Aunque en Argentina los casos disminuyen desde hace nueve semanas consecutivas, ante la ausencia de restricciones y el aumento progresivo de las aperturas, Delta podría promover una tercera ola. ¿El foco de propagación? Si se tiene en cuenta la experiencia de países como Reino Unido e Israel, las miradas deberían concentrarse en los menores de 18 años. El gobierno corre una carrera contrarreloj para avanzar con la vacunación de la población infantojuvenil antes de que la variante continúe con su despliegue vertiginoso. Mientras tanto, en medio de una contienda electoral que se avecina, la primavera y las vacunas permiten soñar con el principio del fin de la pandemia. El físico Jorge Aliaga, la socióloga Sol Minoldo y el médico Pedro Cahn comparten sus diagnósticos y proyecciones sobre el presente y el futuro.

Alivio

Si el 1° de julio el promedio de semanal de casos diarios era de 20.141, el 30 de julio ese promedio de infecciones por jornada disminuyó a 13.062. La misma disminución afrontaron los fallecimientos: mientras que hacia principios de mes el promedio de muertes diarias alcanzaba las 480, este viernes, la cifra llegó a 319. En efecto, julio siguió con el envión que se demostró durante junio y que fue impulsado gracias a las restricciones de fines de mayo y, sobre todo, al avance de la campaña de vacunación.

“Tuvimos nueve semanas continuas de descenso de casos, lo cual es ciertamente auspicioso y tiene que ver con la expansión de la vacunación, que está funcionando muy bien. Esperamos avanzar en la inoculación de las segundas dosis: efectivamente, la protección frente a Delta es algo menor si se compara con las otras variantes que tienen presencia en el país. Una dosis protege, pero dos protegen mucho más”, ofrece su diagnóstico Pedro Cahn, médico infectólogo y director científico de la Fundación Huésped, sobre el presente de la pandemia en el país. La Provincia de Buenos Aires confirmó 22 nuevos casos de variante Delta aunque aclaró que aún no hay circulación comunitaria en territorio bonaerense. CABA investiga dos casos que parecen no tener conexión con viajeros y en Córdoba detuvieron a cinco personas por propagar el coronavirus, reportaron 20 contagios directos y hay 800 personas aisladas.

Un panorama similar comparte la investigadora del Conicet y comunicadora científica Sol Minoldo: “El descenso marcado de los casos y la disminución de las hospitalizaciones y las muertes nos indica que estamos saliendo de la segunda ola. Claramente, la situación no cambió por la acción de medidas más restrictivas, sino que fue por causa de la vacunación. Posiblemente haya desempeñado algún papel el tema de las vacaciones de invierno y la suspensión de la presencialidad escolar, pero sobre todo fue la protección que llegó con la aceleración de la inmunización masiva en los últimos meses”. Luego agrega: “Mucho de este presente se lo debemos al éxito de la campaña. Si bien todos hubiésemos preferido que esto sucediera tres meses antes para evitar miles de nuevos fallecimientos, también hay que reconocer que la producción y la disponibilidad de vacunas se vincula con una cuestión geopolítica que desborda a la voluntad de un país como el nuestro. Bastante buen desempeño hemos tenido para ser una nación periférica”.

Jorge Aliaga –actual secretario de Planeamiento y Evaluación Institucional de la Universidad Nacional de Hurlingham– comparte la perspectiva de Cahn y Minoldo, aunque señala un cambio en el comportamiento de la curva durante las últimas jornadas de esta semana. “Los últimos dos o tres días los casos dejaron de bajar, pero a priori pareciera ser que Córdoba está cargando, por alguna razón, casos demorados. Es decir, al momento no podemos decir que se trate de un rebrote o algo por el estilo, sino más bien que está relacionado con un tema burocrático. La semana 30 que empezó el domingo pasado está un poquito más alta que la 29, que corresponde a la anterior”, observa el analista de datos. Mientras la 29 cerró con 12.966 contagios de promedio diario, esta última reportó 13.062.

Aunque, por lo general, los retrasos en las cargas se vinculan con los fallecimientos, en esta ocasión, la demora corresponde a las infecciones. Lo cual, no deja de representar una sorpresa: “Es difícil conocer la razón específica porque la mayoría de los casos no tienen la fecha de inicio de síntoma, con lo cual, es imposible saber si se trata de una persona que inició sus síntomas hace un mes y recién lo reportan ahora”, subraya.

Si bien habrá que ver qué sucede con la curva en las próximas semanas, los reportes diarios permiten advertir que los casos bajan desde hace más de dos meses. En un contexto en el que se flexibilizan las restricciones y en medio de la estación más fría del año –por lo cual la gente suele encontrarse en sitios sin la ventilación apropiada–, el avance notable de la vacunación se configura como el único fenómeno capaz de provocar un presente mucho más satisfactorio de lo que mostraba mayo. Argentina ya ha inmunizado al 55 por ciento de su población con una dosis y, a partir de la semana que viene, inoculará a los adolescentes entre 12 y 17 años priorizados (alrededor de 900 mil) con las vacunas de Moderna donadas por Estados Unidos. Al mismo tiempo, según informó la ministra de Salud Carla Vizzotti, tras la última reunión del Consejo Federal de Salud –espacio conformado por los ministros y ministras de Salud de todos los distritos del país–, “agosto será el mes de las segundad dosis”. El propósito explícito es incrementar la cobertura de protección con el esquema completo, antes de que Delta circule de manera comunitaria.

“Si esto se mantuviera así se levantarían más restricciones. En un escenario de mejor clima y, con cada vez más gente protegida, los casos seguirían bajando y la situación podría ser mucho mejor aún. Todo sucederá, sin embargo, a un ritmo lento. Si hubiéramos querido que los contagios bajasen de manera considerable, las autoridades deberían haber impuesto medidas más restrictivas, similares a la que se dictaron del 22 al 30 de mayo cuando las terapias saturaron”, opina Aliaga, de cara a lo que podría suceder en el futuro inmediato.

Preocupación

Un condimento adicional que se solapa con la campaña de vacunación es la campaña política. En los meses que siguen, con el objetivo de sacar algún rédito en las próximas elecciones, los líderes de los espacios políticos que actualmente ejercen funciones de gestión participan de una competencia por ver quién realiza más aperturas para ganarse el favor del electorado. “Juegan a ver quién reactiva más actividades y quién cierra menos. El asunto es que la ecuación se pondrá más complicada con Delta, ya se encendieron las primeras alarmas. Esta variante podría motorizar una tercera ola”, destaca Aliaga.

“Evitar que entre la variante al país nunca estuvo en agenda porque eso hubiese implicado la puesta en marcha de acciones muy drásticas que en esta etapa de la pandemia no se hubieran podido tomar. Por ejemplo, el hecho de reducir el cupo de entrada de los viajeros provenientes del exterior ha demorado el ingreso y la propagación de Delta, pero vemos que no alcanza. La variante se está multiplicando y en breve sabremos de su circulación comunitaria en todo el país. Demorarla aún más hubiera sido clave para avanzar más en la vacunación y estar cerca de la temporada primavera/verano”, comenta Minoldo. En otros países vecinos, como Brasil y Paraguay ya se ha informado su transmisión comunitaria; las balas pican cerca y los especialistas coinciden en que es cuestión de tiempo para que los proyectos de vigilancia genómica en el Malbrán y en Proyecto País confirmen lo mismo en Argentina.

Otro factor de preocupación es que los menores de 18 años recién comenzarán a protegerse con sus vacunas a partir de la semana que viene. En otros países como Reino Unido e Israel, la experiencia dicta que las terceras olas, pese a tener a la población adulta inmunizada, fueron impulsadas por la población infantojuvenil que aún no se había inoculado. “Algunas jurisdicciones volverán a la presencialidad en un 100 por ciento. El problema es que si las personas en el aula están separadas por medio metro no hay ventilación que valga. Ese reservorio de pequeños no protegidos funcionará como principal propagador de la variante Delta. Me da la sensación de que cuando se está por apagar el fueguito, tiran una ramita más”, dice Aliaga.

Luego, Cahn comparte su enfoque al respecto. Como muchas de las decisiones que se toman durante este contexto de excepción, la de habilitar las clases presenciales se ubica como un problema complejo que incorpora múltiples matices. “Todos estamos a favor de la presencialidad, nadie puede estar en contra de que los chicos asistan a las escuelas, el lugar natural para socializar y aprender. En Argentina, el 10 por ciento de los casos corresponde a menores de 18 años y el 2,4 por ciento son menores de 10 años. En lo que va de la pandemia murieron 268 menores de 18 años, pero para la estadística de cada familia el fallecimiento de un niño significa haberlo perdido todo”, expresa. Y continúa: “De la misma manera, aunque se enferman poco, contagian, y de eso no hay ninguna duda. Si volvemos a clases presenciales hay que controlar los protocolos de la mejor manera posible”. Los medidores de CO2 que se colocaron en territorio bonaerense, por ejemplo, podrán ser útiles a tales efectos; son 33 mil artefactos destinados a más de 13.700 establecimientos educativos.

De esta manera, aunque los niños, niñas y adolescentes cursen cuadros de covid leves en una enorme mayoría de los casos, además de ser portadores del virus, también son trasmisores. Así es como, podrían propagar el virus en otros espacios hacia la población adulta que, aunque esté inmunizada, también estará en riesgo. Aun con dos dosis, las vacunas no son 100 por ciento efectivas. “La ventilación funciona bien cuando los aforos son bajos. En cambio, si se relaja la distancia, nadie se salva de la infección por proximidad. Abrir todo en este contexto, cuando los más grandes aún no tienen las dos dosis y los más chicos aún no tienen la primera, con la variante Delta que circula en forma acelerada, es muy peligroso. Subirán los casos y las muertes, quizás en menor proporción porque la vacuna ayuda por supuesto, pero subirán en definitiva”, plantea Aliaga.

Cahn contrapone una mirada un tanto más optimista. “Afortunadamente, por lo que estamos viendo en Europa y en Estados Unidos en que Delta es claramente predominante, si bien el número de casos es alto, no ocurrió lo mismo con las hospitalizaciones y los fallecimientos. Si Argentina logra mantener este ritmo de vacunación, podemos esperar que ocurra algo similar en el corto plazo. Cuanto más se cuide la gente mejor: las vacunas no dan un certificado de indemnidad ni nos liberan de cualquier riesgo”, explica. Y completa su razonamiento: “La pandemia no se va a terminar sin la vacunación, pero no se va a terminar solo con la vacunación. Lo que hay que entender es que el virus muta cuando se multiplica y se multiplica cuando pasa de persona a persona. Si nosotros, en vez de ser un eslabón más en la transmisión somos una barrera, impedimos la selección de nuevas variantes”.

¿El comienzo del fin?

Aunque los hombres y las mujeres de ciencia no gustan de trazar proyecciones –mucho menos en medio de una pandemia tan incierta y que obliga a la cautela– las voces consultadas se animan a trazar un bosquejo. Cahn enfatiza en la posibilidad de un desacople entre los casos (que podrían continuar subiendo) y los fallecimientos (que podrían continuar bajando) en el futuro inmediato. “En el próximo semestre, el coronavirus seguirá instalado en la sociedad, con un número de casos que fluctuará con subidas y bajadas, pero que no necesariamente significará un riesgo para la salud pública en la medida en que el plan de vacunación continúe funcionando y la sociedad colabore con cuidados individuales y grupales. Vacunas más primavera equivale a una promesa de mejor escenario, pero dependerá mucho de lo que hagamos nosotros”, asegura.

Para Minoldo, hay herramientas que aún pueden utilizarse frente a Delta y que, al mismo tiempo, deberían instalarse como prácticas adecuadas de cara al futuro; cuando la pandemia ingrese en otra fase de mayor relajamiento, pero el Sars CoV-2 continúe presente. “La clave ya no está en el control de fronteras. Sin embargo, las medidas preventivas que con muchos contagios sirven de poco, con menos contagios como tenemos ahora pueden servir mucho más. Me refiero a acciones de muy bajo costo y a las que se les ha otorgado poca importancia: mejorar la información con que cuenta la población a partir de estrategias comunicacionales bien elaboradas y segmentadas para llegar a diversos públicos. Desde los medios de comunicación y las redes, hasta el lenguaje implícito de las comunicaciones oficiales. Que los funcionarios tengan sus ventanas abiertas, mantengan distancia y usen barbijo cuando se toman sus fotos es más importante de lo que se cree”, comenta.

Minoldo concentra su argumento en la necesidad de difundir información de calidad. Además menciona la capacitación de agentes sanitarios de atención primaria que pueden no contar con información actualizada; así como también generar cartelería y material audiovisual que pueda ser presentado en todos los lugares de atención al público. Desde su punto de vista, la importancia de ventilar no está tan presente en el diseño de los protocolos de muchas oficinas públicas y, por el contrario, se continúa destacando la desinfección de superficies, una acción que –de acuerdo a lo que arroja la evidencia científica recolectada– debería quedar relegada a un segundo plano. “Tenemos que alentar el uso de barbijos de mejor calidad. Todavía hay personas que utilizan algunos que protegen poco, o bien, emplean los adecuados pero mal colocados. Hay que saber cuándo es tiempo de lavarlo y cuando es tiempo de descartarlo y usar uno nuevo”, puntualiza.

No solo hay que delinear protocolos sino trabajar para que se cumplan. Una de las cuentas pendientes la constituye un plan de rastreo y aislamiento de contactos estrechos. “En Córdoba tenemos un centro de rastreo inmenso, con una capacidad de 4 mil llamadas por día. A cada persona que da positivo se la llama por teléfono, se la contacta con el sistema de salud, se le informa de manera adecuada para que comparta información con sus contactos y evite el contagio intrahogar. Asimismo se le solicitan los datos de los contactos estrechos para poder cuidar también a esas personas. El momento de diseñar estrategias preventivas es ya”, indica. A los contactos también los llaman, les dan instrucciones para evitar la infección de sus convivientes, les brindan un certificado para que puedan presentar en sus trabajos y un turno para que se realicen un testeo.

La vacunación es una herramienta formidable, pero sola no alcanza. La puesta en marcha de microsolidaridades y el fomento de una cultura del cuidado del otro puede significar un esfuerzo pequeño en lo individual pero un cambio considerable en lo social. El tiempo pasará y el virus seguirá presente. Las buenas prácticas también podrían seguir el mismo derrotero.

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