Entrevista con Mercedes Soiza Reilly, fiscal del juicio ESMA III
“Se pensó el juicio como una acción reparatoria”
Soiza Reilly reflexiona sobre el rol de la Justicia frente al proceso de memoria y verdad. También advierte sobre las deudas pendientes respecto de la complicidad de los medios de comunicación con el terrorismo de Estado.
El TOF 5 condenó a prisión perpetua a 29 integrantes de la patota de la ESMA.El TOF 5 condenó a prisión perpetua a 29 integrantes de la patota de la ESMA.El TOF 5 condenó a prisión perpetua a 29 integrantes de la patota de la ESMA.El TOF 5 condenó a prisión perpetua a 29 integrantes de la patota de la ESMA.El TOF 5 condenó a prisión perpetua a 29 integrantes de la patota de la ESMA.
El TOF 5 condenó a prisión perpetua a 29 integrantes de la patota de la ESMA. 
Imagen: Leandro Teysseire

Mercedes Soiza Reilly fue fiscal ad hoc del juicio ESMA III, el juicio más importante de la historia de este país. Pero fue además impulsora incansable de esa articulación en papeles y testimonios que puso al descubierto la estructura organizada de la Armada para abastecer de aeronaves y tripulantes los traslados masivos de víctimas para el exterminio, hoy conocidos como “vuelos de la muerte”. La semana pasada, cuando se conoció el fallo del tribunal, Soiza Reilly permaneció en el debate hasta después de la lectura de los alegatos. No llegó hasta el final porque fue afectada a otras tareas en el Ministerio Público Fiscal, pero su paso fue esencial en ese juicio para sobrevivientes y testigos. En esta entrevista repasa algunos pasajes del debate: el rol de la Justicia frente al testimonio de las víctimas, las deudas pendientes sobre los medios de comunicación y la función social de estos juicios históricos.

–¿Cuál es su balance?

–El juicio más grande de la historia judicial argentina llegó a su final. Un final que nos habla de los logros obtenidos, de haber completado un gran desafío y que nos lleva a reflexionar sobre lo complejo de probar, después de tantos años y con tanta información depredada, la estructura criminal que funcionó al servicio del plan sistemático de exterminio dentro del centro clandestino ESMA. Las vivencias fueron variadas, me siento satisfecha por la tarea cumplida, vulnerable desde algunos aspectos que incidieron en lo emocional, pero segura del trabajo encarado por el equipo del Ministerio Público Fiscal, por cómo y cuánto se avanzó en esta reconstrucción. Hoy puedo decir con absoluta certeza, porque lo he vivido, que en las salas de justicia de nuestro país se replica memoria, se construye verdad y se hace justicia. Afrontar este gran desafío representó un gran aprendizaje y, por sobre todo, fue una tarea que debimos encarar con intenso compromiso. Nuestro norte fue acercar a las víctimas y a los familiares, la verdad de lo acontecido y lo logramos.

–¿Cómo vio la sentencia?

–Entiendo que sentencias como éstas vuelven a fortalecer la credibilidad en las instituciones, son un aporte indispensable para fortalecer el sistema de justicia hoy tan cuestionado. Llega en un momento en el que desde algunos espacios se quiere instalar un negacionismo que cuestiona los aberrantes crímenes del pasado. Este proceso, sin duda, representó un antes y un después para todos los que fuimos parte, en especial, para los acusadores. Los relatos de las víctimas y los familiares no pasaron desapercibidos. Y de algo estoy segura: en las salas de juicio los imputados han podido defenderse, ofrecer pruebas, argumentar, confrontar testigos. Han podido ejercer libremente su derecho de defensa de manera amplia. Nuestro país está dispuesto a seguir juzgando estos crímenes respetando todas las garantías constitucionales. Es indispensable que la experiencia de haber realizado un juicio de la extensión del caso ESMA se haga visible en todos los ámbitos tanto a nivel nacional como internacional.

–Usted suele hablar de la importancia del testigo. ¿Qué puede decir sobre eso en relación a este juicio?

–En el juicio, y esto ha sido una constante en todos, los sobrevivientes y los familiares tuvieron la posibilidad de articular con la Justicia los procesos de memoria y verdad que se venían llevando a cabo dentro del movimiento de los derechos humanos y así avanzar en el camino de la reparación. Se pensó el juicio como una acción reparatoria. Los operadores judiciales nos preguntamos una y otra vez qué se hace con lo que se escucha y qué lugar debe asumir el Estado al promover la palabra de las víctimas en contextos judiciales donde se investigan crímenes de lesa humanidad. Y era otro desafío. Si pensamos que sólo el hecho de hablar, relatar, testimoniar frente a los tribunales constituye un hecho reparador, a eso se le suma la dignificación de la palabra. La tarea de la Justicia fue contemplar el marco, el cuidado, el tiempo y se logró trabajando interdisciplinariamente con los equipos de acompañamiento –como el Ulloa—, pero también con los equipos de trabajo de investigación sobre los archivos desclasificados del Estado y con un propósito: garantizar el efecto reparador del testimonio. Lo impresionante del juicio, en ese sentido, es eso: que ese legado permite entonces articular justicia, archivos y testimonios construyendo espacios de reflexión. 

–El alegato pidió reparación sobre las publicaciones que hicieron los medios de comunicación de la época. La sentencia aún no dijo   nada sobre esto.

–A lo largo de las audiencias del juicio ESMA, y en especial traído en el testimonio de los familiares, se advirtió que las noticias periodísticas de los diarios de la época daban cuenta de asesinatos enmascarados en contextos de enfrentamientos. Nos preguntamos qué tipo de información se daba a la sociedad sobre las víctimas y entendimos que las mentiras debían ser revertidas por orden de este fallo judicial. Lamentablemente, fue una de las grandes deudas que dejó la sentencia, pues los jueces no se han expedido al respecto, imagino que lo harán, porque fue un pedido concreto del Ministerio Público. Quiero recordar que el juicio nos permitió reunir una cantidad impresionante de recortes periodísticos y advertimos que la información brindada por los medios de comunicación de la época deformaba y falseaba la verdad de lo ocurrido. Que, durante la última dictadura militar, las Fuerzas Armadas, usando los medios de comunicación, difundieron noticias sobre sus crímenes, y los comunicados oficiales presentaban a las víctimas de los operativos como delincuentes, sediciosos y terroristas. Estos reportes gráficos eran parte de la propaganda totalitaria que tenía una clara intensión: agitar en la población los fantasmas del miedo y del odio, con claras y marcadas intenciones de instalar aún más la división social entre los ciudadanos. Estas conductas, lejos de ser un ejercicio legítimo de la libertad de expresión, fueron conductas proyectadas en consonancia con el plan sistemático de exterminio y fueron parte medular en su concreción. Los militares ejercieron, a través de los medios de comunicación, acción psicológica, con el uso de los medios de prensa deformaron la verdad y mostraron a un enemigo inescrupuloso. Construyeron la idea del enemigo. Por eso, entendimos que había llegado la hora de reparar, de decir la verdad, y que se haga el esfuerzo más tangible para remediar el daño a las víctimas. Dimos por probado que los medios manipularon la información, que mintieron sobre lo ocurrido con las víctimas capturadas o asesinadas de manera ilegal por el grupo de tareas.