Al Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, como a toda la Argentina, le pasaron cosas. Muchas pero pocas buenas: a las históricas miradas de reojo de varias salas costeras que, si fuera por ellas, mantendrían inalterable su programación habitual, este año se sumaron una devaluación que elevó exponencialmente los costos de un evento con buena parte de sus gastos en dólares, un resultado electoral en las PASO que paralizó gran parte de los resortes burocráticos del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y la muerte, en agosto, de José Martínez Suárez, quien durante la última década había oficiado como Presidente del festival.

Pero Mar del Plata es como un boxeador peso pesado al que se le podrá pegar por todos lados aunque difícilmente hacerlo caer: nada de lo anterior impedirá que esta noche, con la proyección de una copia restaurada de Los muchachos de antes no usaban arsénico, de Martínez Suárez, se levanté oficialmente el telón de la 34° edición del único festival Clase A de Latinoamérica. La clausura, pautada para el domingo 17 a la mañana, un día antes del fin de las funciones, será El irlandés, la esperadísima producción de Netflix que reúne a Martin Scorsese con Robert De Niro y Al Pacino.

¿Por qué se mantiene Mar del Plata? Básicamente, por la tenacidad de un equipo de programación –con la directora artística Cecilia Barrionuevo a la cabeza- que nada en las profundidades del cine mundial y hace milagros para optimizar los pesos devaluados y que no falte ninguno de los títulos que durante los últimos meses movieron el amperímetro de la disciplina de la pantalla grande. Sí faltarán invitados internacionales de fuste, ya que a la caída del director Albert Serra se sumará la de la actriz española Lola Dueñas debido al fallecimiento de su padre el último fin de semana. Apenas queda el músico estadounidense Lee Ranaldo (exintegrante de Sonic Youth y parte del Jurado de la Competencia Internacional) como nombre destacado. Las grandes estrellas serán las 300 películas (entre cortos, medios y largos) que hasta el lunes 18 se verán en 15 salas distribuidas por la zona céntrica. Las entradas se venden desde fines de octubre a 60 pesitos, un precio acorde a una ciudad íntimamente ligada a lo popular.

El foco de atención mayoritario recaerá en las cuatro competencias de largos (Internacional, Latinoamericana, Argentina y Estados alterados, esta última con varios mediometrajes) y las dos de cortos (Latinoamericana y Argentina), además de varias secciones paralelas con propuestas para todos los paladares. Los cinéfilos ya preparan sus baberos para indagar en el apartado Autores, al tiempo que los amantes de los géneros se harán una panzada con Hora Cero, que aunque disminuida en cantidad de títulos sigue siendo uno de los ámbitos más festivos de Mar del Plata. ¿Quieren sustos? Más vale estar atentos a la sección Generación VHS, que tendrá a El exorcista –y de yapa el documental Leap of Faith: William Friedkin on the Exorcist; donde Friedkin cuenta detalles del proceso creativo- y un par de films pertenecientes al subgénero blaxploitation. Habrá, como siempre, focos y retrospectivas (Nina Menkes, Djibril Diop Mambéty y John M. Stahl); además de restauraciones de varias películas fundamentales de la historia del cine, un homenaje a Jonas Mekas y un recorrido por el archivo fílmico de Harvard.

La Competencia Internacional se llevará adelante en el siempre majestuoso Auditorium, ubicado en la plata baja del edificio del Casino Central. La de este año tiene un total de doce títulos, varios de ellos recibidos con críticas notables en sus exhibiciones previas. Suele achacársele a esta sección la falta de premieres mundiales y su funcionamiento como rejunte de “grandes éxitos” de festivales extranjeros. Pero, ¿por qué no darle un lugar central a, por ejemplo, Vitalina Varela, de Pedro Costa; I Was at Home, But, de Angela Schanelec, o A vida invisível, de Karim Aïnouz, todas señaladas de manera unánime como tres películas fundamentales de 2019? ¿Porque tuvieron un par de pasadas en Locarno, Berlín y Cannes, a unos 11 mil kilómetros de la Argentina? Los bamboleos económicos crónicos del país, la ubicación en el calendario y el inexorable hecho de estar en los márgenes del planisferio hacen que Mar del Plata corra desde atrás en la disputa por un estreno mundial de peso. Es obvio que cualquier evento europeo juega con mejores cartas que uno argentino. Porque este festival, como todos, es hijo de su contexto.

Planta permanente, de Ezequiel Radusky.

Sí es importante que los directores y productores locales apuesten por Mar del Plata. Y, en ese sentido, la cosa marcha viento en popa. En la Competencia Internacional habrá dos películas argentinas exhibidas en carácter de première mundial y una tercera que se verá por primera vez en Latinoamérica. Al primer grupo pertenece Planta permanente, la esperada segunda incursión en la dirección de Ezequiel Radusky luego de haber filmado Los dueños junto a Agustín Toscano. Definida en el catálogo como “una comedia triste, de mirada crítica y precisa, y con la dosis justa de humor negro que se atreve a diseccionar las miserias de la contemporaneidad”, se trata de una historia centrada en dos empleadas de limpieza (Liliana Juárez y Rosario Bléfari) de una dependencia estatal que gestionan un comedor en un rincón abandonado del edificio, emprendimiento que la llegada de una nueva directora pondrá en peligro.

El otro rótulo de première le corresponde a El cuidado de los otros, de Mariano González, el mismo de la sorprendente Los globos, vista en la Competencia Argentina un par de años atrás. La protagonista de su segundo largometraje es Luisa (Sofía Gala Castiglione), una niñera obligada a enfrentar la culpa por el accidente sufrido por el nene al que debía cuidar. Una situación cargada de tensión gracias a la capacidad de González de manejar, siempre según la información oficial, “los climas más complejos y en los que las peores posibilidades se vuelven palpables y constantes”. Vista en Toronto y San Sebastián, la tercera producción local es Los sonámbulos, quinto largometraje de Paula Hernández (Herencia, Lluvia) estelarizado por Érica Rivas en la piel de una mujer que descubre que su hija de 14 años es sonámbula. En ese contexto, un viaje familiar al campo desencadenará un conflicto inesperado. La Competencia Internacional se completa con Black Magic for White Boys, de Onur Tukel; La virgen de agosto, de Jonás Trueba; Les Enfants d’Isadora, de Damien Manivel; O que arde, de Oliver Laxe; Scattered Night, de Sol Kim y Jihyoung Lee, y South Mountain, de Hilary Brougher.

La botera, de Sabrina Blanco.

La porción más grande del cine argentino estará en la Competencia Nacional, compuesta por once títulos, uno de ellos –Bajo mi piel morena, de José Celestino Campusano– programado por fuera de la disputa por los premios. Lo particular de este año es un amplio predominio de directoras mujeres por sobre directores hombres, con un score de 8 a 3 favorable a ellas, así como también el agregado del Premio José Martínez Suárez al Mejor Director, en uno de los tantos homenajes preparados para el realizador de Dar la cara y Noches sin lunas ni soles.

La que asoma como favorita es Las buenas intenciones, el entrañable y emotivo coming of age de la operaprimista Ana García Blaya, centrado en las vivencias de una chica de 11 años que debe mudarse junto a sus hermanos a Paraguay, lo que implica distanciarse de su padre. Vale destacar también a Angélica, segunda película como realizadora de la montajista Delfina Castagnino, que sigue a una mujer de casi 40 años en pleno duelo por la muerte de su madre y una separación reciente; y a La botera, en la que la debutante Sabrina Blanco muestra en clave de ficción el día a día de una adolescente de bajos recursos de Dock Sud. 

Otra película con un duelo articulando las acciones es La muerte no existe y el amor tampoco, de Fernando Salem (Cómo funcionan casi todas las cosas, vista aquí en 2015), sobre una joven que vuelve a su pueblo natal en la Patagonia para esparcir las cenizas de su mejor amiga. Amigas son Luciana y Angélica, quienes en Hogar, de Maura Delpero, comparten la habitación en una institución religiosa que ayuda a madres adolescentes, hasta que la llegada de Sor Paola pondrá en crisis el delicado equilibrio del vínculo. En Las poetas visitan a Juana Bignozzi, de Laura Citarella y Mercedes Halfon, no hay duelos ni crisis pero sí legados. Más precisamente el de la poeta del título, cuyos trabajos terminan en manos de una colega más joven que tiene la misión de difundirlos.

El universo artístico también dice presente en Those That, at a Distance, Resemble Another, en la que la cineasta argentino-británica Jessica Sarah Rinland retrata la intimidad del trabajo minucioso y detallista de un grupo de restauradores. Por otro lado, en De la noche a la mañana, de Manuel Ferrari, un joven arquitecto porteño viaja a Chile para replantearse el tipo de vida que quiere luego de enterarse que su novia está embarazada. Igual de embarazada está el personaje de María Soldi en Los que vuelven, el film de Laura Casabé que hibrida el suspenso, el melodrama histórico y los zombies en una historia que transcurre en un pasado con indudables ecos en el presente. También entre dos lugares –físicos en lugar de temporales- vive Tanya, la inmigrante ucraniana que en la película homónima de Agustina Massa divide su atención entre la cotidianeidad argentina y la crisis social y política que atravesó su país durante los últimos años.

I Was Home But, de Angela Schanelec.

Las competencias Estados Alterados y Latinoamericana –integradas por 12 films cada una- también tendrán representación local. En la primera se verá Parsi, de Eduardo “Teddy” Williams y Mariano Blatt; mientras que en la otra estarán el documental Ficción privada, en el que Andrés Di Tella reconstruye la relación de sus padres a través de sus cartas; La protagonista, de Clara Picasso, sobre una actriz que tiene sus quince minutos de fama a raíz de robo; Por el dinero, nueva incursión en la comedia metadiscursiva de Alejo Moguillansky, y el thriller fronterizo El silencio del cazador, de Martín Desalvo; además de las coproducciones Lina de Lima, de la chilena María Paz González, y Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, de su compatriota José Luis Torres Leiva.

El peso específico de los directores y directoras presentes en la sección Autores es uno de los imanes más importantes del Festival. Autores de todo tipo, ya que entre las treinta películas conviven desde lo último de Terrence Malick (Una vida oculta), Sergei Loznitsa (State Funeral), Marco Bellocchio (Il traditore), Bruno Dumont (Jeanne), Werner Herzog (Family Romance, LLC), Albert Serra (Liberté) y Abbas Fahdel (Bitter Bread) hasta el segundo largo como realizador del actor Edward Norton (Huérfanos de Brooklyn), la nueva y corrosiva comedia del neozelandés Taika Waititi (Jojo Rabbit) y la ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes, Parasite, otro licuado de géneros del coreano Bong Joon-ho. Las secciones Nuevos Autores-Nuevas Autoras, Panorama de Cine Argentino, Noches Especiales, Súper 8 - 16mm, Mar de Chicos, Banda Sonora Original y Las Venas Abiertas completan una oferta igual de variada e inabarcable que los años anteriores. Porque no hay bolsillos flacos, ni transiciones políticas ni pérdidas irreparables que puedan derrumbar al Festival de Mar del Plata. Durante diez días, La Feliz será más feliz que nunca.

 

 

Competencia Internacional


-A vida invisível, de Karim Aïnouz (Alemania/Brasil)
-Black Magic for White Boys, de Onur Tukel (Estados Unidos)
-El cuidado de los otros, de Mariano González (Argentina)
-I Was at Home, But, de Angela Schanelec (Alemania/Serbia)
-La virgen de agosto, de Jonás Trueba (España)
-Les Enfants d’Isadora, de Damien Manivel (Francia)
-Los sonámbulos, de Paula Hernández (Argentina/Uruguay)
-O que arde, de Oliver Laxe (Francia/Luxemburgo/España)
-Planta permanente, de Ezequiel Radusky (Argentina/Uruguay)
-Scattered Night, de Sol Kim y Jihyoung Lee (Corea del sur)
-South Mountain, de Hilary Brougher (Estados Unidos)
-Vitalina Varela, de Pedro Costa (Portugal)

 

Competencia Nacional

-Angélica, de Delfina Castagnino (Argentina)
-De la noche a la mañana, de Manuel Ferrari (Argentina/Chile)
-Hogar, de Maura Delpero (Argentina/Italia)
-La botera, de Sabrina Blanco (Argentina/Brasil)
-La muerte no existe y el amor tampoco, de Fernando Salem (Argentina)
-Las buenas intenciones, de Ana García Blaya (Argentina)
-Las poetas visitan a Juana Bignozzi, de Laura Citarella y Mercedes Halfon (Argentina)
-Los que vuelven, de Laura Casabé (Argentina)
-Tanya, de Agustina Massa (Argentina)
-Those That, at a Distance, Resemble Another, de Jessica Sarah Rinland (Argentina/Reino Unido/España)
-Bajo mi piel morena, de José Celestino Campusano (Argentina) - Fuera de Competencia