La hora del dibujo en Instagram

Un mundo para habitar entre todos

A través de las redes, el arquitecto y dibujante Víctor Cittá Giordano comparte encuentros de dibujo para revertir el clima del encierro.
"Lo que trato de hacer es transmitir la pasión por el dibujo", dice Giordano.  "Lo que trato de hacer es transmitir la pasión por el dibujo", dice Giordano.  "Lo que trato de hacer es transmitir la pasión por el dibujo", dice Giordano.  "Lo que trato de hacer es transmitir la pasión por el dibujo", dice Giordano.  "Lo que trato de hacer es transmitir la pasión por el dibujo", dice Giordano. 
"Lo que trato de hacer es transmitir la pasión por el dibujo", dice Giordano.   

Todos los días a las 18 –también domingos– La hora del dibujo reúne vía streaming, por Instagram (@monocittá), a todo interesado por participar de un mundo sin límite de edad. Ese mundo es el dibujo. Y la puerta de acceso es para todas y todos. No hace falta “saber dibujar”. Antes bien, de lo que se trata es de compartir. Y esto es algo que Víctor Cittá Giordano ofrece de manera generosa y sensible.

“Dibujo desde siempre”, dice. En su recorrido hay muchos momentos de relieve: “Cuando llevé mis primeros chistes a la revista Risario”; el recuerdo de “mi papá, Pedro Giordano, dibujante del diario La Tribuna”; “Roberto Shiira, mi profesor en la carrera de Arquitectura, un capo, él dibujaba y me transmitió la pasión además de mucha información”; “di clases en la facultad, cursos, siempre rodeado del ámbito del dibujo. Hace unos años comencé a pintar, me metí en diseño textil, empecé a hacer de todo lo creativo una misma cosa. Gané la Bienal de Arte-Moda en 2000, fuimos a España a capacitarnos. Comencé a hacer cosas con Martín Churba, con quien colaboro normalmente, y hace cinco o seis años que llevo adelante unas sesiones de dibujo. Se llaman Monográficos, porque me dicen Mono”, ríe mientras continúa.

Es esta deriva la que suscita en Cittá Giordano “una intuición”, que él explica: “Me preguntaba por qué la gente no aprendía a dibujar o había dejado de hacerlo, o por qué dicen que no saben o que tienen miedo. En realidad, me di cuenta de que le tienen miedo al juicio del otro. Yo hago yoga, así que empecé a combinar prácticas. Por medio de procedimientos de meditación y sobre todo de respiración, podés sacarte estos rollos de la cabeza y dejar de tener miedo, para expresarte”. Por allí surge entonces La hora del dibujo. Como apunta su mentor, “este espacio está pensado para la gente que dice que no sabe dibujar. También es un espacio dentro de este aislamiento forzoso, porque me imagino las situaciones dentro de las casas: los primeros días está todo bien, pero después ya se empieza a poner denso y empezamos a pelear con los pibes o las parejas. El dibujo es una actividad que se puede compartir y pensar de manera colaborativa, para despejar un poco todo ese mal ambiente o hacer más llevadero el aislamiento”.

De esto hace tres semanas. Y a la cita diaria de las 18 ya la siguen más de 100 personas, de edades variadas, con o sin formación. Según Cittá Giordano, “me gusta que el dibujo salga de la especialización y se meta en las casas, y que la gente vuelva a dibujar como método de expresión, porque es genuino. Martín Churba está haciendo algo similar con el diseño en Buenos Aires, y fue charlando con él cómo surgió la idea. Como no podía dar los talleres que tenía previstos, surgió esta forma de compartir el saber. No son clases de dibujo. Sino que lo utilizamos para llegar a la gente y unirnos, para ayudar a expresarnos. Me gusta esa idea. Ya vendrán luego los talleres, ahora es otro momento, donde se trata de entender que el dibujo es sanador y salvador. Es curativo”.

Víctor Cittá Giordano.

Las imágenes que la cuenta de Instagram ofrece, permiten entrever el mundo de coordenadas personales y amables que habita Cittá Giordano. “Yo me armé un universo acá adentro, en la planta alta de la casa de mi mamá. Me armé una especie de set de filmación, un espacio que es casi como el submarino amarillo. Tengo telas que estampé, piezas que construí para el Mercado de Frutos Culturales, donde hice una intervención muy grande, cosas que hemos colgado en el Museo Estévez, en el Juan Murray. Tengo todo esto más todos los instrumentos de dibujo. Lo que trato de hacer es transmitir la pasión por el dibujo, y para distintas edades. Hay algunos que ya dibujan, otros que se están iniciando. Hay chicos de la edad de mis hijos, entre 13 y 14 años, y tengo cosas para ellos. Hay otras para hacer en conjunto. Hubo una semana donde hice collages para que los adultos hicieran su aporte y los chicos otro, y dejar así una huella de esta pandemia para más adelante. El espíritu es éste y lo acompaño con música”.

Si no hay niño o niña que no dibuje, entonces tampoco hay adulto que no lo haya hecho. Según Cittá Giordano, “nuestros viejos nos guardaban las carpetas de jardín de infantes, pero no te guardan los cuadernos de 5º grado, como si toda aquella genialidad fuera desapareciendo”. Entre sus maneras de vivir el dibujo, hay una apreciación perfecta: “Cuando entro a una librería, para mí es como entrar a la panadería, está genial. Yo les saco punta a los lápices al inicio de la transmisión, y los huelo como los cocineros a la salsa. Trato de pasar ese tipo de sensibilidad, para que la gente no tenga vergüenza de oler un lápiz o tocar una hoja. El dibujo es algo más amplio, tiene que ver con lo sensorial. Dibujamos con lápices pero también con el corazón, con una sonrisa. Cuando estás dibujando te descubrís sonriendo, estás en compañía. Me gusta esa imagen, y todo lo que envuelve a la acción del dibujar. Esto es lo que trato de transmitir, antes que técnicas”.

Pareciera que es sobre el misterio de los primeros trazos donde Cittá Giordano busca todas las coincidencias. En este sentido, agrega que “hay que incorporar la gráfica al cuerpo, usarlo, meter el dibujo en el cuerpo. Por ejemplo, se puede analizar cómo tomamos los lápices. Los chicos comienzan a tomarlo primero como un estilete, lejos de la escritura. Luego se acercan al lugar donde se inventa el trazo, y arrimamos la mano adelante. Empezamos a pasar el dedo chiquito sobre el papel por la textura. Hay todo un análisis al que muchas veces pasamos por arriba. Afinar esa mirada sensorial es lo que más me gusta. Es una hermosa manera de interesar a quienes no saben por dónde arrancar. Y funciona”.

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