El cheque que firmó la mano de Maradona pagó parte de la deuda contraída en Milán y evitó el desalojo de Italia. Había que ganar para tener acceso a la segunda ronda y la selección nacional cumplió el trámite con eficiencia, pero lo peor que podría pasarle es que ya piense en la final del Mundial. Todavía falta un largo trecho hasta el 8 de julio y el camino al estadio Olímpico está poblado de obstáculos, varios de ellos de exclusiva pertenencia del propio equipo de Bilardo. Del mismo modo que hace unos días, cuando Camerún abrió los ojos de los más despistados, este diario afirmó que el árbol no estaba caído, ahora es tiempo de mantener la misma prudencia para no volar tan alto cuando recién se despegó.

"Yo noté cambios anímicos, nada más. En lo táctico fuimos el mismo equipo", decía Carlos Bilardo —coincidimos— en la conferencia de prensa posterior al partido y organizada con la habitual desorganización de los napolitanos. Si la medida es la tarde de Camerún, resulta indudable que la noche de San Paolo marca un adelanto en el rendimiento general. Se mantienen las dudas respecto de la eficiencia del sistema y de las respuestas individuales de algunos hombres fundamentales que deben aparecer cuando el equipo no funciona. Para comprobarlo queda el partido —también decisivo— con los rumanos y si se salta esa valla, habrá una ronda siguiente para continuar ratificando ideas, conceptos. Con los africanos se llegó al arco tres veces, una de Sensini; dos de Balbo. Anoche hubo dos goles y varias situaciones más en la segunda parte, cuando los soviéticos se abrieron en el fondo por el hombre de menos que les dejó la expulsión de Besonov y por la obligación de ir a buscar el empate. Sergio Goycochea fue un feliz reemplazante del fracturado Nery Pumpido y sus atentos reflejos impidieron una igualdad que hubiera roto todos los planes de permanencia en el Mundial. Por el contrario, el error de Kutznezov, el cambio de criterio de Friederiksson al aplicar por primera vez la ley de ventaja, dejó solo a Burruchaga para poner el segundo gol en el arco de Uvarov y definir el pleito. Si el gol llegaba en el otro arco, nada había que decir. Después si. Después pudo aumentar la selección.

Olarticoechea, Troglio, la feroz marca de Monzón sobre Protassov, la corrección de Serrizuela, la aparición en los momentos en que el equipo más los necesitaba de Maradona y, en segundo plano, de Burruchaga, más el buen segundo tiempo de Caniggia, fueron las bases donde se asentó la victoria argentina. Descontando la mención anterior del arquero y obviando el gro ro penal de Maradona que el juez sueco, a pocos metros de la jugada, prefirió ignorar. Mejor no pensar si, a los diez minutos de juego, con los jugadores recién plantados en la cancha, la Unión Soviética se ponía arriba en el marcador. Ese temperamento, esa fuerza anímica —esas pelotas, vamos a decirlo de una vez— que pusieron los once argentinos no garantizaban claridad y sensatez a la hora de pensar, si el resultado venía mal barajado de entrada.

Asi reflejó Rep el gol de Burruchaga ante la Unión Soviética en Página/12.

"Diego tiembla"; "Diego: ayúdennos, napolitanos"; "Adentro o afuera"; "Todo o nada", fueron los títulos más destacados de la prensa deportiva italiana anunciando el lance. Buena manera de pintar el clima previo que la gracia natural de los napolitanos transformó en una fiesta y carnaval que abajo, en la cancha, no tuvo su correspondencia. En las tribunas —pobladas, pero con mucho espacio libre— del San Paolo hubo apoyo incondicional para Maradona, respuestas al Norte — "Milán, Milán, va-fan-gulo" — festejos por la victoria del hijo adoptivo, pero nada de desenfreno, nada de locura colectiva, nada de desborde por lo que daban los que estaban allá abajo. Los turistas argentinos y los barras bravas se comportaron como señoritas, se conformaron con acompañar los gritos de los dueños de casa. Diego había pedido "ayuda, pero no sé si tengo derecho, por que en Nápoles ya me dieron todo lo que tenían" y agradeció al final, como en un escenario, retribuyendo aplausos con aplausos. "Diego es una catedral en medio del desierto", dijo, ingenioso, uno de los responsables de la Curva B, la brava del Napoli, refiriéndose a la selección.


Burruchaga se comprometió mucho más con el partido y, sin embargo, se encontró pocas veces con Diego. Basualdo jugó de 4, sin vueltas, y picó varias veces al vacio. Del otro lado, con más oficio, Olarticoechea hizo lo mismo y provocó el centro que desnudó la pésima marcación de Khidiatulin y Gorlukovich para que Troglio metiera el frentazo del primer gol. La movilidad de Caniggia en la segunda parte corrigió el estatismo del primer tiempo y la regularidad de Troglio fue garantía para asegurar el propio trabajo y el que no podía hacer Batista, de lentitud alarmante. Los soviéticos encontraron siempre el hueco para rematar de media distancia y convertir a Goycochea en la figura de la noche. Nadie tomaba al hombre que siempre quedaba libre. Batista no llegó nunca a ningún lateral y si lo superaban a Troglio, con Monzón preocupado en Protassov, Simón libre, Serrizuela haciendo zona o superado en el campo de los volantes y Basualdo y Olarticoechea cuidando las puntas que dejaban los soviéticos, el remate de lejos resultó la mejor arma para atacar a la selección.

El Corriere dello Sport, uno de los diarios deportivos de masiva venta en Italia, advirtió que "la revolución de los cinco cambios fue im puesta por Julio Grondona", quien seguramente en la euforia del triunfo, dirá "a ver qué escriben ahora", sin aclarar nada. Grondona o Bilardo, los cambios fueron los necesarios. El equipo se levantó de la tumba en la que se había calda después del suicidio de Milán y se puso a caminar buscando acreedores. Anoche pagó la primera deuda contando las últimas moneditas. Todavía no regaló nada.

* Nota publicada en Página/12 durante el Mundial de Italia '90.


2 ARGENTINA:
Pumpdo; Simón; Monzón, Serrizuela, Basualdo, Troglio, Batista, Olarticoechea; Burruchaga; Canigga, Maradona. DT: Carlos Bilardo.

0 URSS: Uvarov, Jdiyarulin, Bessonov, Kuznetzov, Gorlurkovich; Aleinikov, Zigmantovich. Shalimov. Zavarov; Protassov, Dobrovolski. DT: Valery Lobanovsky.

Estadio: San Paolo (Nápoles). Árbitro: Erik Fredriksson (Suecia).

Goles: 27m Troglio (A). 78m Burruchaga (A).

Cambios: 11m Goycochea por Pumpido (A); 75m Liutvi por Zavarov (US) y Litovchenko por Protassov (US). 78m. Lorenzo por Monzón (A). Incidencias: 48m expulsado Bessonov (US)