“Hola. ¿Mamá?”. “¿Quién habla?” “Tu hija”. “No puede ser: mi hija tiene ocho años”. La conversación –una entre tantas– se escucha en el penúltimo capítulo de Calls, la nueva y particularísima serie disponible desde ayer en la plataforma Apple TV+. La charla es también uno de los diversos cruces temporales que se producen a lo largo de los nueve capítulos de entre diez y veinte minutos de duración; fracturas del fujo espaciotemporal que permiten que dos personas ubicadas en distintos días (o meses o años) se comuniquen telefónicamente. Hay algo de ambas teorías de la relatividad y bastante de Isaac Asimov en esas instancias de realidad imposible, con sus paradojas a flor de piel estallando en infinitas posibilidades causales, aunque también acecha la posibilidad del horror, el existencial y el físico. Calls es la última aventura del uruguayo Fede Álvarez (Montevideo, 1978) en su país adoptivo, los Estados Unidos, donde desde hace una década viene practicando las artes cinematográficas con títulos como Posesión infernal (la remake de Evil Dead), No respires y La chica en la telaraña. Pero aquí las imágenes –que las hay, las hay– no son tan relevantes como la palabra: esta creación audiovisual, cuya traducción literal es un simple “Llamadas”, conjuga la modernidad sonora y visual con un género virtualmente extinto, el radioteatro. Álvarez no filmó ni un solo plano, aunque sí dirigió a un contingente de actores y actrices cuyas voces son acompañadas por un concepto gráfico abstracto y elegante. ¿Qué es entonces Calls? ¿Una radionovela sci-fi ilustrada? ¿Una tira de podcasts que vienen con imágenes de regalo? ¿Una serie convencional a la cual se le han eliminado los planos y secuencias visuales, conservando apenas la banda sonora? Mezclando las aguas de la experimentación de formatos y el clasicismo narrativo, los nueve cuentos de esta saga, a priori independientes, comienzan a adquirir un sentido coral a medida que los episodios avanzan, alternando tiempos y espacios de la geografía estadounidense, de Nueva York a un pequeño pueblo del Medio Oeste, de la actualidad a la década del 70 del siglo pasado.

“Mamá, soy yo. Es difícil de explicar, pero soy una mujer adulta”, continúa el diálogo. “Quería decirte que no salgas a buscarme hoy a la noche a la casa de mi amiga. Por mucho que lo ruegue, no lo hagas”. Desde luego, alterar el pasado para cambiar el futuro es peligroso, como los saben los Marty McFly de este mundo y todos aquellos que, tanto en la literatura como en el cine, osaron cruzar esos peligrosos límites que nunca deberían ser cruzados. Basada libremente en una serie francesa homónima, inédita fuera de Europa, Calls comienza con una historia aparentemente banal. Un hombre llama a su pareja, a quien no ve desde hace varios meses a pesar de la promesa de pasar juntos las fiestas de fin de año. El trabajo lo mantiene ocupado en otra ciudad, en el otro extremo del país, pero hay algo en su voz que hace que la mujer sospeche otras razones. Nada fuera de lo ordinario, hasta que un llamado posterior comienza a revelar la inquietante presencia de homúnculos, doppelgängers, seres aparentemente idénticos a los originales pero falsos de toda falsedad. El capítulo inicial se llama “The End” y en su remate se encuentra la clave de aquello que será dilucidado nueve episodios más tarde. En pantalla, junto a las voces cada vez más desesperadas de los personajes, interpretados por Nicholas Brown y Lily Collins, cada línea de diálogo aparece representada por su grafía, como si se tratara de una transcripción, mientras que los espacios y las distancias adquieren la forma de líneas y curvas. Como si fuera un viejo descansa-pantalla de Windows con gráficos del siglo XXI, las figuras geométricas se achican y agigantan, giran y se retuercen, saltan y se esconden. “Parte de lo que me hizo querer hacer esto es el recuerdo de cuando mi viejo me habló por primera vez de Orson Welles y de su adaptación radial de La guerra de los mundos”, afirma Fede Álvarez en comunicación con Radar desde Montevideo, “y toda esa cosa de los oyentes volviéndose locos al pensar que se trataba de algo real. De alguna forma, hace muchos años, quisimos recrear eso acá en Uruguay con Ataque de pánico”.

GENTE HABLANDO POR TELÉFONO

De apenas cinco minutos, ese cortometraje realizado en 2009 del otro lado del Río de la Plata retrataba una invasión de robots gigantes en pleno Montevideo, un tenso relato lleno de angustia y una ligera comicidad. Fue la carta blanca para su mudanza a Hollywood: luego de subir el corto a YouTube la viralización fue imparable y ello derivó, en cuestión de días, en una oferta del mismísimo Sam Raimi para dirigir una nueva versión de su clásico Evil Dead. Un cuento de hadas cinematográfico hecho realidad, sin carrozas transformadas en calabazas a la medianoche. Ahora, las imágenes de la hecatombe son reemplazadas por los más extraños sonidos y la descripción de los testigos de un cielo que se abre para recibir los cuerpos de toda la humanidad. O algo por el estilo. “La idea era generar mucho con muy poco”, continúa Álvarez. “Esa era otra de nuestras metas. Historias guiadas por las voces, sin tener que filmar nada, pero intentando llegar al mismo nivel de intensidad que si estuviéramos viendo imágenes. Ese era el gran desafío. Ahora bien, de haber contado solamente con las voces, Calls hubiera sido efectivamente radioteatro. Lo que queríamos era explorar, inventar un lenguaje visual. Tuvimos que empezar de cero, no sólo al escribir los guiones sino al pensar cómo lograr algo visual que fuera lo suficientemente fascinante o hipnótico, pero sin meterse en el camino de la imaginación del espectador. Una cosa es imaginarse un árbol y otra es ver un ombú, por ejemplo. Por eso los gráficos son tan abstractos. Hubo discusiones al principio: ¿y por qué no mostrar una cara? Pero nos dimos cuenta de que eso se iba a meter en el camino y haría que la experiencia fuera menos disfrutable. Hubiera sido una intromisión”. El realizador no cree que haya una reinvención de la rueda, pero Calls “intenta conjugar lo clásico con lo moderno para crear algo nuevo. Tiene un ADN clásico revestido de la tecnología actual”. Álvarez recomienda utilizar auriculares para escuchar la serie: la mezcla de audio en Dolby Atmos utiliza una técnica 4D para jugar con la posición de las voces y los sonidos, parte esencial del efecto narrativo buscado por cada una de las historias. ¿Simple gimmick o esencia del formato artístico? “Al escribir las historias sabíamos que no íbamos a filmar y por lo tanto nos aprovechamos de eso para poder narrar de una manera diferente. En un primer momento, la idea era tener cuentos que fueran buenos al leerlos, simplemente. El mundo visual se creó después. Supongo que mucha gente lo va a ver en la tele, pero otra lo hará en el celular o en una tablet. El formato lo permite, ya que se adapta a distintos medios”.

Luego de la muerte de su amigo, el ingeniero Michele Besso, Albert Einstein escribió una carta de pésame a sus deudos en la cual, más allá de los saludos de rigor, escribió que “para las personas como nosotros, que creemos en la física, la separación entre pasado, presente y futuro sólo tiene la importancia de una ilusión reconociblemente tenaz”. Nueva demostración de que la ciencia no está para nada reñida con la poesía. En el segundo capítulo de Calls, uno de los más angustiantes y atractivos (las paradojas temporales exudan siempre una belleza terrible), un hombre decide dejar por unos días a su novia luego de enterarse de su embarazo, internándose en un viaje por una carretera que lo llevará a un destino tan inesperado como inexorable. La historia de ese capítulo podría haber formado parte de La dimensión desconocida y es uno de los que mejor utiliza el formato narrativo elegido, a tal punto que cualquier posible adaptación con imágenes de actores, vehículos y objetos rompería necesariamente parte de su encanto. El “rodaje” de las distintas historias tuvo lugar durante los meses de la primera ola de covid-19 y, si bien la luz verde para la existencia real de Calls fue anterior a la pandemia, el concepto formal ayudó a que la producción no se detuviera, como ocurrió con la mayoría de las películas y series. “Si había una serie que el aislamiento no iba a frenar era precisamente esta”, recuerda Álvarez. “A fin de cuentas, es gente hablando por teléfono. Lo que hicimos fue armar un plan y le enviamos a cada actor un set de micrófonos y una computadora para estar conectados, y cada uno de ellos actuó desde su casa. Es algo casi hiperrealista porque, por ejemplo, cuando Mark Duplass habla con Pedro Pascal están realmente hablando cada uno desde su casa”. 

El actor y realizador nacido en Nueva Orleans y su par chileno, el protagonista de The Mandalorian, son apenas algunos de los nombres consagrados que aportaron su talento en los diferentes episodios. Entre otros, Álvarez contó con la presencia vocal de Rosario Dawson, Riley Keough, Aubrey Plaza, Joey King, Judy Freer, Nick Jonas y Jennifer Tilly. “Lo importante era que fueran buenos actores, porque fue todo grabado de manera intimista. Podríamos haber hecho que la gente corriera por la calle mientras hablaba por teléfono, una cosa más hollywoodense, pero las historias terminaron siendo bastante minimalistas. El proceso fue ese: nadie veía la cara de los demás y yo terminé dirigiendo desde mi casa a partir de lo que escuchaba. También hubo bastante improvisación alrededor del guion, porque era la única manera de lograr un tono realmente realista”.

EL DIRECTOR URUGUAYO FEDE ALVAREZ

EL UNIVERSO LO HIZO

Levitaciones, cuerpos que comienzan a desmembrarse como si tuvieran conciencia propia, amoríos que terminan en separaciones no necesariamente simbólicas, un crimen cometido por error y otro adjudicado al victimario equivocado (“El universo lo hizo”, grita el inocente por el teléfono, una y otra vez), hipocondrías que no son tales, accidentes de aviación que no deben evitarse y conversaciones entre astrofísicos son algunos de los elementos y condimentos que atraviesan las nueve entregas de Calls, totalizando poco más de dos horas y media de duración total. Historias que alternan el horror visceral con el humor, la ciencia ficción más pura y dura con las relaciones familiares y esa violencia entre congéneres demasiado humana con la posibilidad de la reconciliación y la redención. Respecto del tono de su obra hasta la fecha, de ciertas marcas de universalidad que pueden notarse en sus películas y también en Calls, Fede Álvarez cree que “por el hecho de ser uruguayo e irme a contar historias a los Estados Unidos terminamos escribiendo con mi coguionista, Rodo Sayagues, relatos que tienen que ver con lo sensorial. Creo si me ponía a hablar desde un punto de vista cultural o idiosincrático de mi lugar de origen se hubiera perdido mucho. Lo mismo si intentaba capturar cierta esencia de lo estadounidense: le iba a errar. Lo sensorial es universal. Por eso cuando te encontrás con alguien en la calle y no sabés de qué hablar empezás a charlar sobre el clima. Más allá de los credos políticos o religiosos todos tenemos en común las sensaciones. Es un lenguaje universal”.