Compresiones y estructura en Gabelich
Tiempo y espacio entre los cuerpos
Las llaves de Calvari junto a la instalación de Mussano.Las llaves de Calvari junto a la instalación de Mussano.Las llaves de Calvari junto a la instalación de Mussano.Las llaves de Calvari junto a la instalación de Mussano.Las llaves de Calvari junto a la instalación de Mussano.
Las llaves de Calvari junto a la instalación de Mussano. 
Imagen: Andres Macera

Hasta este sábado en Gabelich Contemporáneo (Pueyrredón 611) puede visitarse la exposición Compresiones y estructura, de los artistas Eugenia González Mussano y Marcos Calvari, con curaduría de Clarisa Appendino. Desde las piezas múltiples en la entrada hasta la intervención en la terraza, la curadora reunió las obras en pares, desdibujando la noción de autoría. Son piezas de un conceptualismo lírico que exploran las intuiciones puras: el espacio y el tiempo, además de tender puentes de sentido hacia fuera del mundo del arte, invitando a la reflexión sobre problemas humanos cuantificables.

Los dos artistas provienen de la ciudad de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, donde nacieron a comienzos de los '80. Calvari vive y trabaja en Mar del Plata; González Mussano, en Córdoba. "Casi arquitecto" y músico, Calvari comprimió el libro El hombre mediocre de José Ingenieros a una planilla Excel, la película El arca rusa de Alexandr Sokurov a un video de un minuto, borró un plano de su ciudad natal y reunió 1800 llaves defectuosas para crear una metáfora de los 1800 idiomas del mundo que están por extinguirse: llaves, claves o códigos que se perderán al desaparecer sus últimos hablantes.

Profesora universitaria, docente en talleres de arte y de pensamiento sobre arte y ex coordinadora técnica del taller del espacio de rehabilitación La rampa (Neuropsiquiátrico provincial, 2005), González Mussano colecciona siluetas como las que se usan en pruebas de evaluación psicométricas y las dispone en montajes donde el borrador de la distribución sobre el espacio forma parte de la obra. Además comprimió una cortina de papel para perforarla y luego la despliega ojalillada en una instalación que deliberadamente complica el recorrido del espacio. La frágil y leve materialidad del papel contrasta con las pesadas piedras y las poleas que lo tensan, posibilitando colgarlo en medio de la sala y no en la pared. Pensar los espacios como habitables, en relación con los cuerpos, es la idea.

Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ