“No es un disco de Mercedes. Es un disco sobre Mercedes, alrededor de Mercedes, con Mercedes, y con todo lo que ella sembró en nosotros”, empezó a decir Gustavo “Popi” Spatocco, cuando la primera de una infinita serie de lágrimas de emoción colectiva derramó sobre el escenario del Espacio Aguaribay. Ese fue el espacio escogido para asistir a una celebración con nombre de disco, poesía permanente y sonido de futuro: Mercedes florecida. 

“Este trabajo implica una forma de entender que quienes se van igual siguen en nosotros, gracias a lo que sembraron en nuestro corazón”, dirá también Spatocco, que alguna autoridad tiene al respecto: no solo fue, durante más de veinte años, arreglador y director musical todoterreno de la Negra, sino que ahora le tocó en suerte producir –junto al guitarrista Sebastián Henríquez- lo que hasta ahora es “la” noticia del año, en términos discográficos. Y lo es por un sinfín de motivos, pero uno de ellos central: el amor incondicional por la cantora tucumana que profesa la treintena de músicos y músicas que le puso voz a las once piezas que pueblan el disco en cuestión, publicado por Sony, que comenzaron a rodar el domingo 9 de julio (día en que Mercedes hubiera cumplido 88 años, además) en todas las plataformas digitales.

(Imagen: Martín Zabala)

Mercedes Florecida, también editado en CD y vinilo, se traduce entonces en un puñado sublime de canciones que, con el “Himno Nacional Argentino” como corolario final, respira y contiene grabaciones recuperadas e inéditas de Mercedes Sosa vestidas con ropaje nuevo, y ensambladas con las voces de Víctor Heredia, León Gieco, Ricardo Mollo, Peteco Carabajal, Nadia Larcher, Bruno Arias, la “Bruja” Salguero, José Luis Aguirre, Eruca Sativa, Manu Sija, Teresa Parodi, Liliana Herrero, Daniela Heredia, Marta Gómez, Dulce Pontes y Luna Monti, entre otros y otras, contenidos musicalmente por el mismo Popi en piano, arreglos y dirección musical, al frente de una orquesta integrada por Diana Arias en contrabajo, Carolina Cohen en percusión, Milagros Caliva en bandoneón, Guillermo Rubino y Sara Tubbia en violines, Mariano Malamud en viola y Benjamín Báez en cello.

De las once piezas que contiene el disco, tres son nuevas, totalmente originales, y el resto se pasea por reversiones de canciones de diferentes autores que la homenajeada recreó alguna vez en su vida. “Popi tenía la esperanza que compusiéramos para este disco una canción con Charly García, pero él tuvo un problema en la espalda en ese momento, y no pudo. Entonces, yo compuse la letra, la publiqué y luego Luis Gurevich le puso una música que me encantó”, contó León Gieco, posado precisamente en una de las tres piezas originales del trabajo. Se llama simplemente “A Mercedes”, e interviene a Ricardo Mollo, Luna Monti, el Ensamble Rondadoras, y la misma “Negra” colando rémoras etéreas de su voz entre medio de las demás. La letra brilla: “Su voz que se tejió con el viento / hiere al aire con garras suaves / con palabras de amor / y de guerra / para que el mundo entero cante”, canta León, antes que el coro aéreo de las Rondadoras ensamble con el de Mercedes. Precioso tema.

León Gieco y Teresa Parodi.

La celebrada celebración de la escucha colectiva de Mercedes florecida había comenzado por otro tema que la Negra amaba, en su idilio con el rock: “Inconsciente colectivo” –que en el disco ocupa el cuarto lugar- retomado en este caso por las voces del compositor cordobés Santiago Celli, de Abel Pintos y de la cantante colombiana Ivonne Guzmán Grisales. Había continuado con otra versión, imbuida esta vez en aires litoraleños, de “Volver a los 17”, inoxidable tema de Violeta Parra, que Mercedes grabó en su disco homenaje a la chilena, en 1971. Y había subido aún más el tono emocional a través de una perla de Caetano Veloso (“Alguem cantando”), que Mercedes tenía grabada de entrecasa, en familia, casi sin que se enterara nadie.

Pues en familia también fue la interpretación que quedó en Mercedes Florecida, dadas las participaciones de su hijo Fabián, y sus nietos Araceli y Agustín Matus, en sinergia con la voz de la abuela. “Recuerdo que en aquel momento mi abuela me preguntó si la quería grabar con ella, y yo le dije que no”, se presentó Araceli, ante una pieza orquestal, cantada en portugués –con recitado en castellano a cargo de Agustín en el medio- en la que finalmente sí ensambla no solo con abuela, sino también con su padre Fabián, y su hermano.

“Todo cambia”, himno del chileno Julio Numhauser, tiene por su parte su correlato actual –“otro ímpetu, otra mirada, otra época”- entre las manos y las voces del tucumano de Simoca, Manu Sija; las cordobesas rocker de Eruca Sativa, y Teresa Parodi, protagonista central de la obra. “Hasta que pasó esto, siempre sentí que me faltaba haber conocido a Mercedes personalmente”, señaló Sija, ante la escucha atenta de una revisita vital, en tensión renovada, y en clara sintonía estética con el nervio de la era.

“Voy a ofrecer el canto de una mujer purísima, que no ha tenido la oportunidad de darlo (…) les voy a dejar con ustedes a una tucumana: Mercedes Sosa”. La que se escucha mediando el track siete, es la voz del mismísimo Jorge Cafrune, justamente presentando a Mercedes en el Festival de Cosquín de 1965, gesto con olor a hito que por supuesto la Negra no solo nunca olvidó, sino que también hizo suyo con tantos y tantas jóvenes, en el devenir de las nueve lunas. Por eso, “Canción del derrumbe indio”, la gema telúrica de Fernando Figueredo Iramain que la tucumana ejecutó austera, con su caja, como poseída por un hechizo milenario durante su Cosquín debut, renace hoy poblada de voces que le rinden tributo. “Ella ha sido quien nos marcó el camino, y desde ahí nunca hemos podido escapar de la belleza de la música argentina”, expresó la “Bruja” Salguero, una de las convidadas por Spatocco para fugar hacia los inicios de la tucumana, junto con Nadia Larcher, Bruno Arias, José Luis Aguirre, Juan Iñaki, Milena Salamanca y Peteco Carabajal.

Liliana Herrero y Víctor Heredia.

La reversión de “Canción del derrumbe indio” es profunda en su confluencia entre pasado y presente. Conmueve escuchar la voz de la joven Negra emergiendo como parte de esa “civilización vencida”, que cuenta y canta la letra, en medio de sus émulos y émulas… entre charangos y “charanguitos”.

Llega “Alfonsina y el mar”, arropada en las sutiles voces de la brasileña Mónica Salmaso; la portuguesa, Dulce Pontes y Julia Zenko (“No puedo más de la emoción, Mercedes formó parte de mi vida, desde que yo era muy chiquitita”, dijo la argentina). Y luego “Razón de vivir”, con Víctor Heredia en cuerpo presente, y visiblemente emocionado. “Ya parezco el novio de Mercedes, cada vez que pasa la agarro de la mano”, rió él. “Es tremendo recuperar de esta manera a un ser tan amado, tan querido, con una visión tan amorosa por la música popular, por el arte en la Argentina. Mercedes dio cátedra. Nos enseñó a amarnos, a mirarnos, a escucharnos y a enriquecernos con la música de nosotros. Yo soy un privilegiado, porque compartí con ella innumerables momentos artísticos, y por suerte familiares… Mercedes sigue proyectando. Traspasa todas las generaciones, porque con su voz le dio sentido al sueño de amor de todo un continente”, fue el sentido testimonio de Heredia, que impregnó profundo, certero e inevitable en el de su hija Daniela: “Yo viví a Mercedes de una manera muy familiar. Ella estaba naturalizada en mi vida, y viví su partida a través del dolor que sintió mi papá”.

La revisita del clásico de Heredia que la Negra grabó por primera vez en 1985 cuenta además con las participaciones de la trapera Dakillah, la cantautora española Rozalén, y la cantante, instrumentista y compositora Silvina Moreno. “Que de repente aparezca la voz de Mercedes detrás de la mía es algo realmente muy emocionante, memorable”, señaló Moreno, palabras antes de que Dakillah, la participe más joven del disco, agradeciera la oportunidad: “Para mí todo esto es una locura. Me recuerda amor, porque en mi familia todos escuchaban a Mercedes, pero yo era tan chica que no entendía las letras, cuando hoy me genera una cosa muy fuerte en el pecho. Es una locura cómo mantienen esta música presente”.

La versión de “Razón de vivir”, incluye además una estrofa nueva, cuyas palabras acarician, completan, las originales: “Para no temblar cuando el tiempo indique que ya no hay tiempo / y abrazar la luz que siembra en nosotros su amor inmenso / Para florecer junto a la esperanza del hombre nuevo / para imaginar que no hay imposibles y alzar el vuelo”. Según cuenta Spatocco, pasó muy poco tiempo entre el momento en que le pidió a Heredia un verso más, y la devolución de éste.

Además de titular el disco, “Mercedes florecida” es también el nombre del canto colectivo de impronta norteña, orquestal, que abre el disco, y cierra la escucha entre amigos y amigas. Su arquitectura es horizontal. Cada quien de los casi treinta cantores y cantoras que la interpretan tuvo que escribir un verso sintetizando en él lo que significa Mercedes para cada quien. Y entonces Heredia dice a la Negra “bandera de un pueblo que sueña”. Y León hace a su canto dueño del viento. Y Mollo acusa a su voz de haber abrazado su camino. Y Bruno Arias piensa a la tucumana como un alma que estremece. Y todas las voces todas se conjugan en un estribillo estremecedor: “Cantará / tu voz en nuestra voz / Madre cantora / siempre regresa tu luz”.


Canción para otro ausente

Otra de las ausencias que habitó con fuerza disco y escucha fue la de Fabián Matus, el hijo de Mercedes, que partió en marzo de 2019, a los 61 años. En él justamente se inspiró Teresa Parodi para escribir la letra de otro de los temas originales del trabajo, cuyo nombre -“Los dos solitos”- alude al irrompible vínculo de amor y lucha que madre e hijo fortalecieron, cuando ella se separó de Oscar Matus. “El cauce sonoro de la voz de Mercedes es la patria. Extraño las charlas interminables, los encuentros en su casa”, evocó la cantautora correntina cuando le tocó contar de qué iba la pieza. “Apareció una nota de Mariano del Mazo en un diario cuando murió Fabián que se llamó 'Los dos solitos'. Yo ya conocía esa frase, porque Mercedes contaba que cuando ella se separó del papá de Fabián, agarró a su hijo y le dijo 'ahora tenés que portarte bien, porque quedamos los dos solitos'”. 

“Los dos solitos” fue también el único tema –por ahora- que gozó de estreno en vivo cuando Popi, autor de la música, hizo subir al percusionista Martín Furió y al contrabajista Ricardo Cánepa –su trío- al escenario del Aguaribay, para colocarle un sonido tan preciso como conmovedor y telúrico a las voces de la catamarqueña Larcher, y de la misma Teresa, que suplió a Nahuel Pennisi, voz en el disco. “Mi mamá nombraba a Mercedes como 'la tía'”, evocó Larcher. “Mi madre es una pastora de la montaña, en Catamarca, y para ella, Mercedes era la tía cuya voz llegaba a ella por ondas y frecuencias, siempre y cuando hubiera pilas para escuchar la radio, allí sobre los cerros. Ella me enseñó a quererla, y a cantarla, para que se siga escuchando el latir profundo de la tierra”.