Al mal tiempo  

Los modales en la peste  

Imagen: NA

Una de las primeras cosas que hizo la cuarentena, acá y en la China, fue dar vuelta la normalidad de andar por la calle. Casi no hay nadie ahí afuera, con lo que hay nuevos presupuestos: que el circula tiene alguna razón para hacerlo, o que está trampeando. Esto cambia las miradas ajenas, que van de la desconfianza al escaneo. Si el que se cruza en la cuadra trae una bolsa de compras o una mochila, si camina decidido como si fuera o volviera al trabajo, si va de la mano de alguien…

Pero así como hay humor de trinchera, hay modales de trinchera, una cierta amabilidad pública como de pueblo, ya que son tan pocos en la calle que Buenos Aires ahora tiene un ritmo de cincuenta mil habitantes. Con toda la naturalidad, los que se cruzan en la vereda se apartan, cada uno a su derecha, para mantener el metro de seguridad. Se hace cola a ocho baldosas de distancia, que da dos metros, y en los raros casos en que se ve una conversación, uno está por el cordón y el otro contra la pared. Son conversaciones de alto volumen.

Mantener la distancia es, en una ciudad, una agresión. Ahora es un mandato con fuerza de ley, un nuevo sentido común que genera situaciones raras. Como la de la sin techo de la calle Junín, sentada en una linda silla de jardín blanca y curiosamente espléndida, peinada y tomando sol en sus shorts naranja. Al que pasa fumando, le pide un cigarrillo y el fumador acepta, pero después de seguir unos tres metros. Es cosa de hacer distancia, darse vuelta, sonreír.

A la mujer le parece lo más normal. No hay malentendidos, no es rechazo. El fumador aclara que se hace los cigarrillos, ella acepta y él se pone a rolar mientras conversan. Ahí aparece un problema: los cigarrillos a mano se pegan con la lengua… ella lo piensa y al final acepta. El gesto final viene cuando el fumador da un par de pasos y estira el brazo con el faso terminado. Ella hace exactamente lo mismo. Las manos no se tocan, cada uno está en una punta del cigarrillo. Todo tiene un aire a ceremonia.

Y el fumador sigue viaje y ella sigue tomando sol.

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