El Gobierno intentó convertir Venezuela en un gran tema para las PASO
Caracas se coló en la campaña
La amenaza que lanzó Donald Trump pone en su verdadera dimensión la crisis venezolana, que la dirigencia de Cambiemos buscó transformar en el gran eje para separar a presuntos buenos de supuestos malos.

En medio de la campaña para las PASO, el debate sobre Venezuela en la Argentina se puso livianito. Parecía un juego. Todo consistía en lograr que alguien perdiera y alguien ganara votos usando al presidente Nicolás Maduro como un fantasma. Tanta ligereza hizo que pasara inadvertido un dato enorme: los Estados Unidos nunca intervinieron militarmente de modo directo en Sudamérica. O sea que cuando Donald Trump dijo, el viernes 11, que no descartaba la opción militar para Venezuela, estaba amenazando con un hecho inédito en la historia. 

Es difícil (muy) que Trump haya formulado declaraciones pensando en las PASO. Pero es un hecho que sus declaraciones terminaron siendo el prólogo continental de las elecciones de este domingo. Un prólogo que, como se informa en esta edición, dibujó el tablero que sigue: 

  • El gobierno argentino fue el único de quienes administran los países más grandes que no se pronunció individualmente. Hicieron pronunciamientos contra el eventual uso de una opción militar en Venezuela Estados como Colombia, México, Brasil y Perú.
  • Sin embargo la Argentina sí firmó con el resto del Mercosur (obviamente menos Venezuela, que ya va por su segunda suspensión) un documento contra el uso de la fuerza.  
  • PáginaI12 preguntó por la tarde a un funcionario la opinión de la Cancillería sobre los dichos de Trump. La respuesta fue una cita del documento mercosuriano: “Los países del Mercosur consideran que los únicos instrumentos aceptables para la promoción de la democracia son el diálogo y la diplomacia. El repudio a la violencia y a cualquier opción que implique el uso de la fuerza es insoslayable y constituye la base fundamental de la convivencia democrática, tanto en el plano interno como en las relaciones internacionales”. 
  • Este diario elevó la misma pregunta a un funcionario de la Presidencia. No hubo respuesta. Conclusión evidente: para la Argentina bastaba con la declaración firmada junto con Brasil, Uruguay y Paraguay. Cero pronunciamiento individual como país. 
  • Naturalmente Venezuela rechazó categóricamente las amenazas de Trump, a las que calificó de “inamistosas y hostiles”. La novedad es que el recién estrenado canciller Jorge Arreaza usó un tono firme pero diplomático. Evitó los insultos habituales en la ex canciller y actual presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente, Delcy Rodríguez, mientras le dedicaba un punto de su declaración, el tercero, a ponerle marco global al asunto: “La temeraria amenaza del Presidente Donald Trump pretende arrastrar a América latina y el Caribe a un conflicto que alteraría permanentemente la estabilidad, la paz y la seguridad de nuestra región, declarada como Zona de Paz por los 33 Estados miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) en 2014”. Sonó a cambio de táctica. En vez de “desenmascarar” las supuestas intenciones de los otros países incluso cuando no se pronuncian contra Venezuela, aprovechar pragmáticamente sus declaraciones.

El uso

Durante la campaña para las PASO Cambiemos utilizó la cuestión venezolana con dos objetivos. Por un lado buscó diferenciarse del demonio mayor, que estaría representado por el chavismo. Por otro lado intentó que las fuerzas de oposición, y en especial la Unidad Ciudadana de Cristina Fernández de Kirchner, pusieran a Venezuela en la agenda de campaña. Figuras con pretensión académica vinculadas al oficialismo fueron más allá: colocaron el rechazo liso y llano al derecho de Maduro a gobernar como una cuestión de vida o muerte. Quien no se pronunciase contra Maduro formaría parte de una “podredumbre intelectual y moral”. Se supone, por el contrario, que el solo hecho de hablar contra la legitimidad del gobierno venezolano daría el certificado moral que todo buen demócrata debería poseer en la Argentina. Una lógica binaria que envidiarían los inquisidores del siglo XVI. 

“Hay cada vez más violencia y más agresión”, dijo el Presidente sobre Venezuela en un acto realizado en Santa Fe el 1° de agosto. Y agregó: “No puedo dejar de pensar lo cerca que estuvimos de ir por ese camino. Todo hubiera sido muy difícil, tremendo, para los argentinos, pero por suerte una mayoría decidimos cambiar y vencer la resignación que nos querían meter”. 

Mauricio Macri llegó a retirarle a Maduro una condecoración, el collar de la Orden del Libertador San Martín, que Cristina Fernández de Kirchner le otorgó en 2013. Uno de los párrafos del decreto que le quita el collar a Maduro señala que “el gobierno encabezado por el señor presidente D. Nicolás Maduros Moros, desoyendo el llamado de la comunidad internacional –incluido el de los países del Mercosur–  ha proseguido con la elección de una Asamblea Constituyente contraria al ordenamiento jurídico”.

La posición oficial argentina fue al mismo tiempo doméstica y externa. En lo externo buscó primero la suspensión definitiva de Venezuela del Mercosur en la cumbre de presidentes de Mendoza, el 21 de julio, pero no lo consiguió. Bolivia, que es el Estado asociado más cerca de convertirse en miembro pleno, directamente dijo que no firmaría un documento que no reconociese el carácter democrático de Maduro. Y el canciller uruguayo Rodolfo Nin Novoa dijo que entre las variantes de prescindencia, condena y colaboración, Montevideo elegiría la tercera. Esas dos líneas llevaron al fracaso la intención de Macri y su canciller Jorge Faurie en Mendoza. Recién lograron agravar la suspensión de Venezuela, que ya estaba entre paréntesis bajo la acusación de incumplir normas de integración, en una cumbre de cancilleres de la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay realizada ocho días después en San Pablo. 

La dureza obtenida por Macri gracias al respaldo de su colega Michel Temer, surgido de un golpe en agosto de 2016, quedó teñida de sospechas de irregularidad por parte de Bolivia, que afirmó no haber sido consultada para el monitoreo de la situación venezolana. 

Lo peor fue una declaración del presidente uruguayo Tabaré Vázquez después de que Nin Novoa se sumó al coro de sus tres colegas. Dijo Tabaré al semanario Búsqueda: “¿Qué pasa con el Uruguay si se mantenía en una situación intransigente dentro del Mercosur? ¿Y si lo aíslan a Uruguay del Mercosur? No hay, digamos, una normativa que puedan esgrimir los otros países para dejar a Uruguay aislado, pero desde el punto de vista comercial pueden tomar varias medidas que perjudiquen a Uruguay. ¿Y cuántos puestos de trabajo se pueden perder? ¿Y si hay acciones que pueden perjudicar a los trabajadores uruguayos, a los empresarios uruguayos, al país en general? Ah, yo lo tengo que pensar muy bien. Con el corazón en la utopía pero con los pies en la tierra”.

Abundó también Vázquez: “Uruguay ha vivido dentro del Mercosur algunas medidas tomadas por otros países del Mercosur que lo han perjudicado comercialmente, y que han impactado negativamente en el trabajo. Es muy fácil: si en lugar de un país integrante del Mercosur le da un permiso de importación a otro país en 15 días, dice: ‘Te lo doy en tres meses’, y ya está. Que fue lo que pasó. Entonces hay que pensar en estas cosas”. 

El mendocino del Frente para la Victoria Guillermo Carmona, vicepresidente de la Comisión de Relación Exteriores de la Cámara de Diputados, presentó un pedido de informes a la Cancillería. Sostuvo que la declaración de Tabaré “constituye un hecho sin precedentes en el escenario regional e internacional”. Según Carmona un consenso logrado sobre la base de la presión constituirían “una violación a los principios del derecho internacional y del derecho de la integración”. Para Carmona es sintomático que Uruguay no haya participado de una reunión de cancilleres celebrada en Lima en la que Venezuela también fue condenada. 

Jorge Taiana, como candidato a senador en segundo lugar y ex canciller, fue consultado y no tuvo problemas en opinar. “Es una crisis institucional muy profunda que incluye enfrentamiento entre poderes, con tendencia a agravarse”, dijo por televisión a la periodista María O’Donnell. “Mi opinión es que hay que hacer un esfuerzo adicional para retomar un diálogo que lleve a una solución”, explicó. “No hubiera separado a Venezuela del Mercosur, porque nos descalificamos como posibles facilitadores del diálogo.”

Como Cristina Fernández de Kirchner no opinó públicamente sobre Venezuela en medio de la campaña y se mantuvo en sus temas  –la crisis, la falta de trabajo, los problemas de los jubilados para comprar remedios, la necesidad de un límite político a Macri–  fueron los dirigentes de Cambiemos quienes construyeron por su cuenta un slogan, ante la imposibilidad de citar a nadie. “Estar como antes es estar como Santa Cruz o Venezuela, porque ésos eran los modelos”, dijo la gobernadora de Buenos Aires María Eugenia Vidal en un acto de campaña antes de cerrar su vida cotidiana como todos los días, en su hogar de la Base Aérea de Morón. 

martin.granovsky@gmail.com