de la actual escena independiente argentina: el trío mendocino Usted Señálemelo. “Le agregó una sazón distinta a lo anterior. Ellos representan lo moderno y lo alternativo. Tienen muchas cosas que marcan un nuevo camino. Son artistas independientes y eso de por sí genera un elemento distinto. Cuando los invitamos, no sabíamos qué iba a suceder, simplemente queríamos hacer algo con ellos. Ahí también hay una relación de tiempo porque los conozco desde que son muy chiquitos. Fue muy bonito lo que hicieron porque terminamos armando un doble grupo que tocaba en simultáneo”, dice Santaolalla. 

“Urgencia” es otro de los adjetivos que definen al disco, lo que puede parecer una paradoja si se toma en cuenta que su grabación comenzó en 2017. “Hacía rato que no estábamos tocando juntos y cuando surgió la idea de hacerlo fue porque antes no teníamos tiempo, pero tuvimos que encontrarlo”, señala Campodónico. “Si bien no contábamos aún con el presupuesto de la compañía, necesitábamos ir para adelante y mantener la llama viva de este grupo de personas haciendo música. Ese fue el sentido de urgencia: comprometernos”. Entonces Ferres asesta: “Cada uno, en su instrumento, fue experimentando distintas cosas. Tras el reacomodamiento de eso, hubo una nueva etapa de grabación”. Y el artista uruguayo retoma: “Luego de la primera fase en Montevideo, la segunda fue en Buenos Aires, en los estudios ION, con una orquesta armada para la ocasión y con los arreglos de Alejandro Terán”.

-La orquesta ocupa un rol más concienzudo en este álbum…

Gustavo Santaolalla: -En realidad, la orquesta ocupa un lugar bastante importante desde Presente. También estuvo en los otros discos, en Mar dulce apareció Terán; sin embargo, tanto él como las orquestaciones se convirtieron en piezas integrales de Bajofondo a partir de Presente, al punto de que él es ya un integrante de la banda. En este caso, la forma de encarar los temas fue muy diferente porque hubo mucho trabajo que tuvo que ver con la improvisación. Con Ale desarrollamos tres situaciones: una en la cual refuerza partes que ya existen, otra en las que trabaja en contra, lo que genera un diálogo, y una más en las que dejamos espacios para le dé rienda suelta a su improvisación, que luego termina escrita.

“Disculpen, muchachos”, pide Santaolalla en medio del ensayo de lo que será la presentación de Aura el próximo 25 de octubre en el Teatro Ópera (Av. Corrientes 860), en una sala incrustada en el corazón del barrio de Retiro. “Estamos listos. Vamos de vuelta”. A pesar de que Luciano Supervielle aún no llegó a Buenos Aires, Bajofondo se encuentra ensayando uno de los dos perfiles de su show. Mientras que uno será con orquesta, el otro tendrá como protagonista solamente a la banda. Ciertamente, esta encarnación del grupo dista de sus versiones anteriores. Ni siquiera está cerca de ese arrebato electrónico que lo llevó hasta el festival Creamfields en 2013, nada menos que con Cerati como invitado. Hoy parece realmente una banda de música rioplatense del siglo XXI: ciudadana, a medio camino entre el rock y la experimentación sonora mediante la síntesis de hip hop, folklore e indie.

 

“Si bien los discos de Bajofondo son muy eclécticos, éste ha sido el que mejor lo demostró. También es el más grupal”, recalca Santaolalla. “Pudimos haber sido quemados en la hoguera del rock, de la música electrónica o del tango. Pero, por suerte, eso no sucedió. Tampoco dijimos que era el nuevo tango o algo por el estilo. La intención de Bajofondo era hacer una música que reflejara quiénes somos y de dónde venimos. Queríamos mostrar realmente nuestra identidad y de alguna forma lo conseguimos. Pero el mapa de Bajofondo se ha extendido fuera del Río de la Plata. Ahora es Latinoamérica”. ¿Aura, el título del álbum, contiene al concepto? Campodónico cuenta la historia: “Estábamos haciendo una especie de brainstorming en la consola de ION y en un momento surgió ‘aura’, que nos pareció bien gauchesco”. Entonces Santaolalla recoge el guante y va todavía más lejos: “Nadie lo mencionó aún, pero la palabra igualmente remite a lo del campo magnético. Es el espíritu, la materia, el resultado de la vibración que una persona tiene”.