Tiene sentido alegórico. El personaje principal de la serie es un cazarrecompensas que se mueve en los bajos fondos de la galaxia, entre milicianos traidores, mentirosos profesionales, cantineros mugrientos y tugurios alienígenas. Así que suena perfecto que su estreno mundial prometa ser una fiesta de piratería, hackeo y descarga clandestina en cuatro continentes. Es que The Mandalorian, la primera serie “con actores” del universo Star Wars, tiene su debut oficial hoy en Disney+ –léase “Disney plus”-, la flamante plataforma de TV online de Disney, lanzada esta semana y por el momento sólo disponible en los Estados Unidos y un puñado de países (Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Holanda). Y recién arribaría a América latina y Europa el año próximo: para Disney, en términos de la guerra por el streaming, la madre de todas las batallas se libra por el momento entre los suscriptores estadounidenses.

En ese contexto, The Mandalorian es toda una apuesta. La saga de Star Wars viene arrastrando varios sacudones de oficina, como los bruscos cambios de dirección en sus últimas dos películas, Han Solo y el Episodio IV, o la salida de la dupla creativa de Game of Thrones, David Benioff y D.B. Weiss, quienes iban a producir una nueva trilogía galáctica para cines y hace días se bajaron para firmar con la competencia, Netflix. Y con la era dorada de las series prolongando su reinado, el formato en capítulos breves parece ser una tentadora opción para mudar el mobiliario de la saga creada por George Lucas (de hecho, hay otras dos series en camino, dedicadas a dos personajes conocidos del cine, Obi-Wan Kenobi y Cassian Andor).

La primera temporada de The Mandalorian –ya fue anunciada la segunda, sí– estará dividida en ocho episodios, que serán estrenados semanalmente y tendrá el timón en manos de Jon Favreau, pez gordo de Hollywood cuyo CV va de Avengers al Rey León, además de un equipo de guión que supervisa el propio Lucas y un plantel de directores-estrella que incluye a Taika Waititi (Thor: Ragnarok) y a otro pesado del mundo Star Wars, Dave Filoni, maestro jedi detrás de las series animadas de la saga, The Clone Wars y Rebels. En elenco destacan astros del género series como Pedro Pascal (Narcos, GOT) o Giancarlo Esposito (el gran Gus, CEO de Los Pollos Hermanos de Breaking Bad y Better Call Saul), además de glorias añosas del cine como el director alemán Werner Herzog, Nick Nolte o Carl Weathers (el Apollo Creed de Rocky).

¿Y de la trama, qué? Lo más importante es aclarar que el personaje principal, el Mandaloriano, no es Boba Fett, aquel villano marginal, huraño y fetiche del universo de Star Wars, con millones de juguetes vendidos por cada sílaba que pronunció en pantalla. Pero se le parece bastante, lo que es promesa de dividendos: el nuevo héroe, como Boba, también se gana el pan galáctico de cada día cazando prófugos, cobrando rescates y ocultándose tras ese casco icónico y esa armadura llena de armas, pistolas, sogas torpedos y otros trucos que ya van a venir. En la cronología de la saga, la historia se ubica entre los episodios VI (El regreso del Jedi) y VII (El despertar de la Fuerza), con el Imperio Galáctico ya vencido y la galaxia sumida en el desorden y la ebullición: caldo de cultivo ideal para que proliferen justicieros marginales, pandillas criminales y vendettas interplanetarias.

La serie será, también, un aperitivo fuerte a un mes del estreno mundial en cines de The Rise of Skywalker, acto noveno y final de la saga-línea fundadora, la basada en las desventuras de (al menos) tres generaciones del clan Vader.

Lo cierto es que The Mandalorian supone un ariete con el que Disney procurará abrirse un lugar en la mesa de moda, la que ya comparten a los tarascones Netflix, Amazon, Hulu, Starzplay o hasta Facebook. Y en la que todos, claro, buscan morder la mayor parte del banquete. Vale recordar que el menú de Disney+ no sólo contará con las películas y series de Star Wars, sino también con otras de sus adquisiciones premium, como el universo Marvel, el catálogo de Pixar o hasta Los Simpsons, producto de su última fusión con Fox.

Pero para todo eso, si se va a respetar la ley, habrá que mudarse a los Estados Unidos o esperar. Aunque la avidez por un estreno de alto impacto como The Mandalorian seguramente generará fenómenos similares a los que ocurren con otros hits televisivos y otros servicios de streaming. Así como no todos los que vieron Game of Thrones o Succession tenían al día su suscripción a HBO, la diferencia entre ver o no ver The Mandalorian en la Argentina, México o España dependerá de cuántas normativas estén los fans dispuestos a infringir. Y de cuántas horas-Google u horas-torrent decidan invertir en la búsqueda de la nueva gema galáctica.

 

En cierto modo, este eventual desfasaje de tiempos es casi un guiño a los orígenes de la saga galáctica. Hace 42 años, los espectadores argentinos debieron esperar ¡siete! meses más que los estadounidenses para ver la Star Wars original: A New Hope, también conocida como Episodio IV, había debutado en cines norteamericanos en mayo de 1977 y recién llegó a las salas argentinas en Navidad de ese año. El problema es que un fan de 2019, criado al calor de Internet, acaso ya no esté preparado para aguardar pacientemente siete meses, o hasta un año, a que la plataforma Disney+ desembarque de una vez en el país. ¿Esperar? ¿Qué es eso?