Homo Condicional

Desde Barcelona

UNO Escalada de verbos en modo condicional y basta ya --ruega Rodríguez-- de sería, protegería, contagiaría, vacunaría, provocaría, inmunizaría, etcéterarizaría. Ya se sabe, ya no se sabe, ya tal vez se sabe: "El resfriado podría protegerte de la covid" o "La OMS alerta de que una vacuna aprobada con prisas podría 'empeorar' la pandemia" o "Una investigación advierte de que la inmunidad protectora contra el SARS-CoV-2 podría ser corta" o "Enfermos de covid-19 podrían transmitir el virus hasta 90 días después del contagio" o "El aislamiento no sería necesario más allá de siete días" o...

Y, como si no fuese suficiente, potenciar condicionales con "cierto", "posible", "relativo", "probable", "eventual" para potenciar el defecto del efecto y no quede duda alguna acerca de que se duda de todo.

Y, claro, podría es la estrella y puede con todo lo que le pongan y echen. En el final sería el Verbo y el Verbo será podría.

DOS Así, Rodríguez opta por condicionales más trascendentes. Cosas como "Los científicos captan una enorme onda gravitacional que no debería existir". O "Podría haber vida en Venus" (que, ya sabe, equivale automáticamente a un "Podría NO haber vida en Venus", como tantos otros podría en Marte y, por favor, si hay vida que sea vida de verdad: extraterrestres y nada de esos flatos meteórico-cósmicos o bacterias raras como las que ya tenemos por aquí, ¿sí?). O "Así podría terminar nuestro sistema solar" (con infografías animadas en las que el Sol crece y devora todo, incluyendo a Shakespeare y a Bach y a Picasso y a Roland Emmerich). En cualquier caso ni Rodríguez ni nadie de los que orbitan a su alrededor estaría aquí para comprobarlo y dar noticia. Mientras tanto y hasta entonces, no dejaría de ser muy raro el que sí funcionase el confinamiento aplaudido pero no el desconfinamiento abucheado.

TRES "El 2026 tampoco sería el año de finalización de la Sagrada Familia", lee Rodríguez y nada le preocupa menos. El templo en construcción permanente se ha quedado sin fondos (por falta de turistas y ya se piensa campaña internacional para atraer a devotos; después de todo tiene la categoría de "templo expiatorio" lava-pecados para así recaudar más y mejor) y pospone "sine die" fecha de entrega. La idea era que fuese en el 2026: centenario de la muerte de Antoni Gaudí. Pero todo parece indicar que antes va a estar lista alguna de las vacunas más o menos eficientes para el covid-19. Esteve Camps --presidente delegado de la Junta Constructora de la Sagrada Familia-- se expresó con (in)condicional fervor: "No hay ingresos. Y sin ingresos no hay obras. La situación es totalmente incierta. Y el futuro, también... Si no es en el 2026 sería en el 2030 o el año que sea. Entre todos la terminaremos". Y lo cierto es que Rodríguez siempre prefirió la auténtica elegancia de lo inconcluso y vintage a cargo del autor antes que la vulgaridad de lo moderno concluido por más o menos autorizados. Rodríguez siempre pensó en que la basílica gelatinosa y chorreante bien podría alquilarse como residencia de verano para el Gran Cthulhu. Y, sí, no debió releer a Lovecraft estos días. Ni ver películas en Netflix que parecen reproducirse sobre sí mismas con potencia bacteriana. La otra noche vio una que tenía una escena que transcurría durante las campanadas del 31 de diciembre de 2019 y en la que pedían "salud para todo el mundo". Y, sí, las promesa/deseos de año nuevo son la zona/grado cero de la condicional: todo por verse o por no cumplirse. Luego, la trama saltaba varios meses --al verano del 2020-- y todo era muy raro, porque allí y entonces nadie usaba mascarilla ni se refería al virus. ¿Se habrían cumplido sus deseos? ¿Simón estaría en lo cierto cuando --condicional-- avisó en marzo de que en España "habrían tres o cuatro casos"? ¿Sánchez --quien ya avisa que "vienen semanas muy duras"-- habría tenido razón cuando aseguró en junio que habíamos "doblegado la curva" y que ahora había que "salir más fuertes" a las calles a "reactivar la economía"? ¿O era una película de ciencia-ficción/dimensión alternativa? Y solución a lo imposible de resolver: Rodríguez decide que todo el mal hacer y la excelente torpeza en la gestión de la pandemia no se debería a la incapacidad de los irresponsables sino a que se habría optado --sin condiciones-- por lo económico/político/ideológico antes que por lo sanitario/social/epidemiológico. Importan más los encuentros entre partidos opuestos (reunirse para luego de la reunión anunciar que volverán a reunirse, y pelearse) que los cuidados a los rotos (diferente "tratamiento" según barrio) y el escuchar a los expertos científicos fuera del gobierno. De golpe --gime Rodríguez-- así se entendería todo. Incluidas las turbulencias del cómo se cerraría y aislaría y madridizaría la que se viene por allí y del cómo se catalunyaizaría la inhabilitación del president que ya llegó por aquí. Mientras, no se sabe por qué se desinvitó al Rey a un acto en Barcelona, se rumorea el pronto retorno del Ex-Rey desde Abdu Dabi, y se duda acerca de las próximas cabalgatas de Reyes Magos. Y terrible paradoja: todo --en pretérito imperfecto-- estaba (o parecía estar) tanto más tranquilo en Estado de Alarma que en esta Nueva Sub-Normalidad.

CUATRO Más encandilado que iluminado, Rodríguez ve noticiero en el que aluden a "pandemia demográfica" y a que, para fin de siglo, "España no tendría más de 23.000.000 de habitantes". La mitad de los que tiene ahora y, como está la cosa, Rodríguez no esperaría flamantes oleadas migratorias desde el Nuevo Mundo para plantar semillitas y cosechar los campos del reino (incluyendo los cada vez más numerosos y frondosos de marihuana, que en los últimos meses se ha impuesto a las más "sociales" cocaína y éxtasis y derivados). Habrá que ir a rezar a la Sagrada Familia para que las familias no expiren y crezcan más y más rápido que el templo expiatorio.

Y lo más acondicionador de todo: Bruselas endurecería las condiciones para liberar las cada vez más condicionadas --y, parecería, menos abundantes-- ayudas económicas europeas y exigiría concreción de reformas retrasadas y se pondría en práctica sistema de calificaciones al pasar al frente y verbalizar proyectos prácticos y no teóricos.

Y Rodríguez se acuerda de su madre cantándole, cuando él era chico, aquel "Que será, será". Y de que a él le daba muchísimo miedo la letra de esa canción, tanto más ambigua y honesta que las de las cantinelas de las actuales y "emotivas" campañas de Bankinter llamando al levántate y anda del abundante pueblo pobre en el nombre de la contada riqueza. Entonces --como vacuna-- Rodríguez contra-recita "Triste historia", aquel certero poema de Jaime Gil de Biedma donde se avisa que "De todas las historias de la Historia / la más triste sin duda es la de España, / porque termina mal". Y esta profecía mucho más incontestable y firme y definitiva que tanta condicionalidad le inyecta a Rodríguez el consuelo de un final, sea cual sea. Pero el efecto dura poco --¿indulto o placebo?-- y no demora en comprender que el proceso de la grave onda gravitacional en esta historia incierta e indecisa e irresoluta continúa.

 

Y --entre tantos interminables sin principios que son el acabose-- continuaría, mal, hasta el más infeliz de los finales. 

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