Las mujeres son en el diseño una minoría que está creciendo. Y que, tal vez por esa minoría, cruzan prejuicios, se dedican con pasión a la disciplina y tienden a destacarse. Sobre todo en la gestión, donde internacionalmente suelen tener cargos de crucial trascendencia como directoras de ferias, salones y bienales. Es el caso de Analía Cervini, diseñadora, investigadora, profesora, actual gerente operativa del Centro Metropolitano de Diseño y una experta en innovación. Doctoranda en Diseño en la FADU-UBA con un proyecto de investigación que construye conocimiento en torno a los laboratorios de diseño e innovación, un tema que ha sido su desvelo desde que se inició en la profesión a través de su experiencia en distintas empresas, consultoría y trabajos de investigación plasmados en varios libros como los de la Colección “Diseño e Innovación para PYMEs y Emprendedores”, entre otros.

Su paso por Italia fue de trascendental importancia para el perfil de profesional que ostenta hoy, como ser investigadora en Philips Design Milán e investigadora-becaria en el Interaction Design Institute Ivrea. Un diseño que bien podría apodarse 5D y ella explica por qué.

–¿Cómo fueron tus comienzos?

–Empecé como diseñadora junior a fines de los ´90 cuando no había trabajo en la industria y no se sabía lo que era un diseñador industrial. Apliqué al único aviso, chiquito, de la empresa Tensocable, entré como diseñadora junior y como éramos pocos me metí en todo: producto, marca, comunicación. Generé las primeras líneas y al poquito tiempo viajé a Italia. Era mi sueño. Yo había hecho un workshop de la Domus Academy cuando era estudiante y ahí conocí a tres italianos entre los que estaba Giulio Ceppi y quedé fascinada. Estudié italiano y me fui a probar a Milán para hacer pasantías no rentadas. Y fue llegar y tener la posibilidad de trabajar con Giulio en su estudio. El estaba trabajando con Philips Design, justo largaban un proyecto de investigación super ambicioso de nuevos escenarios, y me partió la cabeza porque fue trabajar en proyectos a 10/15 años pensando en escenarios futuros, espacios habitables con nuevas tecnologías. Eran equipos interdisciplinarios que tenían desde sociólogos, a antropólogos, psicólogos, tecnología. Era el año 2000, se venían todas las nuevas tecnologías de comunicación e interconectividad, y trabajamos en proyectos de domótica, la casa conectada, y yo trabajé especialmente en el tema de las ventanas como interfases. Idear soluciones a diez años que tenían que ver con las necesidades de las personas. Volver a conectarse con los vecinos, en realidad recuperar valores potenciados con las nuevas tecnologías. La ventana había sido una interfase abierta y ahora era lo opuesto. Entonces se buscaba recuperar esas riquezas.

–¿Qué te gustó o llamó la atención del modo de trabajo?

–Bueno, por un lado, al ser proyectos tan grandes poder contar con fuentes de investigación tan ricas. Tener contacto con profesionales de disciplinas tan diversas como tecnólogos de las distintas carreras. Esos fueron muchos meses de trabajo y al año surge la posibilidad de trabajar en un nuevo centro de investigación en Ivbrea, al norte de Turín, que abría Olivetti en un emblemático espacio remodelado por el estudio Sottsass, de nuevo en nuevas tecnologías en la vida cotidiana. Eligen a ocho investigadores a nivel mundial, ahí aplicamos y nos seleccionaron a mí y mi marido, Juan Kayser. Era 2001, imagínate que no era la situación de hoy con el celular, pero nos adelantamos a esto analizando justamente como interactuar y potenciar la relación con esta especie de cerebro inteligente teniendo en cuenta que la gente iba a perder calidad de relación con su entorno, casa, otros seres humanos, vía pública. Ahí trabajamos un año y medio dirigidos por Ceppi. Vivimos en este pueblito soñado con otros colegas, un lugar mágico. Finalmente eso devino en una publicación que presentaba ocho concepts-design. Y luego regresamos. Oportunidades no faltaron para quedarnos pero nuestra idea fue siempre vivir en nuestro país. Así que regresamos en el 2003. 

 

–¿Cómo fue ese regreso?

–Volvimos trayendo la representación de Total Tool acá, la firma italiana de Ceppi. 

Y por otro lado, Adrián Levendiker, que estaba armando el CMD, nos contactó sabiendo de nuestra experiencia. Para mí fue un antes y después, la experiencia en Italia porque incorporé un montón de conceptos como el diseño estratégico que no manejaba. Además el tema de investigar y publicar, que es una dinámica tan fuerte allá. Todas esas metodologías de investigación. Y me aboqué a trabajar la nuestra, lo que devino en la publicación Identidad Estratégica con apoyo del CMD. Y luego me propone armar el área de investigación y publicaciones, área que coordiné dos años. Hasta que con la llegada de mis hijos decido volver al trabajo del estudio en consultoría que es mi expertise. Siempre tratando de trabajar como hacíamos en Italia en la etapa de metaproyecto.

–¿Por qué volvés al CMD?

–En el 2010 me convocan para llevar adelante una investigación de lo que es el diseño en el marco de un distrito de diseño en Barracas, a nivel territorial y conceptual.  Con el CMD continué trabajando en distintos programas, como el de incorporación de diseño en pymes, así que la vinculación siempre se mantuvo. Y en mayo del año pasado me propusieron la gerencia, tarea que asumí con mucha responsabilidad por el enorme respeto por una institución de la que fui parte desde el inicio. El objetivo es hacer promoción del diseño en la ciudad de Buenos Aires para empujar el desarrollo económico, elevar la calidad de vida de los vecinos e intervenir en todos esos eslabones. Así continuamos organizando la Conferencia CMD, el programa de incorporación del diseño en empresas y el premio que este año decidimos ampliarlo. Bajo el lema “Buenos Aires produce diseño” abrimos a cinco categorías: moda, producto, multimedia, comunicación y espacios. Estamos diseñando una guía de diseño. 

–Siempre hablamos del diseño 3D o hasta 4 D pero ¿qué sería el diseño 5.0?

–Se basa en el concepto de que el diseño no es una acción unidimensional. Es decir, que produce un efecto en una sola dimensión, como puede ser la funcional. Sino que al definir un producto/ servicio, éste tiene incidencia en otras cuatro dimensiones, incluso mas allá de la experiencia específica del usuario. Por ejemplo, si diseñamos una silla, no sólo estaremos ofreciendo una alternativa a la función de sentarse. Sino que a partir de las definiciones de producto en términos materiales, productivos, comunicacionales, innovativos esa nueva silla tendrá incidencia en la experiencia holística tanto de ese usuario, como de muchas otras personas que se vinculan a ésta. Es decir, esa nueva silla no sólo sirve como asiento para quien la usa, sino que también es una oportunidad para quienes la producen, para quienes la comercializan, para quienes aportan sus materias primas, para quienes la observan. Actualmente, vivimos en un ecosistema saturado, y la construcción de valor en múltiples dimensiones, y para una multiplicidad de actores, justifica la existencia, o no, de ese nuevo producto. Es por ello, que la tarea primaria del  diseño hoy es la construcción de valor en al menos cinco dimensiones, siendo éstas para mi, la cualitativa (Poder experimentar experiencias satisfactorias. ¿Cómo es nuestra experiencia sensorial, funcional, de usabilidad, de interactividad de aquello que se diseña?), la estética (ennoblecer el sentido del artificio. ¿Qué simboliza aquello que se diseña? ¿Cuál es su significado? ¿Cómo interactúa con el entramado estético existente? ¿Cómo colabora en hacer más bellos nuestros entornos, nuestras ciudades, nuestra experiencia cotidiana?), la estratégica (Empujar el desarrollo. ¿Cuál es el objetivo económico, social, material, ambiental, empresario que persigue aquello que se diseña? ), la innovación (Crear nuevas realidades superadoras. ¿Cuál es la novedad o el up-grade que justifica la existencia de un nuevo diseño? ¿Cómo transforma la realidad? ¿Qué nuevas soluciones ofrece? ¿Cómo se destaca de lo existente? ) y la de la responsabilidad (Ser solidario con la sociedad y con el planeta. ¿Cuál es la accesibilidad de aquello que se diseña? ¿Cuál es su ciclo de vida? ¿Cuál es su huella de carbono? ¿Cuál es su consecuencia en el plano ambiental, económico, laboral, cultural y/o social?).

–¿El diseño cuesta más siendo mujer?

–En la facultad, desde temprano, respiramos aires igualitarios en cuestiones de género, creo que exceptuando algún antiguo ingeniero prestado de otra facultad en nuestra carrera, el resto era igualdad absoluta para todos. Los gustos, la ropa, las actitudes, las palabras nada era juzgado según el sexo. Distinto fue al egresar de los talleres de diseño a la vida real, entrar en las plantas industriales, hacerse valer frente a un cuerpo técnico casi en su mayoría masculino. De nuevo, hablar con los ingenieros, explicar las necesidades. No voy a negar que el esfuerzo fue siempre el doble siendo mujer para lograr que una innovación se colara en la grilla cotidiana.