Animal Urbano recupera una de las historietas más interesantes de la década del ’90 en la Argentina. En plena debacle menemista, con las editoriales comerciales importantes en retirada y el desamparo de tantos autores, surgieron varios proyectos independientes. El de Guillermo Grillo y Edu Molina es uno de los que mejor retrata esa época y la recopilación de Comic.ar Ediciones (el primero de tres volúmenes). Lo curioso es que tiene muchos paralelismos con el gran éxito comercial de la época (Cazador), pero desde lo simbólico e ideológico está lejísimos.

Animal Urbano es una suerte de Hulk villero. Una criatura apenas, que se alimenta de odio y rencor, y que salta inexorablemente en defensa de los desposeídos, sus vecinos villeros y los postergados del sistema. En este sentido, lo de Grillo y Molina es claramente un enfrentamiento de clase. Los propios villanos recurrentes de la saga lo explicitan cuando dicen que el protagonista “siempre defiende a los negros”. Así, a la hora de narrar los “orígenes” del protagonista (y todo superhéroe necesita su origen secreto, lo reclama el género), su génesis está en los secuestros de la dictadura y los infames vuelos de la muerte. La vigencia que los indultos decretados por el menemato todavía estaba fresca en la memoria de los autores cuando en 1994 comenzaron la historieta. Y el modus operandi de la maldita policía, también.

Lejos del habitual todossonlomismo que caracterizaba a Cazador, y a partir del cual ese otro relato de los ’90 construía su humor (guarro) y daba pie a la crudeza gráfica, acá el enemigo está claramente delimitado: la maldad recae en quienes provocan exclusión social y sufrimiento a las clases populares, en quienes aplican las políticas neoliberales y se erigen como continuadores de los dogmas económicos de la última dictadura cívico-militar y Martínez de Hoz. Así las cosas, hay poco espacio para el humor en las aventuras (o mejor dicho, escaramuzas) entre Animal Urbano y los villanos de siempre. La plena consciencia del origen del sufrimiento y del rasgo prácticamente elemental del protagonista corren esa posibilidad a un margen.

En lo gráfico, el lector puede apreciar el trabajo de Molina, que ya para entonces mostraba solidez como dibujante. Si bien es cierto que para entonces todavía tenía una influencia muy marcada de grandes figuras como Frank Miller o David Mazzuchelli (que por entonces estaban en su pico de popularidad), Molina consiguió tomar esas referencias y fundirlas con el paisaje suburbano y marginal de Buenos Aires. Por ejemplo, en la ficticia Villa Palito (que tiene como destino ser arrasada para dar paso a un barrio de lujo, como Puerto Madero). Hay una atención muy particular del dibujante a retratar con crudeza pero sin desprecio a los habitantes de las villas de emergencia de la Ciudad de los Extremos, que se adivina tristemente porteña. Si su dibujo dice algo negativo sobre alguien, siempre es sobre los militares, los policías, los políticos acomodaticios, y los cómplices civiles y eclesiásticos.

Un pasaje es particularmente revelador: Animal Urbano va tras un asesino serial, que resulta ser un fanático religioso, que lo considera un demonio. Y los autores dejan claro que su origen no es bíblico. Es, en todo caso, un emergente del barro –contaminado- que se subleva.


Lanzamientos

El último golpe (Ed Brisson y Lisandro Estherren / Multiversal Ediciones)

El segundo título de Multiversal recopila la miniserie publicada originalmente en EE.UU. por Boom! Studios. El relato sigue los pasos de un exasesino a sueldo que, ya anciano, cae en una trama de venganza que involucra a algunas de sus antiguas víctimas. Más allá de un par de tropos, el guión está bien resuelto. Pero lo que más destaca el dibujo del dibujante argentino, que hace un trabajo notable y consigue retratar expresivamente cuerpos por fuera de la norma del cómic mainstream.

Crímenes y castigos (Carlos Nine / Hotel de las ideas)

Crímenes y castigos “instaló” a Nine en Francia, cuando ya tenía en la Argentina una extensa carrera. Pero el mercado galo, el título era una rareza: historias cortísimas, con viñetas apenas sugeridas por la disposición de los textos y los dibujos, pero casi en el límite del lenguaje: ¿historieta o cuento breve ilustrado? Probablemente a Nine no le importara mucho. Y tampoco debería importarle al lector. La clave es estar dispuesto a maravillarse por la potencia del Nine ilustrador.

Los jinetes y la noche 1002... 1003... 1004... (Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena / LocoRabia)

Este nuevo tomo de la dupla lleva las aventuras hacia una arabia mítica. Effrits furibundos, califas ambiciosos, desiertos impiadosos, brujas que mantienen duelos de astucia con mercaderes. El escenario planteado por Alcatena es exhuberante (y tiene algunas de sus mejores páginas), y el relato de Mazzitelli gira siempre en torno a los límites de las ambiciones y de los ideales. Aunque el formato no tiene novedad respecto a trabajos anteriores de la dupla, los presenta en excelente forma.

Manta 4 (Jonathan Crenovich, Martín Mazzeo y Nicolás Brondo / Libera la bestia)

En la cuarta entrega de Manta el misterio persiste, al menos para los protagonistas, que siguen la pista de quienes liberaron un ataque ¿químico? en un parque de diversiones. En la trama de conspiraciones –que conviene seguir desde el primer número- abundan las referencias culturales, pero son más interesantes las otras alusiones –sutiles y no tanto- a la vida política de los últimos años, como el empresario que le recuerda a un presidente hundido en el agua que le debe su puesto.


Viñetas

Trillo, de regreso en Francia

Aunque ya pasaron varios años de su fallecimiento, Carlos Trillo vuelve a brillar en la historieta francobelga, ya que uno de sus últimos libros fue incluido en la Selección Polar SNFC (es decir, la selección de historieta policial) del prestigioso Festival Internacional de la BD de Angoulême. Se trata de Bolita, la última novela gráfica que realizó junto al también argentino Eduardo Risso. Serializado y recopilado primero en el país, el título llegó a Francia de manos del sello iLatina, que también publica en ese mercado a figuras como Quique Alcatena, Enrique Breccia o Domingo “Cacho” Mandrafina, entre otros autores latinoamericanos. El FIBD es uno de los más importantes de Europa y, como otros de su tipo, vio peligrar su próxima edición (en enero) a causa de la pandemia de coronavirus. Sin embargo, las autoridades del multitudinario encuentro confirmaron su realización bajo condiciones especiales, desdoblado y centrado en las actividades de vinculación profesional, antes que en la presencia masiva de público. Según explicaron algunos de sus responsables durante el anuncio, su realización es, en buena medida, también una cuestión de supervivencia para el evento mismo, más allá de lugar central que ocupa para la disciplina en su país y particularmente por la delicada situación que atraviesa el sector, pero sobre todo los autores, que llevan años reclamando mejoras en sus condiciones de contratación.

El recuerdo de Juan Giménez

Dos iniciativas mendocinas recuerdan a Juan Giménez, fallecido por coronavirus casi al comienzo de la pandemia. Giménez fue uno de los grandes historietistas que dio la provincia y aunque pasó la mayor parte de sus últimos años en España, murió a los pocos días de volver al país. Por un lado, el canal de YouTube de los Espacios Culturales Mendoza recuerda en un clip la muestra que se le dedicó en el ECA (Espacio Contemporáneo de Arte, https://youtu.be/cGR6hR4Idqc). Por otro lado, la escuela de animación y artes digitales ESCAAD armó un sitio dedicado a su obra desde múltiples perspectivas: http://www.escaad.com.ar/juan-gimenez/.