“Lo único que no pueden hacer es escaparse. La naturaleza, cómplice de las rejas, los encierra en el monte. Los penados saben que la libertad de que disfrutan en el monte no tiene más que un límite: la muerte”. Entre marzo y abril de 1933, el periodista Juan José de Souza Reilly publicó en la revista Caras y Caretas una serie de entrevistas y artículos producidos en la cárcel de Ushuaia, que retrataron desde asesinos seriales como el Petiso Orejudo a héroes populares como Simón Radowitzky o políticos de la época, caídos en desgracia tras el golpe de Uriburu. En buena medida aparecían como crónicas policiales, pero esencialmente proponían a los lectores ver las noticias de la época desde la óptica de quienes habitualmente no tenían voz en las crónicas de turno: los condenados. A partir de ese material formidable por su valor histórico, Santiago Sánchez Kutika y Kundo Krunch realizaron La cárcel del fin del mundo – crónicas de un encierro helado, publicado recientemente por Hotel de las Ideas.

Para Sánchez Kutika no fue la primera experiencia vinculada a la crónica policial: su libro anterior fue Arlt. Cronista criminal, junto a su compañero de editorial Diego Rey. En cuanto al dibujante marplatense, después de los consagratorios El último recurso junto a Luis Roldán, La cárcel del fin del mundo supone una suerte de bajada a tierra, pues su registro pasa del relato fantástico (y casi superheroico) al realismo. En común hay un clima, el conjunto de sus recursos con sus contraluces, sus dibujos (re)proporcionados y un plantado austero construyen una atmósfera siempre sórdida que subraya los crímenes sin embellecerlos.

En el libro hay varios méritos. Recuperar esas crónicas históricas es uno, desde luego. Pero no es el único acierto desde la escritura. Sánchez Kutika sabe trabajar en equipo y se nota. Donde otros colegas suyos se matarían por dejar en claro cuán inteligentes son, él da aire al texto original y libertad a su dibujante para plantar los escenarios del mejor modo posible. A veces se reconoce a un buen guionista porque supo disimularse detrás de los demás. Esta es una de esas ocasiones. Sánchez Kutika está ahí en un montón de decisiones, sin duda (qué casos narrar, por ejemplo, desde qué posición recuperarlos, qué citar y qué no del texto original de Souza Reilly), pero no trata de pavonearse.

Y en esa libertad que ofrece el guionista, Krunch saca a relucir lo mejor de sí. Su estilo se lleva de maravillas con la austeridad del ambiente patagónico y carcelario (es difícil imaginarlo retratando un ambiente tropical exhuberante, por caso), pero esa capacidad para ensombrecer rostros y definir una cara con apenas el perfil de una nariz, algunos dientes y dos puntitos por ojos son ideales para contar las vidas encerradas en la cárcel del fin del mundo. Al final, dado el contexto, la dupla consigue el mejor resultado: atrapar al lector.

Lanzamientos

Los escorpiones del desierto vol.2 (Hugo Pratt / Fondo de Cultura Económica)

Si cabe, aquí el trazo de Pratt es aún más limpio que en el primer volumen. Presentados ya los protagonistas, la acción sigue los pasos de Koinsky mientras atraviesa filas enemigas y descubre que las lealtades nunca son tan claras como la guerra presupone y que a veces la cordura de quienes empuñan el fusil depende del recuerdo de una mujer. Lo interesante de este volumen es que las internas de las naciones africanas envueltas por el colonialismo europeo tienen más relevancia.

Pitufos #3 (Peyó / Merci)

No deja de ser notable que tantas décadas después de su aparición las aventuras que ideó Peyó conserven su ritmo de lectura. Aquí, ya superado el episodio de la Pitufina -en el que sí se advertía cierta naftalina- hay aventura y fantasía puras, ideas magníficas y originales, y un fluir del relato envidiable. La historia que da nombre al título (“El astropitufo”) es una clase magistral de cómo proponer una aventura sin villano y pensar las relaciones desde un lugar muy positivo.

Spacedrum #1 (Eric Cuaresma y Cristina Jorge / Planeta Cómic)

Es curioso como una parte del manga producido en Japón se interesa por las particularidades filosóficas y religiosas de Occidente, pero el producido fuera se abraza a las tradiciones niponas. Spacedrum cambia el trasfondo habitual por un mundo en que cierta forma del budismo se impuso (de un modo algo totalitario) como modelo de vida en todo el mundo. Claro que esta teocracia no está exenta de luchas internas y amenazas exteriores, y hacia allí va el argumento que propone Cuaresma.

Las interrupciones (Nicolás Schuff y Mariana Ruiz Johnson / Fondo de Cultura Económica)

Este es uno de esos libros de frontera. Está segmentado en viñetas y la matriz comiquera de Ruiz Johnson es clara, pero a la vez su texto está pensado más como el de un libro álbum o el de un cuento infantil. ¿Es, sin embargo, un cuento infantil? Por momentos, Schuff parece estar jugando con el lenguaje y ofreciendo a otros adultos una humorada muy bien elaborada. El resultado, sin embargo, es notable. Las interrupciones funciona y se lee con frucción de principio a fin.

Viñetas

Se entregaron los Eisner

Hace algunos años hubiera sido impensable que una editorial independiente conquistara más premios Eisner que DC o Marvel Comics. Pero con el correr de los años las dos grandes casas editoriales vieron relegada su relevancia a otros sellos, particularmente aquellos instalados desde hace mucho en las librerías. Ese cambio de signo empieza a advertirse también en los galardones de la industria. Así, en la última edición de la San Diego ComicCon (que no es sólo el festival del trailer, pese a las críticas) Fantagraphics asomó como el gran ganador de la ceremonia, con cuatro reconocimientos (tres de ellos a Monsters, de Barry Windsor-Smith, incluyendo el de mejor dibujo y de mejor álbum). La ceremonia dejó también un reconocimiento como mejor promesa en ascenso al argentino Luciano Vecchio, quien desde hace algún tiempo destaca en el panorama norteamericano con sus diseños claros y colores brillantes, de sutil influencia del manga y de lectura celebratoriamente queer. En la Argentina publicó Sereno a través de Gutter Glitter, donde también abreva en el género de superhéroes, pero desde una óptica antipatriarcal. En EE.UU. publicó en las dos majors y, más allá de colaborar en títulos centrales de Marvel Comics, se destacan su participación en especiales como Marvel’s Voices y en DC Pride.

Conmemoran la muerte de Superman

Aunque parezca increíble, ya pasaron 30 años de la icónica línea argumental La muerte de Superman. Para conmemorar el aniversario, DC reunió al equipo creativo de toda esa saga para hacer un especial (“The Death of Superman 30th Anniversary Special”) que tendrá cuatro historias cortas de esos equipos que, tres décadas atrás, exploraron las consecuencias de la muerte del kriptoniano y la aparición de quienes querían ocupar su lugar.