ITALIA 90 La selección argentina quiere más

El despertar de un sueño 

Festejo sobrio y medido del equipo de Bilardo en Trigoria tras la obtención del pasaje a la final del Mundial
Diego Maradona celebra el gol de Caniggia, mientras los italianos lo sufren. Diego Maradona celebra el gol de Caniggia, mientras los italianos lo sufren. Diego Maradona celebra el gol de Caniggia, mientras los italianos lo sufren. Diego Maradona celebra el gol de Caniggia, mientras los italianos lo sufren. Diego Maradona celebra el gol de Caniggia, mientras los italianos lo sufren. 
Diego Maradona celebra el gol de Caniggia, mientras los italianos lo sufren.  
Imagen: AFP

Desde Roma

De golpe se guardaron todas las banderas que colgaban de los balcones. Hay una pesadumbre en el ambiente que se adviene con sólo caminar por las calles. "Il Mondiale é finito", repite cada uno de los italianos que todavía no pueden creer lo que pasó en Nápoles. Sólo en Trígoria hay clima de Mundial. Nadie esperaba el derrumbe desde tan alto de Italia. Ni que Argentina llegara tan alto. Menos jugando de la forma en que lo hizo.

El cimbronazo que significará esta eliminación para Italia empezará a verse en los próximos meses, cuando el negocio que se mueve alrededor del fútbol comience a decaer en los balances de los contadores. Por ahora sólo hay un lamento. Los dos diarios deportivos más importantes, Corriere dello Sport y Gazzella dello Sport, unificaron criterios y titularon sus ediciones con las mismas palabras: "Italia, noooo". En la pelea de entrecasa, ahora el que era un sólido grupo de jugadores se desvencijó echándose culpas entre los hombres más importantes. Y la gente, en la calle, no sabe qué decir.

Algo parecido, pero en sentido contrario, ocurría ayer en Trigoria. Tampoco había mucho para decir, salvo expresar la alegría por la impensada llegada a la final del domingo. Por un camino que conviene recordar siempre, para que después no se diga que este equipo es una maravilla, se llegó al Olímpico de Roma. Donde debería estar Italia. El negocio se vino abajo. Bilardo aprovecha para mostrar sus blasones. ¿Hay una mentira colectiva o realmente tiene razón?

Giuseppe Bergomi deslizó la culpa de la derrota sobre Walter Zenga: "Creo que calculó mal la salida en el gol de Caniggia", dijo el capitán. El arquero, habitual presentador de un programa deportivo por TV, prefirió pelearse verbalmente con los finalistas: "Algunos jugadores argentinos, menos Maradona, no se comportaron bien dentro de la cancha, hablaron mucho, pero eso ya lo arreglaremos en el torneo italiano", comentó.  Claudio Caniggia, desde Trigoria, contestó que "a Zenga le gusta hablar mucho, ahora que se calle un poquito". La prensa, en tanto, critica a Vicini por haber puesto a Vialli de entrada sacrificando en el banco a Baggio. Es la misma prensa que el día anterior a la semifinal le exigía el ingreso de Vialli por Baggio.

Más de 300 periodistas, dirigentes que nunca habían estado, algunos hinchas en el portón de entrada le dieron el marco al entrenamiento de los jugadores de la Selección que no jugaron en Nápoles, o los que tuvieron menos desgaste: Batista, Troglio, Bauza, Cancelarich, Comizzo, Sensini, Fabbri, Lorenzo, Dezotti y Balbo anduvieron un rato correteando por la cancha, vigilados por el profesor Echeverría. El resto, sólo algunos, salió a hablar con la prensa. La mayoría prefirió recibir a la familia y algunos se recluyeron dentro de la villa. Maradona, por ejemplo.

Hay algo en lo que no se puede criticar a este plantel. Siempre supieron sus limitaciones. Aceptaron haber jugado mal la mayoría de los partidos y ahora festejan en la intimidad este acceso a la definición. Nadie dice "somos los mejores". Maradona mismo reitera, cada vez que puede, "con Brasil fue un milagro, con Italia no y ahora en la final no se qué puede pasar". Carlos Bilardo tiene el rompecabezas más complicado del Mundial para el último partido. Están afuera Batista, Caniggia, Giusti y Olarticoechea por las amonestaciones. Burruchaga y Maradona son los más sentidos por el cansancio de dos partidos de 120 minutos cada uno.

El resto es lo que le queda y todo dependerá de la variante táctica que decida Bilardo. Está cantado el ingreso de Dezotti por Caniggia, Sensini podría ir por Olarticoechea, Troglio casi seguro por Giusti, pero también se especula con Monzón como stopper y con Serrizuela y Troglio en el medio, quedando afuera Calderón. Son especulaciones, se repite. Bilardo dijo que el equipo lo da "el viernes".

Ahora, nadie se conforma con el subcampeonato. Ahora quieren hacer doblete. Ya no se habla del distanciamiento entre varios miembros del cuerpo técnico, que si existe. Ahora tiene razón el profesor Echeverría cuando justificaba el escaso nivel físico del plantel en las dificultades que tuvo para reunirlos y trabajar con todos al mismo tiempo. Ahora los dirigentes no piden la cabeza de Bilardo. Como siempre, el exitismo aparece en estos casos. La selección puede ser campeón otra vez. Lo habíamos dicho antes del torneo cuando lo incluíamos entre los candidatos. Que haya llegado a esta instancia jugando bien sólo un partido marca el nivel del fútbol que se jugó en este torneo, como también lo señala el arribo de Camerún a los cuartos de final, el fracaso holandés, la ida inesperada de Brasil, la derrota italiana.

Del mismo modo que la performance de los argentinos mantiene abierto el negocio del fútbol en el país, sin detenerse a evaluar profundamente cómo se logró esta performance, el negocio se mueve con resultados. Lo del gusto futbolístico, que defenderemos a muerte, es otra cosa. Y si el negocio argentino sigue vivo porque seguirán llamando a los nuevos valores desde el exterior, si Bilardo seguirá siendo hombre de consulta con esta actuación, en Italia habrá varios inconvenientes con esta caída. 

Para la próxima temporada están vendidos los boletos para casi todos los partidos de local del Juventus, Milán, Inter y Napoli. Los equipos más chicos no tienen la misma suerte y se espera una merma en las recaudaciones. También con las críticas al equipo nacional aparecieron los primeros reclamos "oficiales". La Roma, el equipo que preside Dino Viola y que acaba de comprar a Aldair, pidió un mayor porcentaje del Totocalcio, el PRODE local, negado por el Estado. Las editoriales perderán millares de ejemplares de venta, los ratings de televisión de los domingos, cuando se pasa el fútbol local, español, inglés, francés, alemán, argentino y brasileño, evidenciarán una disminución de televidentes. Ya mismo, ahora, los fabricantes de banderas, gallardetes y souvenirs han guardado los excedentes por falla de compradores.

"No estamos hechos. Siempre queremos un poco más porque siempre fuimos de punto, nunca fuimos "favoritos y también queremos ganar el segundo Mundial", decía ayer Batista. No importaba, a esa hora de la tarde, cuál rival sería el del domingo. Los italianos esperan su revancha y les quedan Bertold y Voeller en los alemanes, los dos jugadores de la Roma, para quienes inclinar su aliento.

Sólo quedan dos equipos, pero "Il Mondiale é finito". Italia todavía no despierta de su pesadilla, la peor de todas, mucho más que aquella del Mundial '66 cuando aparecieron los coreanos. Argentina no despierta de su sueño.

*Nota publicada en Página/12 durante el Mundial de Italia 90.

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