El padre y el hermano de los legisladores porteños fueron asesinados juntos en la dictadura

Santiago Roberto, Claudio Morresi y sus historias unidas por el terror de Estado

Los diputados del Frente de Todos comparten algo más que su trabajo y su pertenencia política. El 23 de abril de 1976 fueron asesinados sus familiares, que habían salido a repartir revistas Evita Montonera.
Los legisladores Claudio Morresi y Santiago Roberto contaron a Página/12 su historia en común. Los legisladores Claudio Morresi y Santiago Roberto contaron a Página/12 su historia en común. Los legisladores Claudio Morresi y Santiago Roberto contaron a Página/12 su historia en común. Los legisladores Claudio Morresi y Santiago Roberto contaron a Página/12 su historia en común. Los legisladores Claudio Morresi y Santiago Roberto contaron a Página/12 su historia en común. 
Los legisladores Claudio Morresi y Santiago Roberto contaron a Página/12 su historia en común.  

Los legisladores porteños del Frente de Todos Santiago Roberto y Claudio Morresi comparten algo más que su trabajo como diputados y su pertenencia al mismo bloque. Los une un hecho trágico que marcó sus vidas cuando eran chicos: el día en que la dictadura cívico militar asesinó al padre de Santiago y al hermano de Claudio. “Que este año el 24 de marzo nos encuentre acá en el recinto es una reivindicación importante, no sólo para nuestras familias, sino para todos los compañeros desaparecidos”, destacaron en diálogo con Página/12, en sus despachos dentro de la legislatura porteña, a 44 años del golpe. “Es una victoria y una señal de que no nos han vencido”, definieron. 

En la madrugada del 23 de abril de 1976, Norberto Julio Morresi, de 17 años, y Luis María Roberto, de 34, salieron de sus casas en una camioneta Chevrolet celeste que manejaba Luis, a repartir tres paquetes de doscientas revistas Evita Montonera entre la militancia. Amanecía cuando fueron detenidos en un control de ruta. Una compañera que pasaba por el lugar vio cómo se los llevaban. Esa fue toda la información que tuvieron las familias de ambos por más de 13 años. 

En 1988 el Equipo Argentino de Antropología Forense pudo acceder a documentos secretos del batallón 601 del Ejército y descubrir lo que había ocurrido. Los habían llevado, con la camioneta en la que viajaban, hacia el cruce de las autopistas Riccheri y General Paz. A las 11:30 los fusilaron al costado de la ruta. Por la tarde, sus cuerpos ya estaban enterrados como NN en fosas comunes del cementerio de General Villegas.

Luego de la desaparición, las familias emprendieron, por separado, un largo camino para saber lo que había sucedido. Recién se conocieron y supieron la verdad cuando accedieron a los papeles desclasificados en el '88. Según contó Roberto, en esos registros la policía afirmaba que habían encontrado dos cuerpos acribillados junto a una camioneta en la que había revistas de Evita Montonera

"En las actas de defunción figuraba que había una persona colorada y esa era la descripción que había dado mi mamá de mi papá. Entonces, cuando desde el EAAF revisaron los documentos, les llamó la atención ese dato y tomaron ese expediente para profundizar el trabajo”, precisó el legislador. 

Morresi, por su parte, aportó que “en el documento del 601 del Ejército está detallada la forma exacta en que asesinaron al papá de Santiago, ametrallando a la altura del pecho, y están descriptos los seis balazos que le pegaron a mi hermano en la cabeza". Los asesinos, incluso, dejaron registradas las huellas digitales de ambos. El legislador denunció que los militares “podrían haber avisado a las familias lo que había sucedido, pero no lo hicieron porque tenían ese modus operandi de hacer desaparecer y luego ocultar todo lo que habían hecho”.

El trabajo del EAAF, recontruyen los legisladores, “fue de hormiga”: realizaron mucha investigación previa, excavaron la fosa con todos los recaudos y analizaron con mucho cuidado los cuerpos. De esa forma pudieron reconstruir lo que había sucedido con sus familiares.

“Somos una familia que tuvo la inmensa suerte de haber podido recuperar los cuerpos. En ese sentido el trabajo del EAAF fue fundamental. Yo estuve presente cuando hicieron la exhumación y los cuerpos denunciaron la forma en habían sido asesinados”, reflexionó Morresi. “Mi papá, mientras vivió, y mi mamá todavía hoy, lleva flores al cementerio. Ese rito es muy importante”, agregó el legislador y explicó que “esa es una oportunidad que le robaron a un montón de familias”. 

Lo que más le duele hoy a Morresi es que “hay genocidas que todavía podrían decir qué hicieron con los cuerpos o dónde están los bebés que se robaron, y no lo dicen. Esa es una manera que tienen de perpetuar el dolor y seguir haciendo terrorismo de estado”.

Para Claudio y Santiago, el 24 de marzo es una fecha muy movilizante. Durante estos días recuerdan más que nunca a padre y a hermano. “Mi hermano jugaba muy bien a la pelota. Me llevaba cuatro años, pero, en ese entonces, como yo tenía 13 y él 17, se notaba mucho la diferencia porque él ya tenía el cuerpo desarrollado y yo era más chiquito", recuerda también el legislador. "De todas formas siempre me llevaba a jugar partidos amistosos con pibes de otras escuelas y cuando faltaba uno, él pedía que me dejaran jugar a mi". "Mi hermano era el que me cuidaba, si había algún roce él saltaba siempre por mi. Fue el que me enseñó la importancia de la solidaridad y de la lucha”, agrega Morresi con una sonrisa y la voz un poco entrecortada. 

Roberto, en cambio, era más pequeño cuando su papá desapareció, tenía tan solo cuatro años. Sin embargo, recuerda que, como en ese entonces Luis trabajaba en la imprenta en donde se hacía la revista Evita Montonera, “al único de la familia que llevaba a su lugar de trabajo era a mí, porque por cuestiones de seguridad, por ejemplo, mi mamá no sabía donde estaba ubicada”. Otro de los recuerdos, un poco borrosos, que tiene de su papá, es que lo llevaba en su regazo mientras manejaba la camioneta Chevrolet: “Me ponía las manos sobre el volante para hacerme creer que manejaba”, evoca. 

Luis había cumplido 34 años el mismo mes en que fue secuestrado. Era de San Antonio de Areco, pero había ido a la ciudad de Buenos Aires para estudiar Economía a la UBA, carrera de la que se recibió en el 77. Era militante y uno de los fundadores de la agrupación Descamisados, que después se fusionó con Montoneros. Allí se unió su historia con la del hermano de Claudio, que militaba también en la agrupación.

“Nosotros sabíamos que militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). Era un excelentísimo alumno, había salido tres años seguidos en el cuadro de honor y tenía una militancia política importante", resaltó Morresi. "Después, de alguna manera para resguardarnos a nosotros, él no nos comentaba dónde militaba específicamente. Pero evidentemente pasó a la organización Montoneros, donde debía estar trabajando en ese tema de repartir la revista”, reconstruye el hermano menor del militante.

Ambos legisladores se llevan diez años de diferencia y, si bien cada uno hizo su trayectoria por separado, Morresi más abocado a cuestiones ligadas al deporte -fue Secretario de Deportes de la Nación entre 2004 y 2014- y Roberto dedicado más a la militancia partidaria y barrial, ambos comparten una mirada similar de la realidad política del país. “Militamos en los mismos barrios en los que laburaban mi viejo y el hermano de Claudio, y seguimos peleando por las mismas cosas", indicó Roberto. En esa línea agregó que "poder ser legisladores, junto a tantos otros familiares de desaparecidos que también lo son, en este gobierno, y que ocupan cargos importantes, este 24 es una reivindicación importante, no sólo para nuestra familia, sino para todos los compañeros detenidos- desaparecidos”, remarcó Roberto. 

Para finalizar, los legisladores quisieron reflexionar acerca de la modalidad particular que tendrá este año el día de la memoria: “Este 24 de marzo va a ser especial, va a haber mucha presencia en lo virtual. Vamos a colgar pañuelos en los balcones y habrá mucha acción en las redes”, apuntó Roberto. 

Morresi, por su parte, agregó que “especialmente la tarea es tener presente lo que pasó y ayudar a que los jóvenes puedan entender lo que aconteció en aquellos años, porque son ellos el resguardo de que no vuelva a suceder nunca más”.

Informe: Melisa Molina.

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