Los años 80, entre el sida y el capitalismo
Pose, la serie de Netflix con lenguaje inclusivo
Tras dos temporadas exitosas en Fox, acaba de estrenarse en Netflix la serie Pose, que por primera vez en la historia, ostenta un casting con 50 actrices trans. Situada en los 80, entre el sida y el más crudo capitalismo, cuenta en ocho capítulos la historia de un club nocturno refugio de la diversidad y comandando por una actriz que a los 18 años emigró de Tobago al Bronx. Y como si fuera poco, lleva subtítulos escritos en castellano inclusivo.

“Es hora de recordarle al mundo quienes somos”, proclama Elektra Abundance, madama trans de piel caoba, que pasea su metro ochenta y cinco por la casa que lleva su nombre, donde cobija a cuatro chicas trans y dos muchachitos: todos son sus hijos, corridos por sus familias de origen y refugiados en ese departamento de Nueva York. Estamos en 1987. El sida es una epidemia y mientras afuera el capitalismo escupe dinero, puertas adentro hay que sobrevivir. El modo de hacerlo es reinar en un club nocturno inmerso en la cultura ball, esa que propone desfiles para que cada quien pueda lucirse con orgullo. Pero no sólo hay que renovar el vestuario y la actitud en cada aparición. También es necesario saber cómo moverse al ritmo del voguing, un baile cuyas figuras remedan las poses de las modelos blancas en las revistas más caras del mundo.

¿Mucha presión? Sí. Por eso es necesaria una dama de pulso férreo, dispuesta a tomar por asalto un museo sólo porque allí exhiben vestuarios de época. Eso es exactamente lo que necesita la Casa Real de la Abundancia. Hacia allí van Elektra y los suyos. Y vestidos con faldas de terciopelo y corsets bordados con oro, irrumpen en la noche de Show World. La disco aúlla, el jurado les da el gran premio y después, sin problemas, se entregan a la policía. Así, con ritmo de vértigo, comienza la serie Pose, que se acaba de estrenar en Netlfix tras dos temporadas exitosas en Fox.

A lo largo de ocho capítulos, Pose cuenta la historia de Elektra, una actriz que en verdad se llama Dominique Jackson. Nacida en Tobago, a los 18 llegó al Bronx. Ella conoce, por haber sido parte, la historia de Pepper La Beija, Kim Pendavies y las chicas con apellido Xtravaganza, que se pusieron el frente de casas en calidad de “madres” para guarecer a todas esas almas que buscaban un lugar en el mundo allá por los setenta. Y eso, además de su porte de reina, fascinó al director Ryan Murphy (también al frente de Glee, American Horror Story y Feud). Él se asoció, a su vez, con Brad Falchuk y Steven Canals. Juntos dirigen esta serie que por primera vez en la historia ostenta un casting con cincuenta actrices trans. El guion, además, tiene la asesoría de quienes ahora están al frente de las casas Xtravanganza y Pendavies.

Haciendo memoria, estos apellidos son los que hilan la historia de Paris is burning, un documental estrenado en los noventa con dirección de Jennie Livingston, también disponible en Netflix. Allí se hace foco en las personas LGTBI afroamericanas y latinas que hicieron de la cultura ball su insignia. “Cuando entramos en la disco, nos vestimos y bailamos, nos sentimos Alicia en el País de las maravillas”, admite uno de los chicos de este film inscripto en la intersección raza-clase-género. “Yo amaba Paris is burning. La vi mil veces y sus protagonistas eran rock stars para mí”, contó por su parte el director Murphy en una entrevista a The Guardian. Lo mismo le pasó a Madonna, que se sumergió en el under neoyorquino para llevar el voguing a la escena mundial y situar su video “Vogue” como un ícono de glamour LGBTI, donde aparecen algunos chicos que ahora son coreógrafos de baile en Pose. Incluso la estrellísima RuPaul cita el documental como su referencia para renovar la escena drag en los noventa.

Con tantos nombres rutilantes –Madonna cedió los derechos para que “Vogue” sea parte de Pose– y una genealogía que honra a quienes abrieron camino, Murphy y los suyos crearon una bomba glam, poniendo el foco en la misma comunidad afro y latina queer que Paris is burning.

“Es nuestra historia contada y protagonizada por nosotros. Y puesta en escena en un show de alcance mundial. También por eso Pose es innovadora”, subraya MJ Rodriguez, otra de las protagonistas. De ascendencia latina, nacida en 1991, Rodriguez fue un adolescente gay luciéndose en la escena ball, que luego se formó como bailarina y actriz profesional. Su personaje es el de Blanca Rodriguez-Evangelista, quien inaugura su propia casa, la Casa Evangelista, donde intenta ser una madre sustituta para Damon, devenido bailarín de renombre, su novio Rick y otres. Para eso debe pelearse con Elektra Abundance, cansada de su despotismo. Junto a Blanca se muda otra de las chicas originales de la Casa Abundance, Angel. Su nombre real es Indya Moore, de origen caribeño. Nació a mediados de los noventa y su vínculo con la Casa Xtravanganza, cuyos integrantes son expertos en baile que trabajan para el mainstream, le abrió la puerta para tener un pequeña papel en la serie The get down.

Elektra, Blanca y Angel constituyen la santísima trinidad trans que lleva adelante la historia. Elektra desea una operación de reasignación sexual porque ya es una señora de cuatro décadas. Angel se prostituye y conoce a Stan Bowes (Evan Peters, actor de American Horror Story), un chico blanco y esposo no tan perfecto, que está haciendo carrera como parte de la organización Trump. La de Donald, por entonces un magnate que aún no había puesto su mira en la Casa Blanca. Blanca es HIV positivo pero lo oculta. También lo es su amigo Pray Tell, un brillantísimo Billy Porter. De día es un diseñador de vestuario lacónico y de noche se convierte en el carismático presentador de los bailes ball en el club donde todos confluyen.

Porter, además de ser la frutilla de un reparto actoral potente, es el encargado de mostrar el costado oscuro de Pose: los hospitales donde las personas con sida mueren en soledad. Allí está internado su novio. Consternado por tanta sordidez, Porter improvisa un show. El momento donde Blanca y él cantan “Home”, un hit de fines de los setenta de Diana Ross, ante una pequeña congregación de pacientes terminales, es conmovedor. Porque ficción y verdad se encuentran: si bien el sida ya no es fantasma gracias a los avances de la ciencia, nadie devuelve la vida a tantas personas muertas, jóvenes, queridas. Por su papel como actor de reparto, Porter acaba de recibir un Emmy, que agradeció citando al activista afro James Baldwin: “Me llevó muchos años vomitar toda la inmundicia que me habían enseñado, antes de que pudiera caminar como si tuviera derecho a estar aquí”.

Con una puesta en escena fastuosa (casi una venganza por los días donde el brillo no era permitido), una banda de sonido de inspiración ochentosa que incluye desde The Velvet Underground a Grace Jones o Donna Summer, y subtítulos escritos en castellano inclusivo, Pose trae la voz de quienes vienen siendo protagonistas de la escena cultural y ahora dan un merecido paso al frente.

 

 

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