¿Cuánto costaba un kilo de yerba hace doscientos años? ¿Y uno de azúcar? En la actualidad es común encontrar publicados en los medios índices de precios de los productos de uso cotidiano y existen organismos como el INDEC que los calculan y hacen un seguimiento de su evolución. Sin embargo, la tarea de construir índices de precios se vuelve más compleja si los periodos que se intenta analizar están alejados en el tiempo.

La doctora Carina Frid es investigadora del CONICET en la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la Universidad Nacional de Rosario, y llevó a cabo un estudio destinado a reconstruir la evolución de los precios en Santa Fe en el período comprendido entre 1790 y 1850. Para realizar este trabajo Frid recabó datos de un gran número de fuentes: registros de ingresos y de gastos de los Conventos de San Lorenzo y San Francisco en la ciudad de Santa Fe, libros de contaduría de la Provincia de Santa Fe desde 1816 y archivos privados de empresarios ganaderos que se encuentran en el Archivo General de la Nación.

"En Santa Fe no había en esa época un mercado de abasto con una cotización diaria, entonces para determinar los precios de los productos en cada momento tuve que hacer una comparación de distintos indicios. Por ejemplo, si el precio de compra de un vacuno para el ejercicio asentado en la contaduría provincial coincide con el registrado en el convento, puede considerarse que ese era el precio de mercado del producto", detalló Frid.

Según explicó la investigadora, el interés por el estudio de la historia de los precios se ha renovado recientemente a nivel internacional como una herramienta de análisis de los orígenes de las diferencias en las condiciones de vida de la población de América Latina, América del Norte y Europa entre los siglos XVI y comienzos del siglo XIX.

En la última década se avanzó en la elaboración de series de precios de bienes y en la construcción de canastas de consumo en Río de la Plata como parte del debate internacional sobre el nivel de vida en Europa y en América hispánica. "El caso de Santa Fe, un centro mercantil de estratégica posición dentro del comercio colonial, no había recibido la atención de la historiografía económica hasta hace muy poco y el periodo que yo analizo no había sido abordado dentro de esta línea", aseguró Frid.

La investigadora, además, destacó que "la construcción de estas series de precios resulta útil para medir indirectamente la profundidad de la crisis económica que Santa Fe atravesó en aquellos años y su impacto en el nivel de vida de la población".

 

Precios y vaivenes

El estudio de Frid contempló la construcción de índices de precios de nueve productos de consumo y uso cotidiano: yerba, azúcar, vino, grasa, sebo, aguardiente, sal, lienzo y tabaco;  y tres bienes comercializables: trigo, vacunos y cueros.

La investigadora analizó cómo diferentes acontecimientos sucedidos en Santa Fe y otros que afectaron a todo el Río de la Plata impactaron en los precios de los productos y dividió el periodo de estudio en tres grandes etapas. En una primera fase, desde 1790 hasta 1815, la economía de Santa Fe se expandió gracias a dos ejes principales: la producción ganadera y la cría de mulas. Frid pudo observar que al final de esta etapa, impulsados por la demanda, los precios de los bienes producidos localmente comenzaron a subir y a divergir con los precios de los bienes de consumo que se producían en el espacio regional americano.

"Aquella larga etapa de crecimiento se cerró en 1810 y se agotó definitivamente a mediados de la segunda década del ochocientos, cuando Santa Fe no sólo perdió el control en la intermediación de bienes de consumo con los mercados rioplatenses virreinales, sino que su territorio sufrió la ocupación militar por parte de los ejércitos de Buenos Aires y los de Artigas, lo que provocó la destrucción de su riqueza ganadera", indicó Frid.

En este segundo momento, la población se vio afectada por severos cambios en la estructura de los precios de los alimentos. "En la etapa anterior, una estructura asimétrica del movimiento de los precios de los dos productos que ordenaban el patrón nutricional de la población, el trigo y la carne, permitía que se compensaran las alzas bruscas de los precios de los cereales con carne a bajo precio, pero con la destrucción de los stocks ganaderos esto se terminó", sostuvo Frid.

A finales de 1830, la economía provincial inició un camino de recuperación en un contexto de paz. Comenzó una nueva etapa donde los precios de los productos ganaderos estabilizaron su tendencia decreciente y los bienes de consumo se sostuvieron en niveles siempre mayores a los de la primera etapa registrando alzas bruscas de precios alentadas por acontecimientos como el bloqueo anglo‑francés.

(*) CONICET Rosario.