Un estreno sobre Pino Solanas

El documental inédito sobre El Viaje

La plataforma Puente de Cine rescata un diario de rodaje sin estrenar del film de Solanas, donde la vena crítica y poética del director sobresalen.
Pino Solanas en una escena del documental.Pino Solanas en una escena del documental.Pino Solanas en una escena del documental.Pino Solanas en una escena del documental.Pino Solanas en una escena del documental.
Pino Solanas en una escena del documental. 

Solanas en filmación

(Argentina, 1993)

Dirección: Dolly Pussi y Enrique Muzio.

Fotografía y Cámara: Marcos López.

Montaje: Mario Berardi.

Textos: Horacio González.

Voz en off: Alberto Thaler.

Producción Ejecutiva: Envar El Kadri, Djamila Olivesi, Mario García, Dolly Pussi, Settimo Presutto.

Asistente: Gonzalo Rodríguez.

Edición: Claudia Gaillard, Gabriela Espino.

Producción: Cinesur (Argentina) y Les Films du Sud (Francia)

Textos: Horacio González.

Duración: 51 minutos.

Disponible en Puentes de Cine.

7 (siete) puntos

Rescatar un documental sobre Pino Solanas es una noticia bienvenida y necesaria. Hacen falta más películas que hablen sobre las y los artífices del cine argentino. Solanas en filmación está abocado al acompañamiento del director de La hora de los hornos y El exilio de Gardel durante el rodaje de El Viaje (1992). El documental se estrenó en la sala virtual de Puentes de Cine, y coincide no sólo con el fallecimiento reciente (el 6 de noviembre pasado) y el natalicio (16 de febrero) de Solanas, sino también –todo hay que decirlo- con el deceso de Carlos Saúl Menem.

Quien haya visto El Viaje recordará, entre otras cuestiones, la referencia política inmediata, la de los años ’90 y el desguace del Estado argentino. Atilio Veronelli componía allí a un “Presidente Rana” de acento riojano inconfundible, arrodillado ante los mandatos de las potencias extranjeras, capaz de jugar –arrodillado también- un ridículo partido de tenis con el mandatario norteamericano. Alusiones risibles y contundentes sobre lo que acontecía aquellos años, y que a Solanas le valió un atentado contra su vida. Sobre éste la película hace su referencia –la balacera ocurrió en 1991 bajo la advertencia de que “la próxima es en la cabeza”-, y elige en su desenlace un discurso sin fisuras en donde Solanas pone el acento en la ley, nunca en la venganza.

Su capacidad oratoria será siempre recordada. Una de las muchas cualidades que reunía. Entre ellas, sobresalió el cine. Actividad que le valió un reconocimiento internacional en cualquiera de los grandes festivales del mundo. Su militancia fue política porque fue estética. Y esto es algo que se nota en el documental de Dolly Pussi y Enrique Muzio, llevado adelante a la manera de un diario de viaje –nunca mejor el término- sobre la película en cuestión.

En el recorrido, asoman las acciones y reacciones de Solanas tras la cámara. Un ejercicio de obsesivo. Félix Monti, el legendario (y magistral y tantos adjetivos más) director de fotografía, acompaña paciente la deriva de éste mientras mira y vuelve a mirar y busca imágenes que parecen a punto, en una insistencia que roza el desborde. A veces surgen desde lo previsto, cuenta Solanas, pero también a la inversa, cuando son las imágenes las que guían lo que seguirá.

En El Viaje, un joven Martín (Walter Quiroz) abandonaba su hogar lejano y gélido en Ushuaia para seguir tras los pasos de su padre, a quien apenas había conocido. El trazado del film guarda la impresión de una película rodada sobre la marcha, aun cuando se encontrara meditada y con previsión evidente. Director y equipo visitaron así Latinoamérica y a su gente, junto con la bicicleta con la que Martín perseguía el paradero de su padre, un arqueólogo que dibujaba historietas. En el recorrido de Martín (uno de los “Martines” de relieve del cine argentino, otro es Martín (Hache): Federico Luppi y Juan Diego Botto, padre e hijo en la película de Aristarain) los personajes que conoce se confunden con las páginas de aquellas aventuras. La referencia entre lo real y lo dibujado se articula, y aquellos dibujos habilitan un descubrimiento más hondo y social. Dibujos que, por otra parte, son obra de Alberto Breccia. La película está dedicada a Héctor Oesterheld (junto a Chiquinho Brandao y Astor Piazzolla). Oesterheld y Breccia fueron artífices de historietas como Sherlock Time, Mort Cinder, y una versión maldita de El Eternauta en 1969. Algunas de las muchas referencias desde las cuales intentar cifrar el cine y la persona de Pino Solanas.

Esta dualidad entre historieta y realidad puede traducirse también en el diálogo polémico entre ficción y documental. Solanas en filmación permite indagar en la cuestión desde el “cine de riesgo” que señala el director. En El Viaje –y en el cine “de ficción” de Solanas- la recreación se choca inexorablemente con lo que le rodea. De alguna manera, la cámara y los personajes intervienen en lo que es y no debe ser alterado. Es así como Solanas puede incluir en el trayecto de Martín, sus días de trabajo en las minas de oro de Serra Pelada, en el Amazonas, entre cientos de “hombres y niños sometidos a condiciones medievales de trabajo”, dice Solanas. Martín está entre ellos, actuando pero haciendo de veras lo mismo que esos trabajadores.

Son momentos en donde El Viaje se descubre a sí misma en su intención, en lo que invariablemente descansa bajo el tamiz de la elección formal. Si se piensa en La hora de los hornos y en cómo el cine del santafesino Fernando Birri la influyó –padre del documental moderno en Argentina-, lo que asoma es el cuño neorrealista, el del cine italiano de la posguerra, donde la cámara está al servicio de lo que sucede. Hacia allí se dirige. A dar voz a quienes no son retratados por los medios de comunicación y por el cine en general. A su vez, la variación misma que de las formas hace el cine de Solanas obliga a precisiones cautas, que nunca conforman cuando se trata de encasillarlas en géneros o categorías determinantes. Era dueño de una poética donde podía cohabitar todo, desde momentos musicales a pasos de comedia, el grotesco y el cine directo. Entre todas sus películas hay vías que comunican a cada una con la siguiente y la anterior, a partir de una discusión consciente con los contextos históricos que enfrentaron. Al (re)ver El Viaje y notar su pericia poética y urgente sobre lo que acontecía, lo que aparece es la pregunta sobre cuáles serían hoy las películas argentinas que continuaron un camino similar.

Solanas en filmación es un rescate que actualiza la voz del gran director de cine, desde el cual conocer algunas de las anécdotas de aquel rodaje –la cárcel de Usuahia convertida en escuela; su paciencia al borde de los gritos; Fito Páez siendo dirigido por Solanas-, como acicate al cine mismo del director. Viene bien, por eso y en compañía de este documental, revisar sus films, disponibles en la plataforma Cine.ar.

 

Suplementos
Suplementos
Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ