Apenas diez minutos habló el presidente Alberto Fernández, a cielo abierto desde la Quinta de Olivos donde cumple aislamiento. A diferencia de su anterior discurso por cadena oficial, ayer fue pródigo en anuncios de medidas. Como aquella vez subrayó la peligrosidad de la segunda ola de pandemia que azota a Europa y a nuestra región. Los indicadores de Brasil, Chile y Paraguay son aún más escalofriantes que las cifras récord de las semanas recientes en la Argentina.

Fernández agradeció la ayuda del Centro Gamaleya lo que inspirará una caterva de comentarios berretas o macartistas o las dos cosas. Lo hizo adrede, para reforzar vínculos, porque confía en que semana tras semana llegarán cientos de miles de dosis de vacuna Sputnik V. Considera al presidente ruso Vladimir Putin un aliado (en esta materia) y los hechos parecen darle la razón.

Algunas prohibiciones venían cantadas; los viajes de egresados o viajes grupales en la versión técnica y más amplia. La interdicción sensata pone coto a irresponsabilidades de familias o jóvenes.

Desactivar casinos o bingos no debería tener un tufillo moral mientras el juego sea lícito pero, de nuevo, es racional acotar dichos entretenimientos en una etapa amenazante. La privación es flaca si se compara con el potencial alivio.

El lapso de vigencia del Decreto de Necesidad de Urgencia (DNU) es extenso, durará hasta fin de mes. En la coyuntura tres semanas pesan como meses en circunstancias normales, remotas en el recuerdo.

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Nadie se baña dos veces en el mismo río, predicaba un filósofo clásico. La historia no se repite como calco. El retorno a decisiones severas sucede en un contexto nuevo.
A título impresionista: AF padece covid-19, el ex presidente Mauricio Macri está aislado por haber tenido contacto estrecho con un diputado infectado. Cualquier persona común tiene conocidos o afectos cercanos en situaciones similares.

A la vez y compensando en parte: todes tenemos gente cercana que fue vacunada o lo será en los próximos días. La mejor novedad del cruel año transcurrido.

El Gobierno espera nuevas remesas de vacunas para este mes. No arriesga cifras ni países de procedencia para no tropezar “n” veces con una misma piedra. Pero confía, con buenos motivos en que llegará una cifra apreciable durante la vigencia del DNU.

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Fernández expuso solito porque las conferencias conjuntas con gobernadores y el jefe de gobierno porteño entraron en el pasado. Un retroceso que será complicado revertir. Promisorios aquellos meses iniciales que escenificaban cooperación federal, en proporción jamás vista. Bello mientras duró.

Los principales dirigentes de Juntos por el Cambio (JxC) se opusieron a las medidas “a libro cerrado prematuro”: antes de conocerlas en detalle. Una pintura de la época, la oposición intratable que disfruta con el juego a suma cero. O negativa.

No hay forma lógica de entender a gobernadores e intendentes del PRO o de la UCR que vetan todo tipo de prohibiciones mientras las instrumentan (matiz más o menos) en los territorios que gestionan. Ejercen una manera psicópata de hacer política: buscan que el Gobierno nacional ”pague los costos” de las restricciones, hasta de las que ponen en práctica de local. Horacio Rodríguez Larreta es campeón de esa disciplina pero cuenta con competidores serios en su mismo espacio.

Los medios hegemónicos contribuyen a la narrativa, ocultando hechos, negando la estructura federal, gritando tanto o más que los legisladores de JxC. Las derechas son, en casi todo el planeta, agresivas, huecas y estridentes. El ruido o el grito son, en gran dosis, el mensaje.

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La prohibición de circular entre las 0 horas y las 6 aspira a mitigar amontonamientos humanos, prevenir encuentros no autorizados y descontrolados. Como tantas decisiones estas deberán ser controladas por las autoridades provinciales. Habrá que ver si el cuidado es homogéneo, si aparecen territorios “liberados”. O, aún, si los recursos de los estados subnacionales bastan para disuadir y sancionar infractores.

Los gobernadores, otra asimetría respecto del 2020, son reacios a interrumpir la circulación interprovincial. La economía, de modo heterogéneo, se va reactivando. La industria y el comercio funcionan con protocolos, la cantidad de contagiados o enfermos graves es baja, en términos relativos. Ojo al piojo, así sea unpopular opinión: nunca nula. La capacidad de propagación del virus es tremenda, dato que se padece desde el vamos. En pandemia prima la búsqueda del mal menor: las soluciones óptimas propenden a no existir.

La afirmación previa vale también para las clases presenciales en las escuelas. El Presidente las resaltó como un avance y un objetivo a conservar. La exigua proporción de contagios que informan autoridades nacionales o provinciales, en inusual consenso, no equivale a cero.

El Gobierno aspira a sostener la actividad productiva. Los índices de pobreza, indigencia y empleo informal no dejan margen para posturas binarias y excluyentes. El crecimiento económico redunda en mejoras de la calidad de vida. La regresión al ASPO, da la impresión, carece de plafón social, de viabilidad económica y de consenso en el propio elenco oficial.

Dinamizar la obra pública y la industria de la construcción integran las primeras prioridades del oficialismo. El alza de la recaudación impositiva, mes a mes, es una de las mejores señales de la economía. La pertinaz y elevada suba de precios de alimentos, una de las peores. La mejora del salario en la distribución del ingreso es una meta difícil, se tornaría imposible en una economía a media máquina.

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En la incertidumbre se avanza (es un modo de decir) hacia el mal menor. Las restricciones resueltas son necesarias… de cualquier manera dejan damnificados. Las ramas de actividad que trabajan de noche, gastronómicas y espectáculos públicos en particular. La pasaron mal, empezaban a asomar la cabeza. Durante el año pasado, el Estado limitó derechos y actividades mientras acudía en auxilio de empresas y laburantes. Botones de muestra: los Anticipos para el Trabajo y la Producción (ATP), el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), créditos, moratorias, otros etcéteras.

El DNU comentado en Olivos estipula restricciones. Tres semanas por lo menos y nadie garantiza que terminen el primero de mayo. El presupuesto 2021 no tenía en el radar la segunda ola. Las nuevas necesidades, opinamos, deben movilizar al Estado presente para auxiliar a los que deben frenar su laburo en beneficio del bien común. El Estado no tiene que manejarse como tuiteros que dividen el mundo entre réprobos y elegidos.

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Fernández exhortó a la sociedad civil a un muevo esfuerzo. Criticó manejos políticos perversos de la oposición. Las reacciones se conocen de antemano, el día de la marmota es regla en la política autóctona.

El futuro depende de la conducta colectiva, de administraciones de distintos signo. Y de las vacunas, claves para mejorar un contexto que asusta.

Estas historias continuarán.

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