Otra vez con los adoquines

No hay caso, no hay manera que respeten la ley: el gobierno porteño acaba de volver a infringirla mandando a pavimentar un empedrado, materia más que juzgada una y otra vez. Por razones incomprensibles, el macrismo tiene una intolerancia al adoquinado comparable a la de la lactosa, una repugnancia física. El caso de las fotos ocurrió este martes en Guardia Vieja entre Billinghurst y Sánchez de Bustamante, cuando temprano a la mañana se presentó un camión de una empresa contratada por el ministerio de Ambiente y Espacio Público. Los vecinos se extrañaron y le preguntaron a los obreros qué estaban haciendo y la respuesta es imperdible: que iban a asfaltar los adoquines “para protegerlos”. Como esto es el Abasto, un barrio en la mira de los especuladores y que Larreta quiere convertir en “turístico”, los vecinos son precavidos y enseguida llamaron a Proteger Abasto y a Patrimonio Almagro Boedo. Las ONGs se comunicaron con los comuneros, difundieron el bodrio en las redes sociales y llamaron a los medios. 

Ante el lío, los obreros se fueron dejando un cuarto de cuadra asfaltado por las malas y algunos parches por ahí. Al día siguiente se hizo una asamblea de vecinos en la cuadra arruinada, que fue cuando vieron que la misma cuadrilla con el mismo camión estaba trabajando en Guardia Vieja entre Billinghurst y Mario Bravo. Los vecinos les pidieron que no siguieran y los trabajadores pararon hasta que llegara el inspector. Fue cuando se hizo presente este funcionario que empezó a asomar el mecanismo por el cual se rompe la ley de preservación de adoquinados.

Resulta que existe algo llamado Ente de Mantenimiento Urbano Integral Ley 473, amistosamente llamado EMUI, que depende de Ambiente. Esta cuadrilla en particular estaba asfaltando las bocacalles por pedido de Tránsito para poder señalizarlas. O sea que todo el lío era porque un burócrata quería una superficie lisita para poner las rayas de la cebra... Los vecinos le señalaron al inspector que ya había una cebra sobre el empedrado, que no hacía falta ampliar el asfalto a un cuarto de manzana y que estaban afectando adoquines históricos en buen estado. Final, que la obra se suspendió. 

Todo esto es una muestra de incompetencia burocrática casi espectacular. El gobierno porteño sabe perfectamente que el APH Abasto está por ampliarse, sus propios legisladores participan en el debate, y todas las partes tienen el mapa de empedrados a preservar en la ampliación del Area. Pero un obscuro burócrata en Tránsito sigue algún “plan” y pide por vía administrativa un pavimentado parcial que es recibido y aprobado por otro cagatintas en Ambiente. Y así se pierde tiempo, dinero y patrimonio por ninguna razón en particular, por no enviar órdenes claras desde arriba. Con lo que los vecinos movilizados terminan siendo los inspectores y los salvadores de adoquinados y otros patrimonios edificados de nuestra ciudad.