No hay dudas sobre SeinfeldLa exitosa sitcom creada por Larry David y Jerry Seinfeld fue una fuerza cultural ineludible en los Estados Unidos, y se derramó por el mundo. La serie que presentaba a un comediante de stand up neoyorquino y sus inadaptados amigos –filosa, sarcástica, con una aguda observación social-, le tomó el pulso a los 90, generó cien imitadores y convirtió a su protagonista en marca registrada. El episodio final, en mayo de 1998, fue visto por más de 75 millones de personas.

Para comienzos del nuevo siglo, las estrellas y los creadores de Seinfeld ya habían cerrado la página para seguir adelante. Jerry Seinfeld inició un retiro de facto del negocio de la sitcom, moviéndose hacia las películas animadas para niños (Bee Movie) y, más tarde, al talk show (Comedians in Cars Getting Coffee). Seinfeld le dio a David una inmensa fortuna –las ganancias totales del show están estimadas en 3 mil millones de dólares-, pero no el estrellato que gozaron Seinfeld o los otros protagonistas, Julia Louis-Dreyfus, Jason Alexander y Michael Richards. Por ello, cuando se reveló que David estaría al frente de su propio show, no hubo gran expectativa. Pero el proyecto, titulado Curb Your Enthusiasm, se hizo rápidamente conocido por la suya.

Michael Richards, Julia Louis-Dreyfus, Jason Alexander y Jerry Seinfeld: jinetes del Apocalipsis en TV.

Curb Your Enthusiasm llegó a los veinte años en un paisaje televisivo muy diferente a aquel en que nació. Disparó una serie de imitadores, algunos buenos (The comeback), otros no (Lead Balloon; The Paul Reiser Show). Las celebridades ya se han parodiado a sí mismas antes en TV –incluyendo a The Larry Sanders Show en HBO, una influencia para Curb Your Enthusiasm-, pero la sitcom de David ayudó a popularizar la práctica, abriendo la puerta a series como Entourage, Extras y Episodes. El giro de autor de Curb y su estilo realista fue precursor de shows como Louie; y hay algo más que un poquito de David en la autoconsciente disfunción social de Hannah Horvath en Girls. Pero Curb sigue siendo por mucho lo mismo que fue siempre.

En 1999, un año después del final de Seinfeld, HBO emitió Larry David: Curb Your Enthusiasm, comedia metaficcional de una hora en la que David, interpretándose a sí mismo, se acerca a HBO para hacer un especial de stand up. Lo coprotagonizaba el comediante estadounidense Jeff Garlin, quien interpreta al manager de Larry, y Cheryl Hines como la esposa de Larry, junto a algunos amigos de la vida real. Aunque la trama estaba escrita, el especial era notable por sus diálogos, casi todos improvisados. Un año después y con algunos retoques, el especial fue adaptado y convertido en Curb Your Enthusiasm.

Ahora como sitcom, Curb vio a David, Garlin y Hines junto a la comediante Sussie Essman como la malhablada esposa de Jeff. Las reseñas de la época señalaron que la participación de Hines y Essman llevaban al show a otro nivel. Ambas ponían los trillados estereotipos de las esposas de sitcom en otro lugar, con otros matices y una química cómica superlativa.

Curb sacó partido de una televisión que empezaba a cambiar, que ya no se ceñía a los horarios rígidos de emisión. Y viniendo de HBO, la cadena que también había producido cosas como Los Soprano, The Wire y Six Feet Under (entre otras), Curb fue visto como integrante de un paquete de producciones de alta calidad.

Seinfeld fue a menudo etiquetada como “un show sobre nada”, algo bastante aplicable a Curb. El primer episodio (“The Pants Tent”) giraba alrededor de la más leve de las premisas: una discusión en la que un pliegue del pantalón de Larry es interpretado erróneamente como una erección. Los episodios siguientes se fijarían, como Seinfeld, en la vida diaria, en la miríada de reglas no expresadas y pequeñas injusticias que colorean lo cotidiano. Pero donde Seinfeld se hizo conocida por lo fácilmente relacionable, Curb filtró sus observaciones sobre la vida moderna a través de la deformada, truculenta psiquis del mismo Larry.

“En Curb Your Enthusiasm tomás a un idiota y lo convertís en un héroe”, dice Richard Kind, quien interpreta al odioso primo de Larry en varios de los mejores episodios. “Y Larry ha sido un héroe. El le habla a aquellos que son altos, o desgarbados, o pelados, no tu típica estrella de televisión.”

“Recuerdo a mucha gente que cuando comenzó no le gustaba Curb Your Enthusiasm”, dice Kind. “Decían que Larry los angustiaba, que no lo disfrutaban.” Es un reclamo que repitieron algunos integrantes del elenco, de Kind a JB Smoove, quien interpreta al huésped Leon. “La gente ama Curb, y ama odiarlo”, dice Smoove.

Desde el comienzo, Curb no estuvo interesado en complacer a la gente. A diferencia de Seinfeld, que se emitía en prime time en una cadena de cable que vigilaba su contenido, era vulgar, confrontativo, desdeñaba el tabú. Entre las líneas argumentales de las primeras temporadas: un obituario organizado por Larry en el que por error dice “una amada puta” en vez de “una amada tía”; Larry integra a la leyenda del tenis John McEnroe en un libro sobre fenómenos de circo; Larry finge ser un sobreviviente del incesto; Larry contrata a una prostituta para poder manejar su auto en el carril de auto compartido; Larry roba un bouquet de flores de un memorial; Larry se queja con un socio comercial del tamaño del pene de su hijo menor. Aun para un HBO atrevido, empujó los límites de lo que la TV podía hacer.

Curb le debe mucho de su éxito a sus jugadores secundarios, del ya fallecido Bob Einstein a Ted Danson y Shelley Berman, que recibió una nominación al Emmy (una de las 47 conseguidas en total por el programa) por su retrato del padre de Larry. Muchos de los personajes recurrentes eran amigos de Larry en la vida real, incluyendo a Richard Lewis, con quien se abrió paso en el circuito de comedia de New York. Sus escenas juntos a menudo se veían como el reencuentro de viejos amigos, pasando el tiempo y hablando sinsentidos.

“Nací en el mismo hospital que Larry, con tres días de diferencia”, dice Lewis, explicando la química de su larga relación. “Fuimos al mismo campamento deportivo cuando teníamos 12 años, y yo lo odié a él y él a mí. No quería verlo más. Era un imbécil larguirucho, y el me consideraba un imbécil gordito. No nos vimos hasta 12 años después, cuando éramos comediantes que comenzaban en New York. El era fan mío, y había algo sobre su cara que me asustaba. Era un poco como una película de Polanski. He estado sobrio por 26 años, pero entonces no lo estaba y quizá había tomado un poco después de mi set y le dije: ‘Hay algo en vos que es horripilante’. Y el se puso muy nervioso. Revisamos nuestra infancia y nos dimos cuenta que habíamos ido al mismo campamento. ‘¿Sos ese pibe? ¿Sos Richard Lewis? ¡Hijo de puta! ’, me dijo. El lo niega, pero yo quería agarrarme a trompadas”.

En la serie, Lewis a menudo ofrece el contraste con Larry, intercambiando insultos geniales (y no tan geniales) con su viejo amigo. Hay poca diferencia, dice Lewis, entre lo que se ve en la pantalla y lo real. “Los dos agraviamos al otro hasta la muerte”, dice. “Quiero decir, yo lo amo, haría cualquier cosa por él en la vida y él lo haría por mí, pero nos la pasamos molestando al otro. Cuando vuelvo a casa tras filmar, mi esposa puede preguntar qué tal fue todo y eso puede llegar a enojar: “¿Qué querés decir con ‘cómo fue todo’? Fuimos a un restaurant chino, Larry fue un completo idiota, me dijo que no comiera la comida porque él la quería y podía terminarse. ‘¿Qué querés decir con terminarse? ¡No se va a terminar!’. Después de eso hicimos la escena’. Y mi esposa me pregunta qué escena… ¡y era esa misma escena!”. Pero por debajo de todas esas pullas hay un sincero afecto. “Larry es como el Norman Lear de su generación”, dice Lewis, en referencia a un legendario guionista de sitcoms estadounidenses. “Y es uno de los tipos más caritativos que conozco”.

Lewis es una de muchas celebridades que se interpreta a sí misma en Curb, y esto, al menos al comienzo, era una necesidad. David insistió en que si aparecían personajes conocidos tenían que interpretarse a sí mismos para no romper el estilo del programa. Esto fue un problema cuando hubo que elegir a quien interpretara a Andy, el desmañado primo de Larry. “Larry David pensaba que era demasiado famoso para estar”, dice Richard Kind, quien, cuando Curb estaba todavía en sus inicios, era conocido por Mad About You y Spin City. “Todos los famosos que aparecían en el show lo hacían con su nombre”, explica. “Excepto por Ed Asner, porque su personaje muere, y Larry no quería confundir a la gente y que pensara que Asner había muerto, así que cambió su nombre”. Kind se quedó con el rol gracias a su buena audición. Aunque se describe a sí mismo como “un improvisador muy sobrevalorado”, Lewis celebra a David como “uno de los más brillantes improvisadores de la historia”.

En el naturalismo sin esfuerzo que impregna a Curb, como si la cámara se plantara frente a David mientras atraviesa su rutina diaria, reside buena parte de la artesanía de su producción. Esto se aplica al elenco, algunos de cuyos integrantes se ganaron los galones de la improvisación en Second City, reverenciada troupe de Chicago; pero también a David (a quien Kind describe como “meticuloso”) y los escritores y directores, una lista que incluye a Robert B. Weide, Larry Charles (Borat) y David Mandel (Veep). “Mucho de lo escrito e improvisado se termina de cocinar en la dirección”, dice Mandel. “A medida que la escena se arma, los actores improvisan y los guionistas tiran sugerencias, la dirección tiene que combinar todo eso. Es como si cada toma fuera una extraordinaria transmisión en vivo; algo muy estimulante, diferente a otros tipos de dirección”.

Mandel recuerda una escena de “Vehicular Fellatio”, un episodio de la séptima temporada: “Estábamos haciendo la escena en la que Larry se queja a Susie por el plástico duro del paquete de un regalo que ella le hizo”, dice. “Ella le dice que use un cutter, y Larry responde ‘¿Quién soy, Mohammed Atta?’ (en referencia a uno de los terroristas detrás del 11/9, que tenía un cuchillo escondido en su equipaje). Cuando Larry dijo eso, pensé que solo Larry y Curb podían hacer esa clase de broma. Me sentí orgulloso y feliz”.

En una entrevista reciente, David dijo: “Puedo actuar, escribir y editar al mismo tiempo. Durante una escena, siempre sé si lo que un actor está diciendo es utilizable o no.” Lewis lo confirma: “Larry tiene cuatro cabezas funcionando al mismo tiempo. No se considera a sí mismo un buen actor, siempre se desmerece sobre un montón de cosas. Pero por algo tiene tantas nominaciones, es muy natural. Le creés cuando habla, y eso es lo mejor”, dice. “Si podés ser creíble no tenés que ser Brando o Pacino, podés ser simplemente un buen actor.”

A medida que pasaron los años, Curb Your Enthusiasm creció y fue cambiando ligeramente, con temporadas que le dieron a Larry arcos narrativos más ambiciosos (incuyendo uno en el que Larry y Jerry organizan un especial de reunión de Seinfeld). Uno de los mayores desarrollos fue la adición de JB Smoove al elenco, interpretando al grosero e impredecible Leon Black. Leon llega a la serie cuando Larry se ocupa de unos parientes de Leon en New Orleans cuya casa fue destruida por un huracán (aunque de hecho es un residente de Los Angeles atraído por el pensamiento de una estadía gratis en la casa de Larry)

“Larry necesitaba otra oreja, otra voz”, dice Smoove. “El yin y yang. El tiene la chance de echar un vistazo a una vida a la que no está acostumbrado. Le doy a Larry otro carril donde moverse”, señala. “Cuando estamos en cámara, siempre le digo a Larry algo que no sabe sobre Leon. Cuando hacemos estas escenas, tomo la decisión consciente de cuándo ponerme de su lado y cuándo contra él. Cuál opción nos dará el mayor millaje. Lo elijo en el momento, y la mayoría de las veces los directores acompañan.”

Para el momento que llegó Leon (en la sexta temporada, en 2007), Curb ya era un éxito. Smoove llegó al show como fan; mientras trabajaba en Saturday Night Live solía elogiar a Dave con los demás guionistas. El funeral de un amigo lo llevó a Los Angeles por un día, y aún así tuvo tiempo para hacer una excelente audición. “Larry y yo la pegamos en esa audición”, dice. “El primer episodio que filmamos fue el de ‘la mancha en la sábana’ (en el que Larry confronta a Leon por lo que supone es una mancha de eyaculación). Después que hicimos esa escena, estábamos sentados a un costado y Larry me dijo ‘Se siente como si hubiéramos trabajado siempre juntos’. Y yo sentí lo mismo”.

“Nada ha cambiado con los años”, dice  Kind al reflexionar sobre el aniversario. “Excepto por la percepción de todos de estar en un éxito. Que están en un show televisivo muy exitoso y muy bueno. Al principio nadie sabía. No tenían idea de lo bueno que iba a ser”.

Ciertamente hubo momentos en los que el status de Curb como éxito certificado de HBO –y la propia, floreciente celebridad de David- se volvió imposible de ignorar. Aunque raramente se alejaba de los suburbios de Los Angeles, la segunda mitad de su octava temporada llevó a Larry de nuevo a New York. Para David fue la bienvenida de un héroe. “Filmamos por toda la ciudad, de Bronx a la High Line, y donde fuéramos había multitudes que se reunían para ver a Larry”, dice Mandel. “Le gritaban, lo aplaudían, nos regalaban comida en los restaurantes. Fue como estar con el Papa”.

Tras estar en el aire por dos décadas (más allá de una agenda intermitente que incluyó una pausa de seis años entre la temporadas ocho y nueve), la serie quizá empieza a mostrar signos de la edad. Lejos quedaron las esperas por una caja con todos los episodios, y también la regla de las celebridades interpretándose a sí mismas. Timothy Olyphant, Fred Armisen, Vince Vaughn, Bryan Cranston y Nick Offerman son solo algunas de las caras conocidas que aparecieron recientemente en el universo de Curb. Pero el show se mantiene fiel a su irreverente sensibilidad original.

La temporada 10 vio a Larry dar difusión al movimiento #MeToo, con una línea argumental en la que es acusado de acoso por su asistente; uno de los gags más divertidos juega con el exagerado parecido físico entre Garlin y Harvey Weinstein. Es la clase de material que la mayoría de los creadores podría manejar mal. Pero el episodio no apuntó específicamente a lo político; como en casi todos los casos con Curb, todo dependió de Larry.

 

Ya se ha confirmado que Larry, el último idiota-héroe de la TV, volverá a las pantallas al menos una vez más. “Créanme, yo estoy tan molesto como ustedes por esto”, señaló David en el comunicado que anuncia la temporada 11, a filmarse en unos meses. “Solo puedo esperar que un día HBO recupere el sentido y me dé la cancelación que tanto merezco”. Pero una persona con la riqueza de David no dedica veinte años de su vida a algo que no quiera hacer. No hay error: Curb Your Enthusiasm es un trabajo hecho con amor. Por la magia que sea, los frutos de ese amor siguen siendo tan dulces y maduros como hace veinte años.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.