La semana marca el principio de lo que podrá ser la debacle sin remedio del desequilibrado ultraderechista Jair Bolsonaro y su entorno más cercano, es decir, su pandilla.

La prisión de varios de sus auxiliares directos ya sería suficiente para preocuparlo a él y a sus cuatro hijos.

Pero uno de los presos, el teniente-coronel Mauro Cid, era su “ayudante de órdenes”, que en Brasil significa el hombre de confianza e interlocutor más cercano. Y con él, fue aprehendida una bomba: en su celular la Policía Federal ya encontró toneladas de diálogos nítidamente golpistas, inclusive con un coronel activo del Ejército, Jean Lawand Junior, quien pide reiteradas veces que el entonces presidente Bolsonaro deflagrase un golpe de Estado para impedir la ascensión de Lula da Silva.

Esa es, al menos de momento, el más explosivo de los temas descubiertos en el celular de Mauro Cid. Pero hay muchísimos otros indicios, inclusive el texto de un decreto que llevaría a la imposición del Estado de Sitio, el cierre del Supremo Tribunal Federal, instancia máxima de la Justicia, y la detención de al menos dos de sus integrantes.

Si a eso se suma lo que fue encontrado en la casa de Anderson Torres, quien fue ministro de Justicia de Bolsonaro y pasó cuatro meses preso, con el borrador de un decreto de intervención en el mismo Tribunal, es imposible ignorar que un golpe fue tramado y el ultraderechista no lo llevó a cabo por desconfiar del apoyo de la cúspide del Ejército.

En el celular de Gabriela, esposa de Mauro Cid, igualmente aprehendido, hay diálogos de clarísima incitación a un golpe entre ella y Adriana, hija del general retirado Eduardo Villas-Boas, quien fue comandante en jefe del Ejército.

Si el padre ya era conocido por su reaccionarismo, la hija lo supera en agresividad. Ella y la esposa de Cid defienden con todas las letras intervención en el Tribunal Superior Electoral, la prisión de su presidente, ministro Alexandre de Moraes, la anulación de las elecciones y la convocatoria a otra votación.

Gabriela Cid menciona pedidos de dinero para movilizar manifestantes pro-Bolsonaro, y convoca los camioneros a aislar Brasilia.

Sobran indicios de que hay más por descubrir, acorde a la misma Policía Federal.

Y todo eso surge en vísperas de la convocatoria de Jair Bolsonaro para nuevo interrogatorio, esta vez ante el mismo Tribunal Superior Electoral

Será la primera de 16 denuncias contra el ultraderechista en las cortes superiores de Justicia. Él tendrá de responder sobre la reunión a la que convocó embajadores para denunciar el sistema electoral brasileño, en julio del año pasado.

Se da por descartado que será condenado e impedido de participar de cualquier acto electoral por los próximos ocho años.

Habrá que ver qué pasará con las otras quince denuncias, ahora cada vez más reforzadas por los movimientos golpistas de su alrededor.

Por más que su defensa insista en decir que él no participó de nada, existe una contradicción evidente y palpable: todos, a empezar por el mismo Mauro Cid, reiteran que él no hacía nada sin antes oír la palabra del entonces presidente. Y Bolsonaro siempre exaltó la plena obediencia de su comandado.