Santaolalla, Aliverti, Dorio, Pont Lezica, Parodi

Recuerdos para Tom Lupo

Gustavo Santaolalla: “No solo fue psicoanalista, poeta, locutor y conductor de radio. También fue un gran referente en nuestro mundo del rock. Su voz siempre me fascinó y siempre hablábamos de las ganas que teníamos de hacer algo juntos. La oportunidad finalmente se nos dio con el proyecto multimediático Café de los Maestros, donde Tom se convirtió en el perfecto maestro de ceremonias del concierto que realizamos en el Teatro Colón, con los más grandes exponentes de nuestra música ciudadana. Todos vivimos con mucho dolor el desafortunado accidente que afectó sus últimos años. Durante este tiempo tuvo la buena fortuna de contar con la compañía de su círculo más cercano de seres queridos (su compañera, su hijo y más) y de un gran amigo en común: León Gieco y su mujer Alicita. Tom, Carlos, Lupo, Galanternik, todos esos ya fueron, pero tu alma, tu espíritu y tu voz continúan y continuarán. La travesía sigue, buen viaje”.

Eduardo Aliverti: “Tom disponía de una cultura general impresionante, en primer lugar. Eso es algo que hoy se extraña y mucho entre los comunicadores en general. Sólo a partir de esa vastedad de conocimientos puede entenderse que se manejara con tanta ductilidad en los terrenos que le eran afines, porque además era un tipo que vivía inquieto por ampliar sus conocimientos. Y otra característica sobresaliente consistía en su perfecta sintaxis oral. Fuere con oraciones cortas o (nunca muy) extendidas, su manera de explicar, narrar y preguntar provocaba admiración. Pocos tienen esa cualidad de hablar como se escribe. Como debe escribirse. Murió un polifacético magnífico. Un adelantado. Al igual que con el Negro Fontova, su partida provocó desde el primer momento una tristeza unánime porque, encima, su condición de muy buena persona, solidaria, humilde, no deja huecos para cuestionarlo ni aun por parte de quienes resistían que, en lo ideológico, fuera un hombre progresista que nunca se equivocó de lugar.”

Alejandro Pont Lezica: “Fue como un ángel guardián. Alguien que estaba siempre cerquita, con la mirada precisa para iluminarte, para desconcertarte y decir 'ah, es por acá', y con esa generosidad en su humor, en su manera de reír, en esa humanidad que no pasaba desapercibida. El buscaba lo que venía. Encontraba hacia dónde giraba el mundo, sabía analizarlo desde lo racional, pero gracias a su sensibilidad. Y sabía enseñarnos. Cuando uno escuchaba sus entrevistas, la pregunta, la mirada de lo que no se te había ocurrido que podía contestar ese artista entrevistado. Eso de rascar y encontrar la esencia para ponerla delante de tus ojos.... no siempre tenemos la suerte de encontrarnos con personas como él. 'El tiempo pasa, nos vamos poniendo tecnos', es una sentencia del año 84, 85… tecno, una palabra que algunos del mundo de los disc jockey la usaba, y Tom la vio. Los que tuvimos la suerte de conocerlo, de compartir ideas, de trabajar en algún momento junto a él, no lo vamos a olvidar nunca. Gratifica que en Radio Nacional, gracias a una conversación con León Gieco, estén al aire las grabaciones encontradas de Tom, disponibles para las nuevas generaciones”.

Jorge Dorio: “Hicimos radio juntos muchas veces. Compartimos estudios en Belgrano, en Del Plata, época La venganza será terrible, en Radio Provincia, donde yo hacía Con todo al aire, y después venía Taxi, el programa de Tom. Nos conocimos hace una eternidad, a comienzos de los ochenta, cuando era Carlos Galanternik, y era un psicólogo del grupo experimental Cero. Yo solía frecuentar su oficina de Callao y Santa Fe, donde tenía un flipper, y nos juntábamos con Quique Fogwill para hablar de poesía, o jugar a esa máquina. Secuencias inolvidables, claro. El presentó mi libro La mujer Pez... No sé… un cachetazo atrás del otro, primero el Negro Fontova, ahora él. Siento un dolor muy fuerte por ambos”.

Teresa Parodi: “Tengo una gran tristeza. Creo que fue muy injusto lo que pasó, ese terrible accidente que lo alejó de sus placeres. Sé que estuvo rodeado del amor de los suyos, pero su ausencia se notó, y se va a seguir notando. Era un tipo formidable, una gran persona. Todo lo que hacía, lo hacía con pasión y entrega, en todos los lugares donde trabajó para difundir las distintas formar del arte, convencido de lo que hacía. Yo trabajé muchos años con él, pero fundamentalmente durante los tiempos que estuve en el Ministerio, la presencia y la voz de Tom era convocada siempre. Prefiero recordarlo  activo, dispuesto, con esa tremenda alegría que tenía, cuando hacía lo que sentía, lo que quería. Todo es más duro en este tiempo de cuarentena… las palabras nunca alcanzan para estos adioses tan grandes. Hombre íntegro y cabal, Tom, con una hermosa manera de ser.”

Producción: Cristian Vitale.

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