Aborto: un tema no negociable

Imagen: AFP

El 1 de marzo, en el marco de su discurso de apertura de las sesiones legislativas, el presidente Alberto Fernández anunciará el envío al Congreso del proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo, cumpliendo de esta manera una promesa de campaña, pero también respondiendo al reclamo de las organizaciones feministas que, por todos los medios, reclaman lo que consideran un derecho.

Una semana después, coincidiendo con la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, la basílica de Luján, seguramente el templo más emblemático del catolicismo, será escenario de una celebración eucarística organizada por las máximas autoridades del episcopado católico bajo el lema “Sí a la mujeres, sí a la vida”. De manera muy directa y sin ningún tipo de eufemismos la convocatoria firmada por el obispo Oscar Ojea, Presidente de la Conferencia Episcopal, invita a “pedir por la protección de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural”. Si bien se trata de una alusión amplia, que incluye varios temas como lo es también la eutanasia, la fórmula usada es la que tanto los obispos como el propio papa Francisco han utilizado para oponerse a la legalización y/o despenalización del aborto.

La cuestión, hoy por hoy, encierra la principal discrepancia entre el Gobierno y la Iglesia Católica. En medio de un clima de diálogos y acercamientos en lo social, y de franca colaboración institucional en este campo, el aborto se ha transformado en un obstáculo difícil de salvar por ambas partes.

"No somos antiderechos” reiteró Ojea en una reciente entrevista concedida a la agencia Télam. Y subrayó: “Creemos en el derecho a cada vida porque ninguna es descartable. El primer derecho humano es el derecho a la vida. Si luchamos por defender las especies y que no se toque ni un insecto porque puede colaborar al desequilibrio de un bioma, ¿cómo no defender la vida humana desde la concepción y considerar todo atentado contra ella como una forma de descarte?”. Y en la misma ocasión explicó su punto de vista respecto de la convocatoria a la misa que se celebrará en Luján. “Cuando la Iglesia habla del derecho a la vida, no está haciendo lobby o presión. Es profundamente totalitario interpretar que una postura de pensamiento histórico significa ejercer algún tipo de presión. Como lo hicimos hace dos años -cuando un proyecto similar fue aprobado en Diputados y finalmente rechazado en el Senado- vamos a seguir planteando nuestra posición con respeto y sin agresividad”, insistió.

El asunto dio lugar a controversias también en la ocasión de la visita de Alberto Fernández al Vaticano y su encuentro con el Papa. Se habló, no se habló… Más allá de las circunstancias y los interlocutores, está claro que las máximas autoridades del catolicismo mundial transmitieron una vez más su postura en contra de la interrupción del embarazo a Fernández y su comitiva. Es así porque el propio Francisco lo puso entre sus prioridades y no está dispuesto a ceder un centímetro en la materia. Se trata de un tema no negociable. Así se lo hizo saber también el Papa a cuanto obispo argentino pasó por Roma. Incluido el propio Presidente de la Conferencia Episcopal que estuvo en enero por el Vaticano.

De la misma manera para el Gobierno –que insiste en mantener las mejores relaciones con el Episcopado porque también necesita de su alianza en otros temas- el aborto no es una cuestión de la que pueda bajarse. Supondría resignar una bandera muy importante dentro de las reivindicaciones del Frente de Todos (FdT), y el costo político también sería significativo para Fernández y los suyos.

Así las cosas el Gobierno intentará mantener abiertos los canales de diálogo con los obispos e introducir en el proyecto de ley una serie de consideraciones que contemplen pedidos eclesiásticos siempre y cuando ello no implique traicionar el objetivo de la ley entendida como una decisión de política pública de salud.

Del lado del Episcopado se repite, una y otra vez, que quieren hacer oír su voz, expresar su postura, pero con respeto a las diferentes posiciones y evitando clima de beligerancia. No obstante, la convocatoria a la misa en Luján puede convertirse –aún más allá de las intenciones de los organizadores- en una confrontación abierta de posiciones más que de explicitación pacífica de las diferencias. De hecho, hoy por hoy, detrás de los pañuelos celestes y de sus banderas se alinean no solo una parte de los católicos, sino otros grupos y sectores conservadores –religiosos o no, dentro y fuera de la Iglesia- con clara intención opositora al gobierno del FdT.

La cuestión aborto exigirá de parte del Gobierno y de las autoridades de la Iglesia Católica una inusitada capacidad política para evitar que se convierta en episodio grave de conflicto que dañe el clima de diálogo y de cooperación que, tanto unos como otros, aspiran a seguir teniendo y como forma de sumar esfuerzos para hacerle frente a la crisis del país.

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