El 11 de marzo Tehuel de la Torre, un joven trans de 22 años, salió de su casa para ir a una entrevista de trabajo y no volvió. Antes de salir, le dijo a su familia que se encontraría en San Vicente, Alejandro Korn, provincia de Buenos Aires, con quien más tarde sería imputado por su desaparición, Luis Alberto Ramos, de 37 años. Ramos, según contó la novia de Tehuel, le había ofrecido un trabajo como mozo. Días después, en la casa de Ramos se encontraron restos del celular y ropa del joven. Mediante la geolocalización de su teléfono se supo que llegó a las 19 a la reunión con Ramos y desde las 19.45 de ese día hasta las 0.30 del día siguiente su celular emitió señales en la zona donde vive el detenido. El fin de semana pasado, la causa tuvo una novedad: otro detenido, Oscar Alfredo Montes, un chatarrero amigo Ramos. Hasta ahora ninguno de los dos quiso declarar.

Las marchas que reclaman desde mediados de marzo por su aparición con vida fueron variadas (cortes de calle de autoconvocadxs, una marcha de antorchas organizada por la familia, acciones de partidos políticos) pero no multitudinarias. La difusión del tema –que adquirió fuerza en las redes y cuya presencia en la agenda mediática se debe al activismo- fue mucho más lenta e inconstante que la de otros “casos” con la misma gravedad que ocurrieron este mismo año. “Compartí como si fuese cis”, decía el flyer con firma de Fision Ciruja que acompañó la difusión de la búsqueda. En la mayoría de las manifestaciones se pedía saber qué pasó con Tahuel, pero también que se respete su identidad de varón trans. Porque, al margen de lo que manda la ley sobre este punto, ¿cómo se hace para buscar a alguien si ni siquiera se tiene en claro quién es?

La víctima en la mira

A la hora de referirse a esta historia, los programas de TV vienen pivotando entre tres puntas. La primera es la idea que tienen sobre la corrección política y el respecto para con sus familiares (algo que se subraya incluso antes de preguntarles barbaridades en vivo). La segunda es el morbo, peaje de lo televisable, y un modo de escarbar en la vida de Tehuel que lo termina responsabilizando de su propia desaparición. Y, la tercera, un desconocimiento alevoso y sin replanteos en torno a las masculinidades trans. C5N, un canal que cuenta con la presencia de una columnista trans, Alejandra Malem, no muestra el mismo interés por incorporar voces disidentes en otros los programas, o por lo menos en respetar en términos generales la ley de Identidad de Género sancionada en 2012: tanto conductores de piso como movileros pasaron varios días tratando a Tehuel en femenino. En Crónica, con un cronometro en pantalla -el mismo que se usa para esperar la primavera- que contaba las horas que el joven lleva fuera de su casa, una panelista le preguntó a la hermana, Verónica Alarcón, si el chico había tenido alguna vez “algún novio. Es decir, ¿se descarta totalmente una relación amorosa con Ramos? No te lo tomes a mal...”. También, se indagó en ése y otros canales en aspectos de la vida de Tehuel que nada aportan a la búsqueda, ni enriquecen la nota: hubo periodistas que llamaron a un ex compañero de celda de Ramos (que cumplió una condena) para preguntarle cómo era su carácter en el encierro. Otro presentador, a sabiendas de que “la pista narco es la más débil de todas”, le preguntó a la hermana si creía que Tehuel “consumía drogas o las vendía”. No faltó una incitación al linchamiento: se televisó una especie de falsa persecución a la madre de Ramos, dirigida por un movilero que aseguraba que la señora tiene “el secreto mejor guardado sobre este caso”, ya que vive al lado de la casa del hijo. Otro periodista reveló que la madre del imputado se encontraba escondida en la casa de una amiga de la zona e incitó a los vecinos a salir a buscarla.

Marcxs Perez

En Argentina, aunque con matices, es posible decir que desde el Ni Una Menos a esta parte se han instalado ciertos parámetros de cómo los medios deberían tratar a las víctimas de feminicido y de abuso sexual. Y aunque no se apliquen la totalidad de las veces, el debate está medianamente saldado cuando se trata de una mujer cisgénero. Pero no cuando se trata de las comunidades trans. “Cuando la víctima es trans sobre lo primero que se especula es sobre su genitalidad, cómo se identifica, de qué trabajaba. De hecho hubo quienes deslizaban que tenía problemas de consumo y que le costaba mantener un trabajo porque ‘le gustaba la joda’. Falta que pregunten qué tan larga era la pollera que tenía”, dice Ese Motenegro, activista, docente, autor de Desandar el cisexismo y una de las personas que se puso al hombro la campaña para buscar a Tehuel. “Los periodistas lo nombraban en femenino y también dejaban que se lo nombre así. Esto último también es una responsabilidad de la cual los medios no pueden desligarse diciendo ‘la familia no lo hace así’. Todo el mundo les estaba diciendo que se trata de un varón trans y en las redes de Tehuel consta que empezó la transición hace más de seis meses. Lo mínimo que podés hacer es no revictimizar a la persona”, remarca Montenegro. De este modo el conflicto se deposita en Tehuel y no en la distribución desigual de la violencia. “Ahí hay una deuda de quienes cuentan estas historias que es dejar de enfocar a la víctima para enfocar las violencias específicas que enfrentan las personas trans y travestis. Situaciones que nos vemos obligades a enfrentar pero que no tienen que ver con cómo desarrollamos la vida sino con cómo se condiciona nuestra vida desde una mirada heterocisnormativa”, es decir, la presunción de que todas las personas deberían ser heterosexuales y cisexuales.

Después de los primeros días la comunidad trans y las personas preocupadas por Tehuel lograron posicionar con intermitencia el tema en agenda pero queda pendiente transformar los imaginarios desde los que se continúa abordando el asunto. “Falta que en los medios se estudien las leyes, se capaciten, se trabaje con interseccionalidad en las redacciones. Que haya feministas, personas travestis y trans, maricas, etc. que pueda decirle al jefe de redacción ‘por acá nos estamos equivocando’. Un ejemplo: ante el miedo de la aparición sin vida de Tehuel, ya hay quienes se están preguntando cómo podría llegar a nombrar un crimen de estas características. Tenés el travesticidio, al transfemicidio. ¿Este sería un transhomicidio? ¿Por qué los medios no pueden tener la humildad de decir ‘esto no lo manejamos, llamemos a alguien que nos ayude’?”, dice Montenegro.

En las calles

El disparador fue un flyer sin firma con una fecha y un horario invitando a una manifestación en el Obelisco. Así lo cuenta Francisco, uno de los organizadores de Autoconvocadxs por Tehuel, el grupo de independientes que desde el lunes 29 de marzo viene realizando cortes y acciones en la calle. 

Después del primer corte en el Obelisco, donde también hubo una asamblea improvisada, un micrófono abierto y un intercambio teléfonos que devino en un gran grupo de WhatsApp, se empezaron a organizar para la manifestación del miércoles 31 en el Congreso de la Nación, en sintonía con el Día de la Visibilidad Trans. “Ahí hicimos nuevamente una asamblea y de decidió la movilización del lunes 5 de abril frente a la Casa de la Provincia de Buenos Aires”, cuenta Francisco. Al corte de calles del lunes 5 de abril se acercó la familia de Tehuel, saludaron la movilización y los invitaron, al día siguiente, a una marcha de antorchas en Alejandro Korn. 

Sobre el contacto que fueron estableciendo los autoconvocadxs con familia dice Francisco que “hay varios familiares que se enteraron de que Tehuel era trans después de su desaparición. La hermana, Verónica, es la que más habla de su identidad. Cuenta que desde los 13 años él se identifica como un chico trans. Hubo un momento en que algunas personas de la familia decían que preferían que no hubiera banderas en las manifestaciones. Luego, la familia vino a la movilización del lunes 5 de abril con una bandera que tenía grande el nombre de Tehuel. Creo que se están animando a llamarlo así. Que les lleve un tiempo no me parece nada malo. Hoy por hoy estamos de acuerdo en levantar su nombre y su identidad de género”.

Mariano Camilo 

El travajo en la agenda

 

¿Por qué casi nadie habla de lo obvio, el elefante blanco de la precarización laboral y de las condiciones estructurales de vida de este sector de la población? Solo algunos pocos artículos de medios independientes enlazaron el contexto de la desaparición de Tehuel (asistir a una entrevista para una changa, con un semidesconocido, a las 4 de la tarde de un domingo) con la necesidad de una ley de cupo trans que repare la exclusión sistemática del mundo laboral y del trabajo en condiciones dignas para la población T. “La prioridad ahora es buscar a Tehuel –aclara Ese Montenegro-, pero también tenemos pendiente sentarnos a pensar el contexto. Eso es lo que tenemos que reparar porque suponiendo que Tehuel aparezca y esté todo bien, las condiciones estructurales que lo llevaron ahí van a seguir existiendo. El decreto de cupo trans es para celebrar y es una toma de posición del Poder Ejecutivo con respecto a nuestra comunidad, pero no alcanza. Necesitamos la ley. Una ley posibilita otras reparaciones que el decreto por sí solo no puede hacer”.

“Si llegamos el 11 de abril sin que Tehuel haya aparecido todavía, es decir, si se cumple un mes desde la última vez que lo vieron, vamos a hacer algo grande aunando a todos los sectores posibles: nosotrxs, lxs autoconvocadx, la familia, todas las organizaciones políticas y partidos que se quieran sumar, todas las personas que estamos preocupadas por Tehuel. Lograr ese encuentro con personas de muy diversos espacios es un poco complejo. Estamos en diálogo con mucha gente. Hablamos con gente del Frente de Todos, de Barrios de Pie, etc. También han participado desde sectores trotskistas hasta Octubre, peronistas de San Vicente. Queremos puedan terminar de confluir todos los sectores que están queriendo encontrar a Tehuel porque esa es la idea de todo esto”, concluye Francisco.