Lucas Acuña despide a sus interlocutores con "bendiciones". Con 24 años, está planificando su casamiento con Adriana para el 15 de julio, en la iglesia del Cristo Vivo, en Reconquista. En 2012, registró otra identidad sexual, ya que fue travesti desde los 14 años. Cuando se refiere a esos años desde su adolescencia hasta los 21, habla de su "otra vida". En ese tiempo estuvo distanciado de su familia y ejerció la prostitución. "Cuando me hice la identidad es como que logré todo, pero pasó un año y me decía, qué estoy haciendo, es como que empezó a madurar en mi vida, y decir que esto no era lo que quería, por qué seguí más mi impulso de deseos...  Y ahí empecé a analizar lo que realmente quería", dice Lucas, quien llegó a la iglesia siendo travesti. Con Adriana, a quien conoció en la iglesia como una de sus guías espirituales, primero fueron amigos. "Yo le contaba lo que quería de mi vida", dice Lucas. Ella, que tiene 42 años, tuvo un matrimonio anterior y dice que siempre vio a Lucas como hombre. "Hemos vivido muchas situaciones difíciles, de mi salud, de trabajo, y puedo decir que realmente tengo un hombre al lado mío", subraya ella. ¿Quién dio el primer paso en el amor? "Fue mutuo", dice ella. Hasta hace dos meses, vivían en Reconquista pero ahora se están mudando a Santa Fe "por el ministerio de la Iglesia y por cuestiones de salud de ella", cuenta Lucas, que quiere dar a conocer su historia. Por lo que significó la ley de identidad de género en términos de avances para los derechos humanos de las personas trans, contar esta historia es un desafío con aristas éticas. Muchas personas trans lucharon para conseguir una ley que las reconozca, y tener su DNI es apenas uno de los derechos conquistados, faltan muchos por conquistar, como el efectivo acceso al mercado laboral.

Hace un año, Lucas recurrió a la justicia federal para adecuar nuevamente su identidad. El procedimiento está previsto en la misma ley de identidad de género, en el artículo 8, que dice: "La rectificación registral conforme la presente ley, una vez realizada, sólo podrá ser nuevamente modificada con autorización judicial". Lucas acudió al fuero federal y el juez Aldo Alurralde se declaró incompetente. Pero nadie le indicó que era un trámite provincial. Asesorado por la defensoría pública federal, hizo dos nuevas presentaciones en la Justicia. El 15 de julio llevará una escribana a la ceremonia religiosa para que quede asentado que se casa con identidad masculina. Con un buen asesoramiento, podría hacerlo con la identidad que ahora autopercibe.

El subsecretario provincial de Políticas de Diversidad Sexual de la provincia, Esteban Paulón, no comprende la dificultad: "es un trámite sumario en la justicia provincial". En cinco años hubo 650 cambios registrales para adecuar la documentación al género autopercibido, y recibieron sólo dos consultas para volver a la identidad anterior. Lucas no llegó a la Subsecretaría. "La única autoridad sobre el género de una persona es la propia persona", subrayó la filósofa Diana Maffía, quien aseguró que no se puede hablar de una situación individual sin conocerla, y cuestionó la manipulación que ejercen las iglesias evangélicas (ver aparte).

 

El procedimiento está previsto en la ley de identidad de género, en el artículo 8, y sólo requiere autorización judicial.

 

Lucas y su pareja subrayan una y otra vez que volver a la identidad masculina es una "decisión personal", sin negar la influencia de la Iglesia. Eso sí, él habla de "desviación sexual", cuando se refiere a la homosexualidad y travestismo, dos términos que asimila. "La vida es un transcurso que trae decisiones, experiencias, malas experiencias como buenas experiencias, y a raíz de todo lo que ya venía cargando de niño, a partir de un abuso empezó todo, a los 10 años empezó a nacer esa inclinación sexual de la atracción hacia los hombres y a los 11, 12 años, decidí entrar en ese mundo que hoy es la homosexualidad. Entonces, a los 14, 15 años decidí empezar a travestirme, vestirme de mujer, empecé a entrar en la prostitución, cosas que fueron dañando mi vida, porque la vida de un homosexual, un travesti, un gay, es un abismo, donde tenés que atravesar violencia, peligros, y mucha venganza", relata. Más tarde, cuando se le pregunta si ha vuelto a tener deseos homosexuales, responde: "Gracias a dios, no".

Lucas tomó hormonas durante años, y ya no lo hace. Aunque tuvo la oportunidad de acceder a la cirugía de reasignación de género, no se animó por temor a las consecuencias que podría traer en su cuerpo. Sufrió dolores cuando dejó de hormonizarse. Hoy, tiene la boca ancha, y ya no tiene pechos de mujer. Lleva el pelo corto. En su aspecto no quedan casi rastros femeninos y también quemó las fotos. Conserva sólo una de su vida "anterior". Nació el 28 de agosto de 1992 en Reconquista. "A los 11 años conocí a mis padres verdaderos pero no hubo afinidad. Ellos me regalaron y fue una bendición, me crié en una casa donde me dieron todos los recursos, me dieron amor, que es lo esencial para un niño", dice ahora Lucas, que estuvo distanciado de su familia adoptiva durante todos los años de su otra identidad.

Ahora, recuperó la relación con sus padres. "En realidad, lo que me llevó a esa vida fue mi rebeldía, mi enojo, de que yo quería que las cosas sean a mi manera y lo que yo elegía era lo que me iba a hacer feliz. Pero no era lo que yo quería, lo que yo anhelaba, a través de mi decisión traje mucho dolor y sufrimiento a mi familia, porque cuando decidí esa vida traje un quiebre en la relación con mis padres, tuve un quiebre con mis hermanos, mis sobrinos, y todo el hogar. Tuve que decidir irme de mi casa a los 14 años, seguí mi estudio, viví un tiempo en la calle con compañeros, siempre en Reconquista", rememora Lucas sobre los años como travesti. "Decidí tomar esa elección, esa decisión de vida y trajo muchas consecuencias en mi vida, que hoy en día digo para qué, por qué me manejé de esa manera y tomé decisiones apresuradas sin saber que hoy tengo la oportunidad de formar una familia, de tomar otra decisión de volverme de esa condición de vida", continúa su relato. Otro periodista que participa de la entrevista, Maximiliano Ahumada, le pregunta por el deseo, pero Lucas prefiere hablar de decisión. "A los 21 años tenía una confusión de mi vida, decía yo quiero ser mujer, pero a la misma vez quería formar una familia, un hogar, un trabajo digno", argumenta Lucas. Hoy busca trabajo en Santa Fe, y para eso también necesita readecuar su DNI. "Está complicado con el tema de la identidad. Ojalá pudiera conseguir trabajo. Mientras tanto, tengo que moverme y hacer cosas para vender en la calle", cuenta. Uno de sus sueños es estudiar psicología, pero quiere hacerlo "como hombre".