Volvió al Teatro Cervantes la obra "Adela duerme serena"

Andrea Garrote y un trabajo sobre la percepción del tiempo

La directora pone en escena, en la pieza de Teo Ibarzábal, la reconstrucción de una historia familiar compartida. 
Imagen: Jorge Larrosa

Volvió al Teatro Cervantes Adela duerme serena, la obra de Teo Ibarzábal que, con la dirección de Andrea Garrote se estrenó la temporada pasada luego de ganar el certamen organizado entre Argentores y el mismo teatro. “La obra tiene una poética muy definida, delicadísima”, sostiene la directora en la entrevista con Página/12. En un pequeño pueblo, una madre, sus dos hijos varones y su marido dan cuenta, en una serie de escenas que suceden en tiempos diversos, de la reconstrucción de una historia compartida. Así, una memoria común se filtra en la nueva trama que se va armando a medida que cada uno de los integrantes elige cómo vivir después de la anunciada disgregación familiar. “La estructura es bastante osada”, considera la directora quien observa que, si bien “la duración de las escenas va acelerándose, hacia el final hay un planteo que reformula lo visto”. Actúan Laura López Moyano, Valentino Grizutti, Emilio Vodanovich, Mariano Sayavedra, Amanda Busnelli y Federico Marquestó.

Además de actriz y directora, Garrote es dramaturga. En los últimos años lleva estrenadas tres obras de su autoría – Niños del limbo, El combate de los pozos, y Pundonor- acerca de cómo las personas reproducen los mecanismos de un poder que disciplina y normaliza. En el caso de Pundonor, la actriz vuelve a presentar este unipersonal dirigido en colaboración con Rafael Spregelburd en Hasta Trilce (Maza 177) hacia fines de marzo. Mientras tanto, Garrote está terminando de escribir su próxima obra y un guión cinematográfico.

-¿Qué cuenta la obra sobre esta familia?

- La decisión de irse o quedarse es, creo, lo que signa a casi todas las familias que viven en los pueblos. Partir a buscar nuevos horizontes, a estudiar, a vivir otras cosas o tan sólo partir por no soportar más la repetición de los días que se confunden de tan iguales. Quedarse es también una decisión que se reafirma varias veces. En Adela duerme serena la familia está marcada por ese devenir.

-¿Dónde está la mayor complejidad a la hora de pensar el montaje de un texto que no es de tu autoría?

-Al terminar la primera lectura de una obra pienso en la estructura y, en las siguientes, ya empiezo a pensar como despegar, como si fuera un troquelado, las tensiones, los dispositivos que refuerzan la teatralidad del texto, pero siempre me mantengo bastante fiel a esa primera percepción más sensible.

-¿Tuviste necesidad de realizar cambios?

-Corregí algunos textos o pequeñas situaciones de lugar, pero la jugada principal que implica una dramaturgia paralela fue la de agregar dos personajes que conviven con la obra misma. Citando a “Tesis sobre un cuento.” de Ricardo Piglia llamamos a “Adela duerme serena.”; historia A y a estos dos personajes nuevos, historia B. Pero no me gusta adelantar mucho, ya que trabajamos para que queden en ese filo que produce una inquietud asociativa que no termina de cerrarse hasta el final.

-En la obra escrita hay un solo personaje femenino. En tu puesta, en cambio, hay otro, de mayor edad respecto de la protagonista.

-Porque lo más atractivo de la obra es su trabajo sobre la percepción del tiempo en la vida de una persona. Quería que los espectadores compartan el desconcierto de Adela. El personaje que interpreta Amanda Busnelli, contiene todo el tiempo pasado y presente. La empatía que produce su estar ahí tan sólo es muy conmovedora.

-¿Cómo describirías la función del tiempo discontinuo de esta obra?
-El pensar el tiempo de Adela duerme serena no pasa por lo que se dice, no hay un discurso sobre eso, sino por las repeticiones de situaciones, la discontinuidad de los eventos, lo imprevisible, los puntos de vista. Es más juego y vivencia sensible que teoría.

* Adela duerme serena, Teatro Nacional Cervantes (Libertad 815) de jueves a domingo, a las 21.

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