Brasil empezó a ingresar en la era del fútbol-empresa por una serie de variables que lo alejan de nuestros clubes empobrecidos. El régimen de Jair Bolsonaro manipuló la pasión popular en su propio beneficio, logró aprobar en el Congreso la ley de Sociedades Anónimas Deportivas (se las llama SAF), su moneda es más fuerte –cotiza un real a casi 20 pesos– y las demás diferencias se perciben en la cancha. Tres de los cuatro semifinalistas de la Copa Libertadores son Flamengo, Atlético Mineiro y Palmeiras. En 2020 ya había salido campeón este último en la final contra Santos, otro brasileño. En ese contexto que ensancha la grieta con los equipos argentinos, emerge con nitidez el caso del Verdao de San Pablo que muy pronto tendrá una presidenta mujer: Leila Pereira. Empresaria multimillonaria, la propietaria de Crefisa –una compañía de crédito fundada en 1964, hoy transformada en banco– y de la Facultad de las Américas (FAM), es aliada del político ultraderechista, con quien compartió el título en el Brasileirao de 2018 en el estadio Allianz Parque. La misma cancha de donde al año siguiente expulsaron a un hincha de 67 años por leer en su platea el libro de Marx, Ciencia y Revolución. Un fresco del macartismo futbolero que arrasa la buena conciencia como el fuego a la Amazonia.

Pereira tiene 56 años y se regalará la presidencia del Palmeiras en noviembre. El 11 de ese mes es su cumpleaños. Si la eligen en los comicios –como se descuenta- el 6 de diciembre debería asumir su cargo. En los hechos sus atribuciones serían las mismas que mantiene hasta hoy. Desde que las dos partes firmaron el contrato de patrocinio más caro de Brasil en 2015, es la principal acreedora del Palmeiras por los millones de reales que le prestó. Abogada, heredó de su esposo José Roberto Lamacchia, un hombre 22 años mayor, el manejo del emporio Crefisa.

Tía Leila, como la llaman los torcedores (hinchas) del Verdao, no oculta sus simpatías por el militar negacionista. Desde su cuenta de twitter donde tiene casi 100 mil seguidores, ella solo sigue a 55 cuentas. Tres son las principales jerarquías del gobierno ultraderechista: Bolsonaro y los generales Hamilton Mourao (vicepresidente) y Augusto Heleno (ministro jefe del Gabinete de Seguridad).


En agosto del 2020 la deuda del Palmeiras que hasta ahora preside Maurício Galiotte y en los hechos controla Crefisa, ascendía a 180 millones de reales. Al cambio, unos 36 millones de dólares. Con su ley de sociedades anónimas deportivas, el gobierno persigue que los clubes –hasta ahora asociaciones civiles sin fines de lucro como en la Argentina– puedan transformar sus pasivos en acciones de capital. El proyecto ya aprobado por ambas cámaras del Congreso es unidireccional. Apunta a ceder la parte más rentable del negocio, el fútbol masculino y femenino, los contratos de TV y los derechos de imagen, pero el capital simbólico de las intituciones como los colores, el nombre, el escudo y hasta la ubicación de la sede solo podrían modificarse con el permiso del club.

Las deudas acumuladas también quedarán para las sociedades civiles que estarán obligadas a saldarlas en seis años con una extensión del plazo a cuatro más. Los potenciales inversores no por eso podrán desentenderse del pasivo. Si toman un equipo, deberá destinarse hasta un 20 por ciento de los ingresos brutos a saldar compromisos impagos. Si la SA controlante obtuviera ganancias, el 50 por ciento de ellas tendrá el mismo objetivo.

Este modelo de clubes-empresa que a partir de ahora podrá coexistir en Brasil con las sociedades civiles, ya estaba instalado en Chile y Uruguay. En el primero, los tres clubes más importantes son sociedades anónimas: el Colo Colo en que fue inversor el presidente Sebastián Piñera, Universidad Católica y Universidad de Chile. Aunque hay otros. El precursor de esta figura jurídica en el Continente es Uruguay. La aprobó en 2001 y ya tiene una escudería de SA: Montevideo City Torque, Boston River, Deportivo Maldonado, Rentistas, Plaza Colonia y Juventud de las Piedras. En Brasil estará prohibido participar con capitales en dos o más clubes al mismo tiempo, algo que sucede en países como México. Se dice que Cruzeiro y Botafogo, dos instituciones muy endeudadas, estudian transformarse bajo el nuevo régimen.

La abogada Pereira anunció su candidatura a la presidencia de Palmeiras el 16 de agosto. Ya es consejera, un cargo en el club para el que fue elegida con la mayor cantidad de votos. “Sé que es una gran responsabilidad, pero estoy preparada para hacer todo lo posible por nuestro club. Juntos por la misma pasión”, declaró.

El prestigioso columnista deportivo de Folha de San Pablo, Juca Kfouri, le dice a Página/12 que se trata de “una mujer extremamente vana, que se enriqueció dando préstamos a quién no puede pagar y sacando de quién no puede pagar lo que ellos tienen, de explorar la miseria de otras personas, de lo poco que tienen. Ella incluso se dice palmeirense, pero nació en Río, es carioca y vascaína (hincha de Vasco da Gama). Se casó con un hombre mucho más grande que ella, en un matrimonio ‘de fachada’ y va ser la proxima presidenta de Palmeiras, un club que tiene hoy su propia vida terriblemente comprometida con el banco de ella, que es Crefisa. Cuando esa deuda fue contraída era como una donación del banco para comprar jugadores. Y la legislación brasileña la transformó en pasivo. O sea, no es una buena solución para el Palmeiras, en ninguna hipótesis”.

La tía Leila está convencida de los beneficios mutuos de la alianza entre su empresa y la institución paulista: “Esta es una asociación en la que todos ganan: el club recibe recursos para trabajar con un buen equipo, los aficionados ven a su equipo ganar y nuestra marca obtiene una enorme exposición”. Lo comentó en una entrevista que le concedió a la revista Veja el 7 de diciembre de 2018. Habían pasado unos pocos días del festejo por el título en el Brasileirao junto a Bolsonaro. El presidente electo en aquel momento la acompañaba sonriente en el Allianz Arena.

Leila Pereira y Jair Bolsonaro en el título de 2018.

“El club se acercó a nosotros en busca de ayuda para la adquisición de jugadores. Varios fueron adquiridos con la ayuda de Crefisa. En ningún momento elegimos al futbolista. Entramos con el dinero. Vendido el jugador, le devuelves el importe a Crefisa. Siempre fue el trato. Estaba en el contrato”, aclaró la mujer más poderosa del fútbol brasileño.

Su equipo es el campeón vigente de la Copa Libertadores y en 2020 también ganó el torneo paulista y la Copa de Brasil. Su empresa tiene como rehén a Palmeiras con un contrato de patrocinio que es el más alto de Latinoamérica. En los hechos, ya era un club-empresa antes de que Bolsonaro aprobara la ley de sociedades anónimas. Hoy es deudor de Crefisa pero la compañía gana con la exposición en su camiseta. Su visibilidad creció en el mercado financiero. “Más dinero con las mejores tasas” es su slogan. Nada de eso le garantiza más títulos en el futuro. Pero que ayuda, ayuda.

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