ADRIÁN CARBONETTI 

LAS LECCIONES DE UNA GRIPE QUE MATÓ A MILLONES 

Hace algo más de un siglo, otra pandemia aterrorizó al mundo: la gripe española. El doctor en Historia de la Universidad de Córdoba reflexiona sobre los efectos de esta enfermedad en Argentina y señala a la desigualdad como un factor clave para la catástrofe sanitaria de 1918.
Adrián Carbonetti (derecha) en la apertura de un centro de estudios de la UNC.Adrián Carbonetti (derecha) en la apertura de un centro de estudios de la UNC.Adrián Carbonetti (derecha) en la apertura de un centro de estudios de la UNC.Adrián Carbonetti (derecha) en la apertura de un centro de estudios de la UNC.Adrián Carbonetti (derecha) en la apertura de un centro de estudios de la UNC.
Adrián Carbonetti (derecha) en la apertura de un centro de estudios de la UNC. 
Imagen: Gentileza del CONICET

Si “la historia es cíclica” es el proverbio económico argentino por excelencia, la vigencia de esta máxima del saber criollo puede extrapolarse y verificarse en la actual crisis del COVID-19, con un derrumbe sistémico que es nuevo para el capitalismo, pero viejo para la humanidad: hace 100 años, la gripe española se cobró millones de vidas en todo el mundo y prorrogó la depresión económica de la Primera Guerra Mundial. Para tener una perspectiva histórica que permita capitalizar errores y aciertos de la gestión de aquella enfermedad, el Suplemento Universidad entrevistó a Adrián Carbonetti, licenciado en Historia y doctor en Demografía por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), y director del Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad de esa misma Casa.

Carbonetti estudió los efectos de la gripe española en Argentina y publicó sus investigaciones -un trabajo difícil a raíz del escaso registro existente en el país sobre la dolencia- en numerosos artículos disponibles en la web del CONICET y en un libro que presentará en vivo este jueves 25 a las 19 a través de la cuenta de Facebook @Editorial.de.la.UNC.

- ¿Cómo afectó la pandemia de 1918 a la Argentina?

- La gripe española se desarrolló en dos oleadas: de octubre a diciembre de 1918 y de mayo a agosto de 1919. La primera oleada se concentró en la zona de Centro, Cuyo y el Litoral, duró apenas un mes y medio, dejó 4.000 muertos en total y no provocó una caída de la economía. Si bien hubo muchos enfermos y el Gobierno ordenó parar los talleres y establecimientos de servicios con más de un tercio del personal contagiado, la economía siguió adelante. Además, se cerraron lugares de espectáculos para evitar contagios masivos.

La segunda oleada ingresó por el norte y se desarrolló por todo el país con una alta mortalidad, en especial en el noroeste. En total, causó 18.000 fallecimientos y esta vez afectó a todas las provincias, mientras la Ciudad de Buenos Aires resultó la zona menos perjudicada. Prácticamente por tres meses, el denominado “interior” de la Argentina quedó paralizado y eso provocó una caída en el PBI. Es posible que esto haya generado un parate en la producción agropecuaria, en ese entonces uno de los principales motores de la economía junto al sector de los servicios.

- ¿Qué cambió a nivel salud en el país luego de 1918?

- Fue ahí cuando comenzó a crecer el sistema sanatorio destinado a combatir la tuberculosis. Como señala el historiador Emilio Coni (1886-1943), es posible que el aumento de mortalidad por tuberculosis potenciado por la gripe española haya puesto al Estado a construir sanatorios y aumentar las camas para enfermos de tuberculosis. A pesar de haber sido poco documentada en Argentina, la gripe española constituyó aquí un hito más en un proceso de cuidados personales y sociales que venía imponiéndose en el país desde el siglo XIX, luego de atravesar crisis de cólera, fiebre amarilla, paludismo, viruela y sarampión. Estos cuidados tenían que ver, justamente, con la higiene personal: lavado de manos y baños frecuentes. No fue casualidad que en aquellos años los periódicos comenzaran a publicitar calefones, desodorantes y desinfectantes, elementos necesarios para mantener la salud de la población. Por otra parte, se intensificaron cuidados sociales y del medio ambiente efectuados en anteriores pandemias y epidemias: limpieza de veredas, blanqueamiento de paredes, mayor atención para los conventillos y erradicación de basurales y zonas de agua estancada.

- ¿En qué marco social se producían las epidemias y pandemias en esos años?

- El régimen epidemiológico era cruel, con epidemias y pandemias recurrentes, fenómenos abonados por una sociedad desigual con amplios sectores en la pobreza extrema y con problemas de higiene social y personal. Además, los distintos niveles del Estado eran en general pobres e invertían poco en salud. Hay ciertos indicios de que, si bien no hubo cambios institucionales mayores y generales en el sector público, sí es posible que haya habido más preocupación por la higiene personal. Esto se infiere a partir de los indicios que nos dan, por ejemplo, las mencionadas publicidades.

- ¿Qué debemos tener en cuenta de la pandemia de 1918 para evitar errores?

- La gripe española dejó un saldo de muerte devastador. Algunas familias perdieron prácticamente a todos sus hijos. En Argentina la desigualdad fue un factor clave. Salta tuvo una tasa de mortalidad de 120 por 10.000, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires la tasa fue de 7 por 10.000, por ejemplo. Esto muestra cómo los niveles nacional y provincial del sistema sanitario estaban dislocados: las medidas llegaban antes a Buenos Aires, el 50 por ciento de los médicos del país vivía en la Ciudad y los recursos materiales también se concentraban ahí. En cambio, la información a Salta llegaba tarde y la provincia difícilmente destinaba sus escasos recursos a la salud: tenía poco personal sanitario, pocos hospitales y la sociedad salteña era una de las más desiguales de la Argentina, con un alto porcentaje de analfabetismo. Hay que tener claro que no se puede generar una salud pública coherente si amplios sectores se encuentran viviendo por debajo de la línea de pobreza y con déficit habitacionales generalizados. Eso es algo que tenemos que cambiar. 

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