El interior de la Argentina ha parido grandes cantoras del folklore que le ponen voz a los decires y músicas de cada región. En momentos en que se desalienta la inversión en la cultura popular, es necesario conocer a nuestras artistas.

Leticia Aranda es una música colpeña, formada en la raíz musical del oeste catamarqueño. Nació en Colpes, Pomán, y canta desde los 9 años; en principio con sus hermanas, con quienes conformaban el trío “Las hermanitas Aranda”. Su camino solista arranca a los 15 años en Catamarca, y a los 18 se traslada a La Rioja, en donde desarrolla gran parte de su carrera y formación.

“A veces una piensa que el camino es hacia adelante, pero en realidad es hacia adentro, y de ahí hacia los demás como una luz que se irradia”, desentraña la cantora. “Empecé a jugar cantando. Mi papá les estaba enseñando a tocar la guitarra y a cantar a mis dos hermanas y yo pasaba por ahí como jugando y ellos se dieron cuenta de que yo podía cantar. Cuando vivía en mi pueblo, en Colpes no había internet, pero yo tenía un espíritu muy inquieto y me interesaba saber que tenían la cosas adentro; los árboles, las piedras. Eso y los libros que me regalaba mi mamá que era docente y mi experiencia de escaparme a la siesta a saltar entre las piedras en el corral de mi abuelo, o debajo de las moras del estanque a seguir el rumbo de las acequias, esos fueron los inicios”, describe en un recorrido que parece salido de un cuento.

Vos realizaste gran parte de tu formación musical en La Rioja ¿cómo fue tu arribo a esa provincia? 

“En 2004, a mis 17 años viajaba mucho a la capital de Catamarca donde estaban mis músicos. Ese año gano el pre Laborde para representar a mi provincia. El hecho de llegar a ese lugar y conocer otra gente joven como yo, que hacía lo mismo, me hizo decidirme a no dejar de cantar nunca. Finalmente gané el certamen; yo supe que ese era el inicio de un viaje muy largo. Nunca había salido de mi provincia. Volví a mi pueblo y al año siguiente aterrizo en La Rioja”.

“Cuando llegué a La Rioja encuentro a la Bruja Salguero que era mi cantante favorita sobre la faz de la tierra, junto a Mercedes Sosa. Yo quería tomar clases de canto con la Bruja, y ella me dice que no, que tome clases con Viviana Bognar. Así llegué un día a la casa de Viviana y Camilo Matta; nunca me voy a olvidar del cariño y la mirada atenta cuando yo cantaba. Ahí comencé a tomar contacto con músicos como Monchi Navarro o Palosanto. Con el tiempo tomé parte del Coro de Cámara de Camilo y me hicieron parte del honor de interpretar como solista la Misa Riojana junto a Oscar Huelmo, el Coro provincial de Jóvenes y el Coro Polifónico”.

Vivir febrero

“También recuerdo como algo muy importante haber tomado clases con Andrea Aventurosso. Fue algo maravilloso porque es una de las cantoras que más admiro de La Rioja. También Marcela Reinoso fue otra de mis maestras. Pero existe otra formación del canto popular, que significó haber vivido febrero en La Rioja; un febrero distinto al mío. Colpes es la capital del carnaval, el hecho de haber vivido febrero tras febrero y chaya tras chaya, me despertó una forma del canto que por ahí no responde a la lógica del estudio. Es un canto sencillo, visceral y auténtico, y en mi caso también necesario porque fue muy catártico.

Mi canto en Catamarca fue muy genuino, cuando decido ir por el canto y aterrizo en La Rioja ya era una cantora, mi ser cantora lo viví allá de una manera más consciente de con quiénes estaba, aunque a pesar de eso seguía siendo la niña que saltaba las piedras”, evoca.

¿Cómo acompaña lo que mamaste temprano en Catamarca a la artista que hoy sos?

“Una de las cosas más importantes que tengo adentro es como mamé los carnavales de mi pueblo. Los ritos, tengo imágenes del pujllay paseándose a caballo por el pueblo, tengo memorias de las comparsas que llegaban al pueblo y había algo que me daba mucho miedo que era al diablo, yo corría a esconderme debajo de la cama. También ir a los bailes con mi abuela. Los topamientos en el centro del pueblo, las familias llegando desde los barrios. Toda esa memoria”.


Con su permiso señores

Aquí les vengo a cantar

Traigo un puñado de coplas desde el Valle de Pomán

Cantorcita me han parido

Colpeña de Nacimiento

Soy del Alto de los Pumas

Tamborcito vidalero

La tierra me dio la vida

Al costado del Ambato

Silvestre Flor de los vientos

Va por el cielo mi canto

Me han mandado pa La Rioja

Dis que pa que madure

Y aquí me ven festejando

Sábado, Domingo y lunes


Hoy estás instalada en Buenos Aires, ¿es un buen lugar para crecer como artista?

“Buenos Aires no es una solución para la carrera artística de nadie, no creo que sea el requisito para ser artista. Para mí significa un sueño enorme, es un lugar en donde pasan muchas cosas, se escucha mucha música, convergen muchos sonidos, que vienen de otras provincias. Las músicas provincianas conviven con otras maneras. El tango me voló la cabeza, todo el ecosistema del tango me llamó mucho la atención. El público de Buenos Aires es muy apasionado, en medio del ruido inmenso hay lugares con mucha magia”.

¿Cómo hacés para seguir conectada a la esencia de los lugares que te vieron desde niña?

“Para seguir conectada preciso siempre volver. Siempre me llevo tesoros, me traje semillas de albahaca de La Rioja y de Colpes. Fui a la casa de “Don Mundaca”, don Miguel Calderón, para que me cuente como vivió el febrero en el pueblo. También me traje agua de Colpes y de La Rioja. Me gustaría volver más de lo que vuelvo a Catamarca, me gusta estar en contacto con las cantoras de Catamarca y La Rioja”.

Cómo catamarqueña pero con parte de tu corazón musical en la rioja ¿cómo vivís las chayas de las dos provincias?

“Yo vivo febrero. No puedo decirle solo carnaval o solo chaya, yo transito febrero y en marzo resuelvo lo que se tenga que resolver. Vivo febrero como lo viví de niña. En familia, bailando, viendo quien se disfraza de cura, de guagua. Creando coplas. Me preparo para el abrazo. No lo vivo ni como carnaval ni como chaya, no siento que estoy partida, si no unida por mis dos tierras”.

¿Cómo estás viviendo este momento de crisis para la cultura?

“Inicialmente me golpeó muy fuerte pero no tanto en lo personal, sino que sentir este dolor que es colectivo, porque atenta contra todo lo que amo. Esta locura de cerrar el INAMU, o el Fondo Nacional de las Artes, o desregular la ley de farmacias (Leticia es además farmacéutica), es un atentado contra la tierra misma. Negar el cambio climático, es un ataque muy fuerte hacia la tierra, yo soy una cantora que siempre he llamado a la tierra, lo vivo con mucho dolor. En Buenos Aires se siente todo mucho más fuerte, se ve a las y los jubilados. Que todo se caiga de un día para el otro, es terrible”. 

Proyectos 

“Hoy tengo en mente grabar mis canciones, recibí un fomento del INAMU y estoy invirtiendo en eso, tocando en shows para poder grabar mis canciones. Va a ser la primera vez que estén letra y música mías en las plataformas, composiciones muy ligadas al canto con caja. Y en alguna oportunidad cruzar el charco y conocer el viejo mundo, que forma parte del mestizaje del canto también”.