Rapidito y como para no arruinarse el fin de semana, el Tribunal Oral Federal número 2 (TOF 2) rechazó todas las recusaciones contra los jueces y los fiscales en la causa por las rutas de Santa Cruz. 

El primer argumento es que es de acceso público la página de Facebook de Liverpool, el equipo que compartían el presidente del Tribunal, Rodrigo Giménez Uriburu y el fiscal Diego Luciani, por lo que las defensas debieron enterarse de la relación juez-fiscal y recusar al principio del juicio. Ahora se venció el plazo. Lo mismo para los ingresos del fiscal Sergio Mola a la Casa Rosada y la AFI y de los jueces a las reuniones con Patricia Bullrich. Pero es ridículo porque estos vínculos salieron a la luz hace pocos días, cuando Página/12 publicó la foto del equipo judicial. 

El segundo argumento es insostenible: compartir un equipo de fútbol durante cinco años, dicen, no significa que el juez y el fiscal tengan una amistad y, menos todavía, íntima. Nada mencionan de la desigualdad que crea respecto de las defensas que el fiscal sea amigo del juez. 

El tercer argumento sigue la línea del absurdo: haber ido a jugar a la quinta de Mauricio Macri no implica “que tuvieran una particular relación o siquiera simpatía personal o política”. Macri fue el impulsor del al causa de las rutas de Santa Cruz. Además, arrancó su mandato designando miembros de la Corte por decreto. Jueces y fiscales debieron tener en cuenta el peso político-judicial de una visita a la casa del expresidente. 

El cuarto argumento es técnico, pero tampoco se sostiene: que el Código Procesal no menciona a la relación entre el juez y el fiscal como causal de recusación. Basta leer el artículo y es evidente que no es limitativo: si se descubre -tal cual lo exhiben las fotos publicadas por Página/12- una fuerte relación entre el presidente del tribunal y el fiscal, es evidente la pérdida de objetividad. Luciani no sólo sabe que juega de local con su amigo el juez, sino también con los otros dirigentes del PRO y con el arquero Mariano Llorens, integrante de la Cámara Federal.

Un rechazo cantado

El rechazo a las recusaciones era cantado, esencialmente porque el bloque judicial-político-mediático, con sucursal en Comodoro Py, no se iba a reconocer así, desnudo. Es más, ya la Corte Suprema convalidó la participación en esta misma causa de los camaristas de Casación, Mariano Borinsky y Gustavo Hornos, jugadores de paddle con Macri y visitantes de la Casa Rosada y Olivos cuando el expresidente era el inquilino.

Irina Hauser publicó en este diario, en la edición de este sábado, que Hornos no se privó de nada: también estuvo en la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) el 16 de octubre de 2018. Unos días después le puso la firma, junto a Borinsky y Guillermo Jacobucci a una resolución de rechazo a pruebas pedidas por la defensa de Cristina Kirchner.

Cualquier apelación a las decisiones del TOF 2 queda en manos de Hornos y Borinsky. Los amigos y visitantes sean unidos.

El manejo de los tiempos

El TOF 2 se apuró y todavía sacó la resolución de rechazo a las recusaciones en la noche del viernes. La hicieron trascender en la mañana del sábado. Son 19 páginas en las que se desestiman todas las presentaciones de cuestionamiento a los jueces Giménez Uriburu y Jorge Gorini y a los fiscales Luciani y Mola.

El argumento inicial, el fundante, es que las recusaciones son extemporáneas. En otras palabras, debieron ser hechas antes del juicio y no ahora.

Cualquier persona razonable contestaría que recién ahora aparecieron las fotos de Giménez Uriburu y Luciani, publicadas por Página/12, revelando algo que no se sabía: la amistad del juez y el fiscal. Como dijeron varias defensas, ¿cómo se sentiría cualquier imputado si sabe que el fiscal que lo acusa es amigo del magistrado que tendrá la última palabra? Además, se cuidaron mucho de publicar fotos del fiscal, el juez en la página Sólo de Llorens y tampoco jugando, sino dando una conferencia.

Igualmente, los jueces del TOF 2 contestaron que la página de Facebook de Liverpool es pública y que los defensores hubieran averiguado antes. Ahora se terminó el plazo de las recusaciones.

Lo mismo sostuvieron los jueces respecto de las visitas de Mola, a Casa Rosada y la AFI y de Gorini y Giménez Uriburu a Patricia Bullrich. Se puede acceder por los registros de audiencias, debieron investigar en su momento: ahora ya no están a tiempo de reclamar.

Como era previsible, los magistrados pasaron por encima del caso cuando aparece una causal sobreviniente, que es precisamente lo que ocurrió: salieron a la luz fotos que evidenciaron algo que no se conocía de antes.

Amistades

Los jueces aceptan en su fallo lo que dice en su defensa Giménez Uriburu: que “haber compartido eventos deportivos con uno de los fiscales que interviene en estas actuaciones en modo alguno constituye una conducta que presente relevancia”. “Nos encontramos ante la evidencia de que la íntima amistad por la que se pretende la recusación no es más que un relato construido sobre la base de imágenes de las que difícilmente pueda colegirse esa conclusión”. Los magistrados afirman que “íntima amistad” se refiere a que el vínculo entre Giménez Uriburu y Luciani “nunca trascendió a espacios íntimos tales como hogares, ni compartieron encuentros familiares, vacaciones ni ninguna otra situación por el estilo ligada a la vida personal de cada uno”.

O sea, jugar al fútbol en el mismo equipo todas las semanas durante cinco años no califica como una amistad que “pueda producir una determinada carga emotiva en el juzgador o en el acusador, que afecte su imparcialidad o su objetividad”, dice el fallo en su página 15.

El argumento se cae solo.

Los Abrojos

Giménez Uriburu sostuvo en su descargo que jugó en Los Abrojos, la quinta de Macri, en 2017 -el abogado que envió la foto a Página/12 sostiene que es de 2018-, pero que nunca tuvo relación alguna con el expresidente Macri, con quien jamás mantuvo siquiera una conversación. Por lo tanto, "está descartado el temor de parcialidad”.

Como ya señaló este diario, el torneo de fútbol de mayores de 42 es conocido como “el campeonato de Macri” y se juega “en la quinta de Macri” por invitación de Macri. Y el expresidente no es un personaje inocuo en esta historia: impulsó la causa, instruyó a distintos organismos del estado para que sean querellantes y públicamente se manifestó sobre el expediente.

La defensa de CFK, a cargo de Alberto Beraldi, planteó: “cabe preguntarse: ¿qué hubiese sucedido si en el día de ayer se hubiesen dado a conocer fotografías en las cuales los miembros del Tribunal hubiesen aparecido jugando al fútbol con las personas que están siendo juzgadas en este proceso? Sin lugar a dudas, estaríamos en presencia no sólo de un escándalo nacional, sino también ante la inmediata promoción de una causa penal en contra del juez que habría desarrollado tal conducta y la promoción de su juicio político. ¿No pensaron siquiera que jugar partidos de fútbol en la quinta de Macri representa una conducta que no es compatible con los deberes de imparcialidad y objetividad que deben observar los miembros del servicio de administración de justicia?”.

Código

Finalmente, los magistrados recurren a un argumento casi técnico: que en el Código Procesal Penal, en el artículo 56, menciona que debe apartarse al juez “si tuviera amistad íntima con alguno de los interesados”. Y en la lista de interesados no figura el fiscal, sino los imputados o damnificados. Sin embargo, tampoco lo excluye del todo. Nuevamente, la lógica -tan remarcada por Luciani- indica que ningún imputado puede creer que no esté en peligro la objetividad si el fiscal es amigo del juez.

Una familia (judicial) muy normal

Cuando el fiscal Luciani se defendió de la recusación y también en el texto de rechazo de los jueces utilizan como argumento de que el juicio “es normal”.

En la ofensiva política-judicial-mediática contra los que se oponen a los grandes poderes, siempre se busca la apariencia de normalidad, que las formalidades se cumplen.

Un buen ejemplo, en cambio, es lo que fue saliendo a la luz en Brasil, con la ofensiva que dejó afuera de la contienda electoral a Luis Inacio Lula Da Silva. La revista The Intercept filtró los chats entre el juez que metió preso a Lula, Sergio Moro, y los fiscales, en especial quien lideraba la acusación Delta Dallagnol. Discutían, entre el juez y el fiscal, la forma de frenar una entrevista a Lula, el magistrado los instruyó de cómo hilvanar la acusación, fueron acordando los distintos pasos. O sea, en la superficie, aparente total normalidad. Por abajo, una trama oculta de relaciones estrechas. En la Argentina no aparecieron los chats. Por ahora.

Pero en el detrás de escena se verifica la relación jueces-fiscales, la participación de ambos en un equipo y una página que publica una diatriba contra CFK -figura en el Facebook de Liverpool- , a lo que se agregan visitas a la Casa Rosada, a la AFI y a la quinta de Macri. Total normalidad.