Encuesta sobre el manejo de la pandemia en la Argentina 

Alberto aprueba con 62 a 33

La mayoría de los encuestados está de acuerdo en la política de prevención del coronavirus encarada por el gobierno. Diez claves políticas y geopolíticas en un planeta sin cooperación.

1 El coronavirus en su variante Covid-19 se convirtió en el eje de la política en cada Estado. Sucede lo mismo aquí, donde el tema clave es en qué momento exacto el Gobierno nacional resuelve aumentar la distancia social y frenar la circulación como ocurrió en China, Italia, España y Noruega. Por ahora, y mientras toda la Argentina se organiza para que las afecciones sean modestas y cruza los dedos para que la crisis económica dure lo menos posible, el Presidente Alberto Fernández puede sentirse políticamente tranquilo con el impacto que genera. La actitud del gobierno nacional para prevenir el coronavirus es adecuada o muy adecuada para un 62 por ciento de internautas consultados por la consultora Zuban Córdoba, que dirige Gustavo Córdoba. El estudio de 1200 casos vía web, al que tuvo acceso Página/12, indica que las políticas públicas son poco o nada adecuadas para el 33,6 por ciento de las personas. En cuanto al nivel de conocimiento, dijo estar muy informado el 50,4 por ciento y algo informado el 33,5 por ciento. El 41,4 por ciento considera suficiente la información que brinda el gobierno nacional. El 16,4, muy suficiente. Frente a ese 57,8 por ciento, contesta que insuficiente o muy insuficiente el 40 por ciento.

2 Una de las acepciones de “pandemia” es “enfermedad que se extiende a muchos países”. Otra es “propagación mundial de una nueva enfermedad”. Por eso la Organización Mundial de la Salud dictaminó que el Covid-19 ya no es epidemia sino pandemia. Y recordó que su gravedad deriva en parte del “número mucho mayor de personas que carecen de inmunidad frente al nuevo virus”. Si alguien pensó que después de ese anuncio vendría la articulación entre jefes de Estado es porque no estaba entendiendo la situación del planeta. Hoy lo único global son las finanzas, el comercio de commodities y las desgracias. Las soluciones, si llegan, son tardías y nacionales.

3 En las redes circula un chiste sobre Tom Hanks, el actor que dio positivo para el coronavirus. Dice: “Sobrevivió cuatro años en una isla como náufrago. Un año en un aeropuerto sin poder salir. Le dio SIDA en Filadelfia. Estuvo en la Segunda Guerra Mundial y rescató al soldado Ryian. En Vietnam rescató al teniente Dan. Estuvo en un barco secuestrado por piratas somalíes. Y sobrevivió en el Apolo 13 tratando de llegar a la Luna. Si ese carajo se muere de coronavirus, nos jodimos todos.” El chiste grafica el “sálvese quien pueda” que anticipó el marxista británico David Harvey. Quienes cursan la maestría de Economía Política en Flacso justo están leyendo uno de sus libros, “Diecisiete contradicciones y el fin de capitalismo”. Pablo Vera, presidente de los concejales del Frente de Todos en Avellaneda, acercó el dato a Página/12. Harvey describe lo que llama “motor de acumulación de capital”. Y en la página 17 sostiene que el motor puede interrumpirse por sus propias contradicciones pero también por otros elementos que tienen fuerza “potencialmente destructiva”. Enumera Harvey cuándo puede inundarse el motor. Por una guerra nuclear. Por “un capitán negligente que dirige el barco contra un arrecife”. Por un movimiento revolucionario desde arriba “que arremete contra los maquinistas de abajo”. Y por “una pandemia infecciosa global que interrumpe todo comercio”.

4 Nadie seriamente puede descartar ninguna conspiración. Pero hasta el momento la evidencia es cero. Solo para Elisa Carrió hay un diablo. “No tengan miedo”, tuiteó. “El problema no es el coronavirus sino Putin. Quieren quebrar a Europa.” Le contestó la futura embajadora argentina en Rusia. “Siempre desquiciada, afirma que la pandemia que se expande, ha cobrado miles de vidas y desplomado la economía mundial no es un problema”, tuiteó Castro. Dijo que la alusión a Putin es una “versión grotesca de la Guerra Fría”. De paso, no se entiende por qué Rusia buscaría quebrar a Europa (continente que también integra) cuando su estrategia es la integración económica y energética con sus vecinos del Oeste.

5 Ni siquiera la emergencia logró sacar de su letargo a los bloques existentes. Unasur fue destruida por Mauricio Macri y Michel Temer. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, que interesa a México y la Argentina, es un aparato difícil de mover. Una Celac más activa hubiera ayudado a entender, por ejemplo, las razones que llevaron a la decisión de cada Estado. México sostuvo por boca del viceministro de Salud Hugo López-Gatell que para la fase uno, de casos importados, no hay demostración científica de que restringir vuelos o cerrar fronteras disminuya el riesgo de transmisión del coronavirus. No descartó medidas de restricción externa o prohibición de reuniones masivas cuando llegue la fase dos, de dispersión en México, o la fase 3 de contagio por miles, quizás en dos o tres semanas. Aunque aclaró que de los contagiados solo un 5 por ciento podría tener complicaciones. La inacción de la Organización de los Estados Americanos demuestra que, como dice la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, el secretario general Luis Almagro redujo el organismo al monotema de Venezuela.

6 En cuanto al Mercosur, sigue hibernado pese a las iniciativas avaladas por el Presidente Alberto Fernández para que el canciller Felipe Solá y el presidente de la Cámara de Diputados Sergio Massa se acercasen a Jair Bolsonaro con criterio de Estado a Estado. Más allá de las simpatías. O de las antipatías.

7 Como en otros temas, Bolsonaro optó por personalizar la pandemia. Lo ayudó que hayan dado positivos su secretario de Comunicación, Fabio Wajngarten, y el senador oficialista Nelsinho Trad.

8 Con el Mercosur en el freezer, Bolsonaro refuerza los vínculos bilaterales de Brasil con Washington. Tanto Wajngarten como Trad constataron, justamente, la infección al regresar de la visita de Bolsonaro a Estados Unidos, donde se encontró con Donald Trump.

9 Ni el desastre comercial ni la deuda, y tampoco la desaceleración del crecimiento, parecen figurar entre los temas que le importan al establishment de los Estados Unidos en su relación con América Latina. El jueves 12 de marzo el almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur de las Fuerzas Armadas norteamericanas, con misiones que van del Caribe a la Antártida, anunció que habrá más barcos, helicópteros y aviones para combatir el tráfico de drogas y adaptarse a la Estrategia de Defensa Nacional de frenar la influencia regional de Rusia y China. El dato clave es que Bolsonaro incluyó la visita al Comando Sur en su gira por los Estados Unidos. Es la primera vez que un presidente brasileño lo hace. En julio último Trump declaró a Brasil “gran aliado extra-OTAN”. En agosto la ciudad de Natal fue la anfitriona de la Conferencia Sudamericana de Defensa auspiciada por el Comando Sur.

10 Mientras los miembros del Mercosur no logran salir de la situación trabada que fabricaron Temer y Macri, Brasil no crece, la Argentina afronta la herencia de la recesión con inflación y el comercio de la zona sigue en baja, Trump no compra dentro de su país la economía que vende afuera. Cuestionado por su política sanitaria y la resistencia a cambiar un sistema de salud basado en la atención privada, Trump logró que a principios de marzo la Reserva Federal bajase sus tasas medio punto y las dejara entre el 1 y el 1,25 por ciento. Trump pide una baja de tasas aún mayor para refinanciar la deuda pública con mayor facilidad. La Fed ya anunció que retomaría la práctica de comprar bonos del Tesoro con un plazo más largo. Y el último jueves aumentó la liquidez. Si hubiera sucedido en la Argentina los ultraliberales domésticos habrían pedido la cuarentena para Trump.

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