“Puta”, rezonga Wendy en un momento clave del cuarto episodio de Sky rojo (disponible en Netflix desde hoy viernes). No bien el personaje de Lali Espósito lanza el insulto, otra compañera de cuarto le llama la atención. “¿A quién llamabas puta?”, le replica. Ambas están encerradas en un cabaret de ruta obligadas a “follar y sonreír” 24 x 7. Es un continuum denigrante en el que los hombres van a saciar sus peores fantasías. Minutos después, la chica corre por su vida en un páramo de Tenerife bajo el manto frenético y sugestivo de “Atomic” de Blondie. Ese nervio, entre lo áspero de la temática y su envoltorio bombástico, definen al producto creado por el mismo equipo de La casa de papel y Vis a Vis. “El universo Sky rojo te invita a una cosa y una vez que estás dentro te dice otra”, asegura la actriz a Página/12 a raíz de las sensaciones que produce la serie. Ocho episodios de media hora que serán consumidos por una audiencia global durante este fin de semana, y están llamados a generar fascinación y discusiones desde la plataforma de streaming.

La primera parte de la ficción -con segunda temporada confirmada- narra el escape furioso de tres mujeres de ese antro llamado Las Novias. ¿El motivo? Dejaron un reguero de sangre y dos cadáveres incluyendo al propietario del burdel. Coral (Verónica Sánchez), Gina (Yany Prado) y Wendy pretenden “seguir vivas cinco minutos más” mientras Moisés (Miguel Ángel Silvestre) y Christian (Enric Auquer) las persiguen por toda la isla. Un trío femenino versus sicarios, chulos y el resto de la masculinidad tóxica. Varios de los involucrados con la serie la describieron como “unas ángeles de Charlie pero más punky”. También aparecen las referencias al cine exploitation, el timing rutero, un humor cruento y personajes que contonean con el adjetivo de tarantinesco (especialmente Death Proof y Kill Bill). “Intento encontrarle un parecido. El cerebro trabaja así por comparativa. Pero cuando estaba 100 % segura me daba cuenta de que no era de ese modo. El universo Tarantino. El desierto. Tenerife. La sangre. Es híper sangriento. A lo Carrie. ¿Che, es Sin City, esto no? Por la estética de comic... Pululaba por un montón de lugares y lo que me pasó es que la sentí muy original. Es lo que siempre busco. Sky rojo pudo haber buscado un montón de maravillas pero hizo su propia versión. Eso está bueno”, confiesa Esposito.

Es que el tráiler, los afiches y las promos de Sky rojo pueden llevar a un equívoco. La (a)puesta en escena de neón y rouge, más los diálogos provocadores sirven como telón de una realidad muy pesada. El título de la serie, de hecho, hace referencia al color del sofá donde las prostitutas intentan “parecer lo suficientemente maravillosas para que unos tipos despreciables nos hagan el amor”. Según Espósito esto es “absolutamente adrede”, y parte de la motivación de Alex Pina y su equipo de ir a la contraria, como en los parlamentos del orgulloso proxeneta y dueño del prostíbulo. “España es el primer país de Europa en consumo de prostitución. El tercero del mundo como destino favorito. No ganamos en siderurgia. No ganamos en minería. Ganamos en putas”, lanza Romeo (Asier Etxeandia). “Ese speech es fabuloso, el tipo lo dice como si hubiera ganado un Grammy. Si él lo dijera con cara de malo no provocaría el mismo resultado. Lo dice feliz. Como espectador te cala mucho más el horror de lo que está diciendo”, apunta la artista.

Sky rojo, a su vez, ostenta el molde de realización de Vancouver Media Production (White Lines, El embarcadero). Aquí también hay un relato que juega con los tiempos (la fuga en presente y el flashback sobre la historia previa de las mujeres), un montaje vertiginoso, la confianza absoluta en la rockola musical más el peso de la voz en off. En la sumatoria deberían incluirse los one liners de fábrica y que Espósito profiere con diligencia. ¿Algunas de sus frases con destino de meme? “¿Qué queremos ser, liebres o zorras?”. “¡Señora, a su marido le encanta que le rompan el culo con pollas de látex!”. “Wendy tiene varios momentos. Yo fui pidiendo permiso para meter argentineadas y hay mucho dicho nuestro. Pude meter mis cositas. Y eso le dio unas líneas graciosas al personaje. 'Buen chico' quedó porque está en el tráiler pero me gusta mucho”, concede Espósito.

-¿Qué rol ocupa Wendy en este tridente ofensivo?

-Ese triángulo perfecto era el que ya pedía el guion. Creo que como actrices pudimos modificarlo realmente. Wendy viene a ocupar el espacio de lo impulsivo y, en cierto sentido, el de la lógica. Gina es el corazón. Coral es el alma mater. Por algún motivo, aunque es la yonqui, la seguimos en todos los planes. Más allá de su liderazgo claro, creo que Wendy le baja a tierra las cosas a Coral, ¿no? Es impulsiva e inteligente, un poco la que representa la fuerza. Llevándolo al barrio, la que dice “si me tengo que cagar a palos, me cago a palos”. Es la que tiene la energía de defensa de madre pollo de las otras dos.

-A su vez, las tres quieren romper con el rol que las etiquetó su proxeneta. Coral es más que la delicada, Gina la inocente y Wendy la felina…

-Hay algo loco en esta serie y es que de alguna manera la gente las va a ver con el disfraz que les puso Romeo. Ellas se escapan de ese club tal cual están. Pero esas no son ellas. Ellas están como en un personaje que este tipo creó ahí dentro. La estética tira todo el tiempo a lo que representa ese club, la desgracia y la desidia que sucede ahí dentro, pero de actitud, vibra y vida, las ves a ellas saliendo de ese disfraz. Eso es muy lindo de ver. La narrativa y lo emocional de los personajes va a contramano todo el tiempo de la estética que es tan estallada. Es como que vos ves el club todo el tiempo.

-¿Qué te parece lo atractivo de esta serie que se maneja en esa tensión entre lo ligero y lo brutal?

-La serie juega a todo. En definitiva, más allá del entretenimiento, que es el objetivo de cualquier serie de esta clase, lo que se busca es provocar. Alex Pina, Esther y todo el equipo de guionistas tenían una idea muy clara de hacerlo pero sin adoctrinar. No es que te señalan a la trata para decirte “¡Esto está mal!”. Ya sabemos que está mal. Que nos hagamos los hipócritas como sociedad es otro cantar. Sabemos que eso existe y está ahí. Para mí fue un método muy elegante. Te lo ponen sobre la mesa y lo maquillan por todas partes. Es un tono muy difícil, un multitono en un punto; hay espacio hasta para el humor negro. Alex Pina nos decía todo el tiempo el concepto del Caballo de Troya. Me aferré mucho a esa idea, sobre todo al comienzo, para entender la búsqueda que hacíamos en el set. Te pongo todo el brillo, lo glitter y lo patriarcal en tu cara para que te sientas cómodo en tu sillón cuando la estás mirando, te entretengas, y te clavo la daga informativa cuando menos te las esperás.

-Te referiste a la tensión en el set. ¿Cómo fue el trabajo de esas escenas tan repulsivas? Especialmente las del burdel.

-Hay algo que hay que entender de esta serie. La estética es una droga. Visualmente es increíble el trabajo que han hecho. Todo lo que sucede en los flashbacks sobre lo que sucedía en el club son violaciones constantes. En un equipo de rodaje no es lo mismo rodar eso que tomar un café. Le llamo tensión al respeto a lo que se estaba filmando. Respeto como un silencio a la actriz que está ahí poniéndole el cuerpo al horror. Es tu mente y tu cuerpo. Las escenas requerían ese respeto por parte del equipo y lo tuvimos. La incomodidad se notaba en los hombres que veían lo que otros hombres hacen. Estamos contando algo que sucede porque hay hombres que consumen eso. Como género, veía tensión en mis compañeros. Y era muy bonita, una vergüenza en el buen sentido, una tensión necesaria. Es duro e importante.

-Sorprendiste con tu personaje en un thriller judicial como Acusada, ahora Sky Rojo. ¿Qué sigue para vos en el plano audiovisual?

-Tengo proyectos e ideas que quiero hacer. A fin de año viene El fin del amor, que va a ser una serie basada en el libro de Tamara Tenenbaum. Es un proyecto que me aborda desde otro lugar, generacional a full, como productora, y habla del amor. Son cosas diferentes a Sky, lo cual está bueno; pasito a pasito me sorprendo con las gemas que me regala la profesión. Acusada fue muy importante porque venía de hacer comedia y mucha tele. Sky ni hablar. Para mí, es todo menos introspección y más fantasía que me regala la vida. Busco proyectos que me muevan la vara, de la zona de confort, que me parezcan interesantes y difíciles de hacer. Desafíos.


Alex Pina y Esther Martínez Lobato, referentes de la producción seriada española

Una serie pensada como Caballo de Troya moderno

Primero fue Vis a Vis con su cárcel de mujeres. Le siguieron los ladrones con máscaras de Dalí comprimidos dentro de La casa de papel para lograr el atraco perfecto. El encierro dentro del burdel de Sky rojo es obvio. Pero hay otro más fuerte y es el de la misma serie como un Caballo de Troya. Lo dijo Lali Espósito. Lo repiten Alex Pina y Esther Martínez Lobato –máximos artífices de esta serie y referentes absolutos de la producción seriada ibérica- en diálogo con Página/12. La ficción opera como una trampa para contar, en sus palabras, “una historia dramática con mucho calado emocional, muy contemporánea”. “Usamos la acción, la comedia y la belleza para torpedear al espectador”, confiesan.

-¿Qué estuvo primero en Sky Rojo, la historia o la temática?

Álex Pina: -Llegamos con varias cosas en mente. La primera idea era la de hacer una serie en un tercer acto continuo. Es decir, queríamos hacer una huida de tres chicas que eran prostitutas y queríamos usar una mezcla de géneros no tan común con acción, pulp y la comedia negra. Todo eso estaba en un primer momento. Obviamos los dos primeros actos y comenzamos con el golpe que le dan al proxeneta. Nace desde el detonante de la huida. La serie es un Caballo de Troya desde lo que sienten estas chicas. Hay conciencia social y también es lúdico, por momentos buscamos la risa y la adrenalina. Es un equilibro arriesgado. Lo lógico hubiera sido hacer un documental con mucha conciencia social. Todo esto lo sabíamos sin tener tan en claro los ingredientes y las proporciones.

-Llama mucho la atención la crudeza y el trabajo estético tan shockeante y pop. ¿Cómo opera la puesta en escena en este caso? ¿Eleva la jugada? ¿Rompe el verosímil? ¿Abraza lo lúdico?

Esther Martínez Lobato: -La belleza es hacer digerible la sordidez de la historia. El drama tan profundo de lo que es ser sometida a un secuestro y que abusen de una persona unos diez mil hombres en un período de dos años. La desconexión debe ser muy bestia... Todo eso está revestido de neones, brillo y purpurina, junto con la sensación de que todo es lúdico, porque no hay mente humana que pueda soportar todo ello. La serie sería muy agresiva si no tuviera esto. A la vez, habla de la realidad. Vas por una carretera y ves estas casas pintadas con luces, maravillosas, con los neones como los de Las Novias, con sus fuegos artificiales, y cuando corres la cortina hay un drama profundo. La estética es buscada. Primero, porque en Vancouver somos firmes defensores de la belleza. Y segundo, porque necesitábamos que la serie fuera como una bala y se colara por lugares que nadie esperaba. Lanzarle esas bombas a la audiencia sobre este mundo de sexo pago y secuestros.

-¿Cómo definirían a esta serie?

A.P.: -Nosotros lo hemos denominado pulp latino. Tiene mucho de la exageración, de la violencia y del sexo. Pero además hemos adosado una emocionalidad latina. Subyace en la relación de las chicas y la hermandad de los sicarios. O en la hermandad con el proxeneta. Aunque tampoco sabíamos bien cómo llamarlo, a decir verdad.

-¿Qué rol juega Lali Espósito en este triángulo?

A.P.: - Lali tiene algo fundamental para Sky rojo que es ese dominio de lo físico que le da subirse a un escenario. Las coreografías de las peleas son fascinantes. Pero además tiene una emocionalidad brutal. Buscábamos esa chica que pudiera contar un drama y conmover desde lo pequeña, que no lo gritara sino que fuera capaz de sonreír, como cuando le cuenta su historia a Coral en la litera. Es lo brutal pero casi pidiendo perdón. Y tiene mucha fuerza cuando hace acción. El carácter que tiene... Fue muy claro que tenía que ser Lali.

-¿Qué pasaría si este trío se encontrara con Tokyo de La casa de papel y las chicas de Vis a Vis?

A.P.: -Pues formarían una banda.

E.M.L: - Formarían una banda pero no se sabe muy bien de qué, si de ladronas, justiciera, o de ir a vivir al campo. Ahora está de moda fijarse mucho en los personajes de mujeres y nosotros llevamos un buen tiempo haciéndolo. Hay una razón obvia, las mujeres componen más de la mitad de la psicología del planeta. Ahora parece casi obligado pero siempre lo hemos hecho y siempre les hemos atribuido cualidades de acción. Durante muchos años fueron las secretarias de alguien, las compañeras de alguien o que les cocinaban a alguien. Con Vis a Vis demostramos que por entonces los ejecutivos de las cadenas le tenían miedo. Estaban convencidos de que una serie protagonizada por mujeres no iba a interesar a los hombres. La verdad es que no es así. Lo que importa es la emocionalidad entre hombres y mujeres que al fin de cuentas es muy parecida.