El sociólogo e investigador Fortunato Mallimaci analizó el futuro de la Iglesia católica, en la previa al comienzo del cónclave que decidirá al sucesor del papa Francisco, el próximo 7 de mayo.
"Hoy tiene tanta importancia quiénes van a votar en el Colegio Cardenalicio como los grandes grupos de poder a nivel mundial que tienen a la religión, entre ellos al catolicismo, como un espacio de lucha, o como un espacio de apoyo para sus objetivos", destacó Mallimaci en Escuchá Página/12.
En esa línea, se refirió a la visita del vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, al Vaticano, un día antes de la muerte del papa Francisco. "Eso demuestra hasta dónde el gobierno de Trump quiere incidir en la elección del próximo jefe de la Iglesia católica", señaló.
"Hoy, en el siglo XXI, con la crisis de lo político, lo cultural y lo económico, las religiones quizás sean una de las principales legitimidades que los grupos de poder están buscando para continuar con la dominación. Estas discusiones se están dando en el judaísmo, en el evangelismo, en los luteranos de los países nórdicos, en los países del patriarcado y en el islam", continuó Mallimaci, colaborador habitual de Página/12.
Al respecto, se refirió a las posibilidades de los cardenales africanos de acceder a la jefatura de la Iglesia católica. "No hay que olvidar que la mayoría son de segunda o tercera generación de convertidos, donde a veces está muy presente esa identidad normativa, de mantener una identidad, que creen que es la única. En los últimos años Francisco vino diciendo que la Iglesia católica ya no es más la única ni la verdadera. Ahí también hubo un cambio", recordó el sociólogo e investigador.
El discurso de Francisco
Por último, Mallimaci analizó el legado del papa Francisco, y destacó la presencia que tuvo la Iglesia católica en la agenda mediática durante los últimos 12 años.
"Francisco hizo hincapié en algo central, que es la desigualdad creciente a nivel global. Decidió hacer de los pobres, los oprimidos, los descartados, el eje central de su proclama, de su presentación. Y a partir de ahí lo acompañó con una serie de gestos: allí donde había un inmigrante, un desplazado, alguien reprimido, gente que la estaba pasando mal, había un discurso de que son personas que tienen derechos. Y esta palabra, derecho, empezó a ser lo principal de su proclama: vino a América Latina y habló de campesinos sin derechos, cuentapropistas sin derechos, mujeres sin derechos", recapituló Mallimaci.
"Y no solo eso, sino que más importante todavía, y a diferencia de sus antecesores, fue que empezó a decir las causas de por qué no tenían derechos. Y en los últimos años vimos un discurso elaborado, muy fuerte, sobre la responsabilidad de los grupos empresarios, de los ricos, de los grupos financieros, de los productores de armas, en una lógica que viene de larga data en la Iglesia católica, que viene de la tradición, en decir que el mercado, con el cual la Iglesia tiene una disputa de muchas décadas, no es quien tiene que regular esto, y que si hay pobres no es por predestinación porque no supieron emprender sino porque esta lógica del capitalismo neoliberal es una lógica que empobrece. Y que Dios no la quiere: él agregó esa parte. Dios quiere que la gente tenga derechos, tenga tierra, tenga trabajo y tenga felicidad", concluyó.