El 2023 culminó un período más de caída de los salarios reales en Argentina. Las expectativas a partir de las medidas anunciadas por Javier Milei son de un mayor deterioro salarial para 2024 y los haberes mínimos en dólares se encuentran en las últimas posiciones de la región latinoamericana, lo que contrasta con las primeras posiciones que ocupaban en el año 2015.

Independientemente del nivel del salario, la cantidad de trabajo necesaria para crear un producto es la misma: es que el salario puede ajustarse, y la cantidad de trabajo necesaria para producir, no. La fuerza de trabajo es la única mercancía que se vende –contrata– a un menor valor de lo que produce. El valor que se necesita para producir y reproducir la fuerza de trabajo es el salario, mediante el cual la persona trabajadora repone las energías gastadas en el proceso de trabajo y se reproduce. Sin embargo, con esas energías físicas y mentales –fuerza de trabajo– puestas a disposición del empleador para ser utilizadas en el proceso productivo, se crea un valor que supera al del salario o remuneración.

El salario está socialmente determinado por las leyes laborales, el nivel de organización de los sindicatos y por las condiciones de vida de los sectores trabajadores en cada país. Por el mismo tipo de trabajo, cantidad e intensidad en iguales condiciones de producción, los sueldos pueden ser diferentes en distintas regiones del mundo.

De lo anterior toma vigencia el debate entre estados keynesianos reguladores o gobiernos neoliberales como el que propone el actual gobierno, y también el rol que cumplen las organizaciones sindicales como mecanismos colectivos de contención para el sector asalariado ante el poder asimétrico a favor de la concentración del capital y dado el tipo de relación económica verticalista y de autoritarismo que existe en el mercado laboral.

El salario es una variable nominal, la cantidad de trabajo necesaria para producir un producto o servicio es una variable real y la capacidad del salario nominal para satisfacer necesidades concretas depende de otra variable nominal que son los precios.

Salario: variable de ajuste 

El valor de la mercancía no depende del salario ni de la ganancia. Los que sí dependen uno de otro son el salario y la ganancia, ya que el valor creado por el trabajo se reparte entre estas dos variables de manera inversamente proporcional. Si se reparte más a favor del salario, disminuye la parte destinada a la ganancia empresarial y viceversa.

Como las empresas tienen como objetivo fundamental maximizar sus ganancias, el camino para lograrlo es minimizando el salario, que constituye la variable de ajuste para lograr esa meta de maximización empresarial.

El salario y la ganancia son variables nominales, no crean el valor de los bienes, sino que se reparten el valor creado por la fuerza de trabajo, la auténtica creadora del valor de los productos. La variación del salario o de la ganancia no modifica el valor de los productos ni su precio.

Como definió David Ricardo, pensador de la escuela clásica en su obra Principios de economía política y tributación: “El valor de un artículo, o sea, la cantidad de cualquier otro artículo por el cual puede cambiarse, depende de la cantidad relativa de trabajo que se necesita para su producción y no de la mayor o menor compensación que se paga por dicho trabajo”.

La cantidad de trabajo necesaria para producir una mercancía solo puede disminuir si se eleva el nivel científico y técnico aplicado al proceso productivo; son estos los factores –fuerzas productivas– que pueden causar que se necesite menor cantidad de recursos –incluyendo tiempo y trabajo– para producir las mercancías, haciendo que sean más baratas, competitivas, y permitiendo, a la vez, satisfacer las necesidades con bienes de un mayor nivel de calidad.

Por tanto, la variable de ajuste para maximizar la parte del trabajo que no se remunera –la ganancia– es el salario, que es la parte que sí se remunera.

Desempleo crónico

El mercado de trabajo está signado por la puja distributiva: mientras la parte asalariada procura mayores remuneraciones y alivio en la intensidad y presión del proceso de trabajo, la parte patronal o dueña de los medios de producción avanza en dirección opuesta.

En los últimos años ha persistido la caída del salario real de los trabajadores y trabajadoras, lo que se traduce en que, aun cuando reciben más pesos en sus salarios, pueden comprar menos bienes y servicios y, por tanto, satisfacer en menor medida sus necesidades. Lo anterior contrasta con el crecimiento económico y ganancial de las grandes empresas.

Al disminuir los salarios, puede que no se elimine el exceso de oferta de fuerza de trabajo; en el caso de que se sostenga una oferta de trabajo –energías físicas y mentales de las personas– superior a la demanda de esas capacidades humanas por parte de las empresas, ese posible que el desempleo persista.

Milton Friedman, principal referente de Milei y uno de los principales referentes del liberalismo de la escuela de Chicago e intenso crítico del keynesianismo, hablaba en el pasado siglo XX de “la tasa natural de desempleo”. Cuanto mayor es la cantidad de personas dispuestas a entregar sus capacidades y fuerzas productivas que no son demandadas o requeridas por las empresas, mayor será la factibilidad de rebajar aún más sus aspiraciones salariales. Con el fin de conseguir cualquier clase de empleo, aceptarán sueldos más bajos, pues será la única fuente de ingresos posible al no disponer de capital o medios de producción para generar el sustento.

Carlos Marx abordaba la temática cuando refería a un ejército industrial de reserva formado por una población trabajadora dependiente de un sueldo o salario para la supervivencia, sin posibilidad de otros medios de vida. También proclamaba la necesidad de un ejército permanente de desempleados para el “buen funcionamiento” del sistema de producción capitalista y la acumulación del capital.

Para que se reduzcan los sueldos es muy conveniente que haya muchas personas sin trabajo, desesperadas y dispuestas a aceptar salarios más bajos o de supervivencia con tal de ser tomadas para un puesto laboral. El desempleo es muy eficiente para bajar la remuneración de los trabajadores.

Efecto riqueza

El mercado laboral tiene otra característica distintiva respecto al resto de los mercados neoclásicos: puede que el precio de la mercancía fuerza de trabajo o salario disminuya y que, en lugar de eliminarse o reducirse el desempleo, este aumente. Es decir, aún disminuyendo el precio del trabajo –sueldos– en este mercado, la demanda de fuerza de trabajo por parte de las empresas, que son las que necesitan esas energías físicas y mentales, no logra absorber a todas las personas trabajadoras que están dispuestas a trabajar y entregar sus capacidades al proceso productivo.

Lo anterior ocurre dado que, si las personas perciben un menor salario real y pueden comprar y demandar menos bienes y servicios, las empresas también venderán menos bienes y servicios y reducirán su producción, lo que generará menor necesidad de trabajadoras y trabajadores y, por tanto, aumentará el desempleo, aun cuando el salario haya sufrido un ajuste a la baja. Así se da un círculo y ciclo vicioso que destruye puestos de trabajo.

Las reformas laborales propuestas por sectores empresarios y de la política actual con La Libertad Avanza con los argumentos de necesarias y modernizadora presentan el antecedente de los años noventa, en los cuales también las modificaciones de las regulaciones laborales generaron una caída de los salarios reales. No queda claro, entonces, a quién beneficiaría los nuevos cambios en la legislación laboral, ¿al trabajador o a la patronal?