El día anterior fue el estreno y entonces algo en ella, en su modo de llegar y saludar, demuestra una vibración encantada. Hay algo de esa confianza serena, de esa felicidad de quien cumplió su objetivo, de quien logró salirse con la suya pero sin alardes, sin hacer de esa conquista un discurso exacerbado sino con la tranquilidad agradable que brinda la certeza de haber construido la vida que deseaba.

Es la cuarta obra que Payuca estrena en un teatro oficial. Primero estuvo su protagónico en Don Gil de las calzas verdes de Tirso de Molina en el San Martín que decidieron bautizar como El Siglo de Oro trans, y después vinieron sus trabajos en la versión de Julio César de Shakespeare que realizó José María Muscari en el Teatro del Plata (perteneciente al Complejo Teatral de Buenos Aires) y su Nombre significa mujer de Paola Lusardi el año pasado en el San Martín. Ahora Payuca es Lorena, una mujer trans que vive en el Hotel Gondolin, ese lugar que fue casa y refugio de feminidades travestis y que funciona en cooperativa en el barrio de Villa Crespo. Este espacio, como referencia escenográfica y también como metáfora se convierte en el eje que estructura un ciclo llamado "El hotel es un cuerpo" basado en el libro del mismo nombre donde de forma testimonial y poética Marisa Acevedo, Viviana Borges, Marlene Wayar y Zoe López cuentan los modos de habitar ese lugar recuperado dentro de la experiencia travesti.

"Mi lucha personal está puesta en hacer cualquier tipo de personajes porque yo me considero actriz, no una actriz trans que hace personajes de personas trans".

La obra escrita por Felicitas Kamien y Federico Liss está lejos de una descripción convencional o de un discurso reivindicativo. La pieza dirigida por Kamien se mete en la complejidad de este personaje, en las contradicciones de una vida siempre expuesta y lo hace a partir de la creación de un ser que en la interpretación de Payuca se vuelve carismático y feroz. Tanto el texto, la actuación y la dirección hacen un uso de la intriga que le otorga un valor estético a esa obra, más allá del ciclo y las decisiones políticas que llevaron a programarlo. Felicitas y Payuca logran darle a este personaje, a su drama y su cotidianidad, una dimensión que no queda entrampada en lo anecdótico “A mi lo que me resultó más interesante del trabajo fue que iba a ser una ficción”, explica Payuca: “Que no iba a ser solamente abordar lo que se planteaba en el libro. Como actriz me resultaba más interesante poder componer un personaje, más que intentar imitar una personalidad de las chicas que comentan su historia.” y Payuca comienza a hablar directamente de la situación que se cuenta en la sala Luisa Vehil del teatro Cervantes. “Este personaje toma un tema tabú que tiene que ver con la posibilidad que una persona trans se enamore. Lorena se dice a sí misma: tratá de no enamorarte porque te llevás una gran desilusión, porque el afuera es difícil, porque quién se banca formar una pareja con una persona trans. Sobre todo a fines de los 90 comienzos de los 2000. Ahora está un poquito más aceptado”, dice Payuca en un gesto que se parece a una pregunta como si su cara quisiera abrir unas comillas que expresan dudas “ Y acá en Capital, porque te vas a las provincias y decís: faltan como veinte años“.

Payuca en escena.


Tiempos de cambios

Si estamos atravesando una verdadera revolución en relación a la posibilidad de elegir nuestro sexo, de reinventarnos, de decidir nuestro género y orientación sexual a partir de una transformación que no es definitiva, que implica un devenir, la posibilidad de cambios y ambiguedades, el arte y más precisamente el teatro ha hecho de esta movilización de los géneros y las sexualidades (que contine también a los feminismos) un motivo de interés temático aunque no siempre se traduce en procedimientos que ayuden a llevar a un límite los nuevos conflictos que esta revolución vertiginosa supone.

En este sentido, en Lorena, la dramaturgia de Kamien y Liss plantea una situación donde se da la posibilidad de inclusión de la protagonista a cierta normalidad a partir del romance con un odontólogo que primero es su cliente pero después le propone una relación más estable, donde él le presenta a su hija, se separa de su mujer y le ofrece a Lorena trabajar como secretaria en su consultorio. Lo que podría ser una decisión narrativa que intenta cumplir un sueño de aceptación deviene en una voluntad dramatúrgica que se anima a discutir un elemento conflictivo fundamental. 

Lorena se siente todo el tiempo una extraña en esa vida donde se levanta temprano y se toma el subte para ir a trabajar porque tiene que soportar las miradas de un mundo que la considera una intrusa. Los pacientes se van del consultorio, decididos a elegir un odontólogo más recatado y Lorena necesita volver a su trabajo de prostituta porque siente que ese es el territorio al que pertenece. "Es que por el solo hecho de salir a la calle la gente te mira como intentando descifrarte. Yo, tal vez, hoy no lo vivo como un rechazo, hace varios años que no me interesa el qué dirán sobre mi en la calle pero pareciera que es un problema de los demás ¿Con quién estás? ¿Tenés pareja? ¿sos hombre o sos mujer? La sociedad te va llevando a un determinado lugar y le gusta encasillarte. Yo Payuca, lejos de todo eso. “

A la sociedad le gusta encasillarte. Yo, Payuca, lejos de eso


Roles diversos, verdadera diversidad

Hoy estos dilemas son incorporados tanto a producciones institucionales como a la factoría mainstream. Payuca actuó también en la serie de Telefé Pequeña Victoria donde además de brindarle a un público masivo una historia donde la maternidad se materializaba en la conjunción y alianza de varias madres que ocupaban roles diversos, existía un protagonismo de actrices y personajes trans. “Es fundamental ocupar espacios porque en el teatro independiente, al que pertenezco, hay más visibilidad. En el teatro oficial sos la actriz trans, que es donde yo estaría encajando, ocupando un personaje trans. Ok, vamos a marcar un precedente con eso. Pero mi lucha personal está puesta en hacer cualquier tipo de personajes porque yo me considero actriz, no una actriz trans que hace personajes de personas trans. Yo quiero hacer cualquier personaje. Es la lucha que llevo hace varios años, que se me valore por mi talento, sea mucho o poco, más que por mi condición sexual o identidad de género. Hagamos un casting, probame y vamos a ver si puedo hacer este personaje”.

En el teatro isabelino y en el Siglo de Oro español era muy común el travestismo. No solo porque las mujeres no podían actuar y los hombres debían cumplir los roles femeninos sino porque en la trama misma de las tragedias, comedias y farsas los personajes debían cambiar su sexo . Las mujeres se vestían de hombres para salir a los caminos y no correr peligro, para infiltrarse y conseguir información. Así ocurrían situaciones equívocas donde una mujer se enamoraba de otra mujer creyendo que era un hombre, como se cuenta en Noche de reyes y siempre quedará la sospecha de si esa no era una estrategia de Shakespeare para abordar el amor lésbico “En Don Gil de las calzas verdes el director decidió convocar a la mitad del elenco trans para jugar con esa confusión que se da todo el tiempo en la trama. Yo ese trabajo lo disfruté muchísimo, interpretaba personajes femeninos y masculinos en una obra en verso. Fue un gran desafío”.

Payuca en escena.

También pensaba en la escuela que fue en el under de los 80. Batato Barea, Alejandro Urdapilleta y Humberto Tortonese nunca se pensaron como maestros pero crearon un modo de actuación. Allí había una herencia del transformismo, un uso estético del travestismo y, a su vez, una formación técnica muy exigente. Urdapilleta y Tortonese estudiaron con Augusto Fernández. Antonio Gasalla, que es un actor que a vos también te marcó, venía del conservatorio nacional.

--Batato estaba en esa transición de no identificarse con nada, de simplemente hacer. Creo que la actuación, las performances, los hechos artísticos los planteaban desde un lugar lúdico, disruptivo. Yo los conocí viendo el Palacio de la risa de Gasalla en la televisión en Pergamino, allí actuaban Urdapilleta y Tortonese y después me puse a investigar y descubrí a Batato. Lo que había era de un nivel de hermosura y de locura y yo dije "quiero hacer esto". De hecho pensaba: Son hombres actores que se “disfrazan” (en mi mente de esos tiempos) de mujeres y lo veía como algo permitido y aceptado socialmente en el horario de una cena familiar y veía a todo el mundo disfrutando de eso, entonces sentía que era posible que un hombre hiciera un personaje femenino y resultara divertido y la gente lo aceptara.

Y Verónica Llinas hacía el personaje de la chabona que era una marimacho . Son de los mejores actores y actrices. A Urdapilleta lo reconocieron, lo llevaron al San Martín, llegó a ser como Alfredo Alcón y me parece que no es casual que esa actuación tuviera que ver con poner en discusión todo el tiempo los géneros en la escena.

--Yo empecé con el transformismo. Empecé a tomar clases de teatro a los trece años y cuando vine a Capital hice la carrera de actuación en la EMAD y paralelamente seguía en el transformismo que era lo más cercano a componer una femme fatale: noche, show, diva. Eso lo fui modelando, tomando cosas, lo fui lavando, se fue depurando y quedé yo pero también inconscientemente, porque no fue planeado. Me iba dejando las uñas largas porque los fines de semana trabajo, entonces para no ponerme postizos. Me hice la definitiva porque para maquillarme es mejor, sino tengo que afeitarme. Era todo para mejorar mi artista y después lo iba incorporando a mi cotidiano. Pero el pasaje fue del transformismo a la actriz”

Al ser un monólogo todo recae en mí, no tengo compañerxs en qué apoyarme y mi miedo es no darme cuenta si empieza a decaer

La formación actoral, el camino del arte

El tema de la formación actoral es fundamental porque el personaje de Lorena requiere de un trabajo técnico muy exigente y preciso. En los ensayos Felicitas Kamien realizaba una marcación constante y minuciosa que llevaba a imaginar que la actriz y la directora terminaban agotadas. “Al ser un monólogo todo recae en mí, no tengo compañerxs en qué apoyarme y mi miedo es no darme cuenta si empieza a decaer. El trabajo con Felicitas tuvo de bueno que cuando me instalaba en un estado ella me sacaba de ahí con marcaciones e indicaciones en el momento y me ayudó tener incorporado el texto para no cortar, ir a la par y poder modificarlo en la medida en que ella me iba proponiendo. Eso me pareció intenso y súper interesante, muy productivo y me permitió ir transitando las diferentes emociones y sentimientos“.

Ese registro implicaba recorrer con destreza cada momento de esta obra donde Payuca llega a escena desde un estado extremo porque ha ocurrido una catástrofe que ella debe recrear con su actuación, ya que esa escena no se desarrolla ante los ojos del público. “Lo más difícil era la acumulación, no perder lo que iba generando porque por una cuestión física y de cansancio había momentos donde bajaba la energía y no podés, no hay un momento de respiro porque perdés el bagage que venís construyendo, tenés que seguir contando, que la gente se vaya enterando de lo que fue sucediendo“. 

Es una situación en tiempo real donde, en los ensayos, a veces Payuca se dejaba ganar por la angustia del personaje y Felicitas le decía que siempre tenía que mantener una energía medio felina, de diosa al acecho. Felicitas usaba la palabra “pantera”. En la totalidad de la obra se entiende que esa actitud entre seductora y exasperada, urgida por una situación que hay que resolver porque de eso depende su propia integridad, es esencial para el relato. “Es muy fácil instalarte en la angustia pero con todo lo que tiene en su cuerpo no tiene tiempo de estar chorreada llorando. Le pegó la pastilla en el segundo que se le cruzó el alcohol y eso en el trabajo con Felicitas me ayudó muchísimo, me guiaba muchísimo. Como actriz puedo desplegar el abanico. Decir : mirá, tengo todo esto”.

¿Sos más de descubrir el personaje en el proceso que de empezar con algo muy armado?

--Yo me pongo en un lugar muy permeable. Arrancan los ensayos y veo por dónde va a ir el proceso de trabajo. Soy como una hoja en blanco, recibo, cuando ya veo por donde va a ir el trabajo, ahí empiezo a meter mano. No soy de las que dicen esto no me gusta, esto no lo hago. Recibo porque siento que aprendo, que tomo una nueva experiencia y voy conociendo a la otra persona. entonces me voy a dar cuenta por dónde ir. Después de un mes de trabajo puedo pedir cosas pero me gusta ver qué me va a ofrecer la otra persona y cuando llega el momento que descubrí cuál es su modus operandi ahí le digo: me gustaría probar esto.

Ni esta obra ni Don Gil de las calzas verdes pueden interpretarse sólo gracias al cupo travesti, se necesita de un conocimiento y una técnica, de una capacidad actoral que Payuca elabora con constancia y trabajo y que hace a su propia militancia: demostrar que si se brindan las condiciones, las personas trans pueden ganarse sus lugares profesionales por mérito propio.

¿Te ofrecen otros personajes?

--Es un poco mitad y mitad. Por suerte ahora estoy pudiendo decir que no. Cuando me ofrecen un personaje de mujer trans prostituta les digo: "te agradezco, soy consciente que lo puedo llegar a hacer bien pero me gustaría hacer otra cosa". Cuando elijo un proyecto algo me tiene que gustar, o el texto o la directora o el director, o el elenco, o el teatro en el que voy a estar. Si no hay nada de eso, hoy que puedo elegir, prefiero decir que no. Me he visto diciendo que no estos últimos años. En otro momento, si me ofrecían un trabajo, sentía que no podía decir que no.

Al llegar a lugares como el Teatro Cervantes, el San Martín o programas de televisión como Pequeña Victoria, un público que puede estar alejado de estas temáticas o incluso sentir fuertes prejuicios o rechazos tiene la posibilidad de identificarse con las situaciones y conflictos de personas trans y allí se produce un desplazamiento. Ya no ven únicamente una historia sobre trans sino que esa particularidad entra en los códigos de un universal y este es el paso que falta: que la aparición de una persona trans no implique en una ficción un tema en sí mismo, como antes ocurría con el amor gay que se convertía en un conflicto, un tema a desarrollar y hoy es un elemento más de la ficción. “Lo que me pasaba con Siglo de Oro trans”, comenta Payuca “como los personajes se intercambiaban, al principio la gente se preguntaba qué es, una mujer que hace de un hombre, un hombre que hace de mujer y pasaban los minutos y se enganchaban con la historia y las actuaciones y ya dejó de importarles si éramos hombres o mujeres. Se entregaban a disfrutar lo que veían sin importar la identidad de género de los que estábamos arriba del escenario”. Y continúa señalando el paso a seguir: “Que lo que determine todo sea el talento, si te gusta o no lo que hace actoralmente y no juzgar a un actor o actriz por su condición sexual”. Pero Payuca también reconoce que eso implica la construcción de otros contenidos. “Los personajes LGTBQ + en la ficción son muy estereotipados. Siempre hay una villa, protitución, merca. Pequeña Victoria fue una excepción en ese sentido. En una serie o película, cuando aparece el personaje trans está en una esquina vendiendo droga o es una prostituta. Y si, eso es verdad pero también está bueno que se muestran otras historias para que la gente empiece a empatizar, a aceptar y a incluir a la comunidad LGTBQ+. Después de tantos años de rechazo y marginalidad, la sociedad te va dejando a un lado y las ficciones masivas en la tele, las series colaboran a que la gente acepte porque parece que lo que se ve es lo que está aprobado. Si está en una serie o en la tele, entonces se puede aceptar “

Payuca es un nombre elegido para discutir la idea de la diva o la reina propia del mundo del transformismo. Al llamarse Payuca la elección es ser una más, reivindicar ese estatuto pueblerino. Ese nombre lleva a pensar que la igualdad se conseguirá el día en que ser una persona trans no implique algo a señalar, destacar o cuestionar sino que sea un atributo tan cotidiano y simple como cualquier otro. “A mi lo que me resulta muy loco es que las personas LGTBQ+ tengan que salir del closet, tengan que decir qué son” y con esta reflexión Payuca marca un cambio de época “Vos, persona hetero cis, no tenés que explicar lo que sos. ¿Por qué una persona sí o sí tiene que decir qué es a la sociedad? Lo mirás desde afuera y decís: es terrible. Entiendo a quienes tienen la necesidad de reafirmarlo y decirlo pero a mí ¿por qué me quieres encasillar? Quiero ser libre ¿Cómo me llamo? Payuca, actriz.
Apagón.

Payuca en la escenografía que recrea el Gondolín. Fotos: Sebastián Freire.